Cultura

17 marzo, 2021

En el nombre del chopp, el liso y la media pinta

Cada 17 de marzo se celebra el Día de San Patricio. Desde Notas te contamos sobre los orígenes de esta celebración que, aunque recientemente popularizada, hunde sus raíces en las profundidades del siglo V.

Florencia Oroz

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El Día de San Patricio es una festividad tradicional de origen irlandés en la que se conmemora la muerte de Patricius, un misionero cristiano fallecido entre los años 460 y 490 d.C. Patricius había nacido en las cercanías del Muro de Adriano. Esta muralla de 117 km de longitud, ubicada al norte del territorio de la antigua Britania, había sido construida entre el año 122 y 132 d.C. con el objetivo de defender los territorios imperiales de los ataques de las belicosas tribus de los pictos y los escotos que se extendían al norte del muro (cualquier semejanza con Game of Thrones es pura coincidencia), en la región de las actuales Irlanda y Escocia.

A la edad de 16 años, Patricius fue capturado en una excursión de pillaje escota, trasladado al norte del muro y esclavizado, permaneciendo cautivo seis años. Luego, según el propio Patricius en su Confessio, un sueño le anunció que su libertad estaba cerca y que había un barco esperándolo para huir, por lo que decidió escapar y caminar 300 km hasta la costa sur de Irlanda, donde efectivamente encontró un barco, cuyo capitán lo admitió a bordo.

Fue durante sus años de cautiverio y los primeros de su renovada libertad cuando decidió convertirse en predicador del Evangelio. Alrededor del año 430 el Papa Celestino I le encomendó a Patricius la misión de unificar al fragmentado pueblo de Irlanda bajo el manto de Cristo. Así lo hizo, fundando varias comunidades cristianas y un clero local. A partir del respeto por las costumbres y tradiciones propias de sus habitantes, se adaptó muy bien a las condiciones sociales del lugar, cosechando un gran éxito con su prédica. Murió allí mismo, por causas naturales, convirtiéndose tiempo después en Santo Patrón de Irlanda.

Se dice que, ya como predicador en Irlanda, Patricius tuvo que explicar una vez lo que era la Santísima Trinidad. Para que todos lo entendieran, tomó un trébol del piso y explicó que, como aquél, la Santísima Trinidad era una única unidad, aunque compuesta por tres personas diferentes: una hoja era el Padre, otra el Hijo, y la tercera el Espíritu Santo.

Desde ese momento, el trébol de tres hojas, en representación de las tres partes de la Trinidad, pasó a ser símbolo de la Iglesia de Irlanda y el decorado por excelencia para las celebraciones en nombre del Santo.
Recién hacia 1903, por resolución del Parlamento de Gran Bretaña, el Día de San Patricio dejó de ser una celebración exclusivamente religiosa para convertirse en fiesta pública. Luego de la formación del Estado Libre de Irlanda y su separación del Reino Unido en 1922, las celebraciones conocieron un nuevo impulso: San Patricio, a partir de su identificación como predicador irlandés, era un elemento capital para la construcción de una identidad nacional específica para el naciente Estado. Así, el primer desfile en su honor tuvo lugar en la ciudad de Dublín, en 1931.

Sin embargo, fue recién en una época mucho más reciente, a mediados de la década del 90 y por iniciativa del gobierno irlandés, que esta festividad conoció difusión internacional. Por medio de ella, explicaban sus funcionarios, se promovía la imagen de una Irlanda innovadora y creativa, a la vez que se brindaba una oportunidad a las comunidades de irlandeses alrededor del mundo para que se unan a esta celebración y reivindiquen sus orígenes. Las celebraciones del día de San Patricio llegaron, de esta manera, hasta los países de América Latina, entre los que cabe mencionar dos casos que, aunque por orígenes diferentes, fueron especialmente exitosos en la “importación” de esta festividad.

El primero es el de Argentina, en la que destaca la Ciudad de Buenos Aires como uno de los centros mundiales en donde la celebración del 17 de marzo se vuelve más masiva. Siendo Argentina la quinta comunidad irlandesa fuera de Irlanda, esta celebración se desarrolló durante la mayor parte del siglo XX como un evento propio de comunidades de ascendencia irlandesa. Sin embargo, los vínculos identitarios entre ambos países tuvieron a principios de los ochenta un importante impulso: Irlanda fue el único país que apoyó abiertamente a la Argentina en la Guerra de Malvinas. La celebración finalmente se popularizó y difundió definitivamente en nuestro país entre la década de 1990 y 2000, como consecuencia de la mencionada política del gobierno irlandés orientada en ese sentido.

El segundo caso que vale la pena destacar es el de México. Después de Argentina, es el país latinoamericano donde más difundida se encuentra esta celebración, aunque por motivos muy diferentes. Allí la inmigración irlandesa fue prácticamente insignificante; sin embargo, la celebración es también muy extendida. Y es que esta fecha, en la que se resalta y festeja la cultura irlandesa, es utilizada en este país como motivo para recordar la heroica participación del Batallón de San Patricio en la defensa del pueblo mexicano durante la intervención estadounidense en México que tuvo lugar entre 1846 y 1848. Este batallón estaba formado por cientos de inmigrantes irlandeses que desertaron del ejército norteamericano para unirse al mexicano en defensa de su soberanía. Así, la celebración llega a México por canales diferentes, pero también se hace presente con fuerza.

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