Derechos Humanos

24 octubre, 2016

DDHH: «No acompañamos a testigos vinculados con las fuerzas represivas»

Tres integrantes del Equipo de Acompañamiento Psicológico a testigos en juicios por crímenes de lesa humanidad de la provincia de Córdoba, que intervino en la denominada “Mega Causa “La Perla-Campo de la Ribera”, dialogó con Notas. En esta primera parte los orígenes, particularidades y dinámica de un equipo de apoyo fundamental para los testigos.

Notas dialogó con tres integrantes del Equipo de Acompañamiento Psicológico a testigos en juicios por crímenes de lesa humanidad de Córdoba que intervino en la denominada «Megacausa La Perla-Campo de la Ribera», que se inició en diciembre del 2014 y finalizó con la lectura de la sentencia el pasado 25 de agosto.

Es uno de los procesos judiciales más importantes en materia de Derechos Humanos (DDHH) ya que se juzgaron delitos de lesa humanidad previos al golpe de 1976 además de los cometidos durante la dictadura. La causa contó con 44 imputados, más de 700 víctimas (de las cuales 365 están aún desaparecidas o fueron asesinadas) y 600 testigos. Dentro de la misma se incluyen crímenes que se llevaron a cabo en diferentes centros clandestinos de detención de Córdoba: “La Perla”, “Malagueño o Perla Chica”, “Campo de La Ribera”, “D2” (Departamento de Informaciones de la Policía) y diferentes comisarías provinciales.

Dialogamos con Nora Galán, Yanina Petiti y Alejandra Constable. Las respuestas son colectivas.

-¿Cómo estaba conformado y cuándo surgió el equipo?

-Había 10 psicólogos provenientes de diversos ámbitos (universitario, municipal y provincial). La coordinación estaba a cargo de la magister Silvia Plaza y estaba conformado por los licenciados/as Homero Bilbao, Nora Galán, Alejandra Constable, Sandra Zanetta, Virginia Vázquez, Mariano Ricci, Jeremías Miretti y Yanina Petiti, además de la magister Alicia Greco.

El equipo se constituyó para este juicio en particular, pero tiene una trayectoria más amplia que surge en el primer juicio en Córdoba en 2008. Es a partir de la desaparición de Julio López, en 2006, que se evalúa la necesidad y la importancia de armar programas nacionales vinculados a los testigos de juicios por crímenes relacionados con el terrorismo de Estado.

Entonces surgen dos programas a nivel nacional. Uno tenía que ver con garantizar la integridad física de los testigos, para lo que se arman cuerpos de protección dependientes de las fuerzas de seguridad. Y, por otro lado, se forman equipos de acompañamiento psicológico. Si bien es un programa a nivel nacional, cada provincia lo ejecuta de diversas maneras.

-¿Cómo se conformó el equipo en Córdoba?

-En Córdoba se convocó en 2008 a pedido de los organismos de DDHH. Una particularidad que tiene el equipo cordobés es que se decidió que los integrantes sean psicólogos. Cada vez que termina un juicio se desarma y cuando comienza uno nuevo se vuelve a convocar a través del pedido de Tribunales. Se piensa el equipo en función de las características, trayectorias y perfiles de cada profesional pero también por la magnitud del juicio.

Se estableció que los integrantes no fueran familiares de víctimas pertenecientes a las causas del juicio, que no estén vinculados directamente y que no participen de organismos de DDHH, por entender que los organismos son un actor más en los juicios.

Por supuesto, se pensó en que tengan trayectoria en lo que es el trabajo en DDHH, en el abordaje de situaciones críticas, capacidad de poder trabajar en equipo, flexibilidad en el uso de estrategias y marcos referenciales que puedan aportar al dispositivo de trabajo y que pudieran salir del encuadre solamente clínico.  

-¿Qué implica “salir del encuadre solamente clínico”?

-Si bien muchos de los integrantes tienen trayectoria en la clínica, la tarea de acompañamiento también es de intervención comunitaria y eso hace que se tenga otra mirada del contexto, no exclusivamente de lo individual. El objetivo de trabajo con los testigos no es el de un método terapéutico sino que las personas puedan decir lo que quieren en su testimonio en las mejores condiciones posibles. No trabajamos con “pacientes” ni desde una perspectiva de lo psicopatológico, que suele ser en lo que se concentra lo clínico. Nosotros acompañamos a sujetos políticos y sociales que han atravesado condiciones extremas como la desaparición de un ser querido o el cautiverio en un centro de concentración, tortura y exterminio. No perdemos de vista esa posición.

Por eso decimos que el acompañamiento es estar “al lado de”, como una co-presencia, una paridad. Con respecto a lo terapéutico, se había conformado una red de profesionales y si alguien necesitaba apoyo clínico lo derivábamos allí.

Quienes integramos el equipo, en general con distintas trayectorias, tenemos un compromiso social, en especial frente a los DDHH.

-Entendemos que para poder llevar adelante esta tarea es necesaria una sensibilidad particular, ideológica y política…

-Como equipo se tiene una posición pública que es ética, política, ideológica y técnica en lo que hace a acompañar a víctimas del terror de Estado. Por ejemplo, no se acompaña a los testigos vinculados con las fuerzas represivas. Esa fue una posición que llevó muchísima discusión, no en este equipo sino con los que estuvieron en los primeros juicios. Porque en un momento se esperaba que se acompañe a todos por igual desde una posición supuestamente neutral y fue un debate que con muchísimos argumentos se pudo sostener. Además, el equipo siempre ha tenido autonomía con respecto a las instituciones estatales y eso ha sido significativo para definir estas cuestiones.

-Es un trabajo que implica una exposición corporal y personal que hay que resistir para poder acompañar desde el rol profesional sin quebrarse. La empatía puede llegar a niveles muy profundos cuando se escuchan relatos tan extremos. ¿Cómo hacían para “soportar” estos relatos?

-El dispositivo que se estableció para el abordaje con los testigos implicaba el trabajo en duplas de profesionales. Esto tiene que ver con ofrecer al testigo una mayor disponibilidad en cuanto al espacio y al tiempo, porque es el testigo quien dispone, y también con que de a dos se nos hace más llevadera la tarea en cuanto a poder contar con otro en lo que nos atraviesa.

El equipo, en ese sentido, ha sido un sostén. Teníamos una reunión de equipo semanal donde podíamos expresar lo que nos pasaba y sostenernos entre nosotros. No es una tarea que nos pase de largo, también nos afecta. En eso ha sido un dispositivo de trabajo muy bien pensado, reflexionado.

-¿Qué características pueden señalar como específicas de los sujetos que han acompañado?

-En el juicio declararon aproximadamente 580 testigos y acompañamos a un 90% de ellos (unos 10 no pudieron dar testimonio y otros 70 estaban vinculados a los represores). A grandes rasgos, quienes prestaron declaración fueron en su mayoría familiares de personas desaparecidas o fusiladas, sobrevivientes de los campos de concentración, ex presos -ya que algunas cárceles en ese momento funcionaban como campos de concentración- y compañeros de militancia.

A veces acompañábamos a personas que que no eran testigos sino familiares de alguien que sí iba a prestar declaración. Nosotros nos disponemos con el testigo y con sus redes más cercanas, familiares u otras personas significativas.

-Ese acompañamiento implica un proceso, ¿qué momentos tiene?

-En el equipo decimos que hay tres instancias, la del pre-testimonio, la del día de audiencia y la del post-testimonio. Y justamente en esa instancia del post-testimonio se ven los sentidos de ese testigo en la experiencia de haber brindado su declaración. El día de audiencia también algunos compañeros del equipo están atentos a la sala de audiencias, al público en general. Hemos acompañado en algunas situaciones excepcionales tales como algunos homenajes que se hicieron en espacios de memoria y en las inspecciones oculares.

Surgían también situaciones extraordinarias. Por ejemplo, el año pasado encontraron los restos de cuatro personas en la Ochoa. Hablamos con Tribunales y nos ofrecimos para acompañar a los familiares de las otras víctimas que no estaban involucrados en este juicio como testigos.  

-¿Cómo  se identificaban esos pedidos extraordinarios?

-Nosotros acompañábamos a los testigos y si les tocaba hacer la inspección ocular, íbamos. Había cosas que surgían a partir de los testimonios. Así fue como se fue a conocer “La Perla chica”.  

Son espacios que se fueron abriendo a partir del juicio, de los testigos y de los organismos de DDHH.

María Ordóñez – Andrea Nieva

Foto: Romina Guevara

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