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24 octubre, 2016

Florencia Abbate: «El país no funciona sin las mujeres»

Entrevistada por el programa Graves y Agudas (Radio Sur), Florencia Abbate -escritora, periodista e integrante del colectivo Ni Una Menos- analizó el impacto del paro de mujeres del pasado miércoles y contó los detalles de la convocatoria que movilizó a cientos de miles en Argentina y todo el mundo.

Entrevistada por el programa Graves y Agudas (Radio Sur), Florencia Abbate -escritora, periodista e integrante del colectivo Ni Una Menos- analizó el impacto del paro de mujeres del pasado miércoles y contó los detalles de la convocatoria que movilizó a cientos de miles en Argentina y todo el mundo.

– ¿Qué balance podés hacer del paro de mujeres y la movilización del miércoles pasado?

– La verdad es que fue muy emocionante todo porque se organizó en cinco días, lo cual muestra que el movimiento de mujeres está en un momento muy alto de organización y de capacidad de  respuesta. Se decidió el jueves 13 a la noche y se difundió del viernes al martes 18 y la repercusión fue impresionante. Se organizó también en 50 ciudades, en otros países. Lo levantaron los medios masivos.

La verdad es que no podemos más que sentir emoción. Además de la presencia inmensa del movimiento de mujeres hubo muchas personas independientes en la marcha de ayer [por el miércoles 19]. Mi balance es muy positivo porque esto se está instalando en el sentido común de grandes sectores de la población

– Y hacia adentro, para quienes no saben cómo se cocinó esto, ¿cómo decidieron hacer un paro de mujeres?

– Lo del paro de mujeres tenía que ver con darle contenido a la jornada de protesta. Que no fuera simplemente “bueno nos vestimos de negro y estamos de luto por los femicidios”. La intención es siempre poner de relieve que el femicidio es el último eslabón, el punto más extremo, de una trama de machismo que traviesa nuestra vida cotidiana y que proviene de una matriz cultural y económica donde el hombre afirma su poderío.

Entonces la idea de paro permitía visibilizar el aporte de las mujeres a la economía productiva. El lema que se usaba era “si mi vida no vale que produzcan sin mí” o “sin nosotras no hay país”. Hay un antecedente que es interesante, además de la huelga de mujeres de Polonia, que fue un paro que se llamó “un día sin inmigrantes” en Estados Unidos, que lo hicieron para demostrarle a la sociedad norteamericana que los trata como a ciudadanos de segunda, que no les da la residencia y demás, cómo sin ellos la economía norteamericana no funciona. De hecho la economía tuvo pérdidas de millones de dólares ese día.

Lo nuestro fue más simbólico porque obviamente con tan poco tiempo no se podía organizar un paro de todo el día, fue más bien un cese de actividades de 13 a 14. Pero la intención era a través de eso era visibilizar que el país no funciona sin las mujeres: las que trabajan en la casa, las que cuidan a los chicos, las que sirven la comida en un comedor, la empleada doméstica, la trabajadora textil e, las profesionales. Bueno, todas.

Y a raíz de eso también dimos a circular una serie de estadísticas concretas sobre las mayores dificultades que las mujeres tienen para desarrollarse laboralmente y que también entendemos que está vinculado con la violencia de género. Porque, por ejemplo, una mujer que sufre violencia en su hogar y se quiere ir, no tiene los medios económicos para hacerlo porque depende económicamente del marido. Es muy compleja la situación.

Hay gente que dice “y bueno, pero si la mujer lo consiente”: No, no lo consiente, lo soporta porque no tiene otra, porque por ahí vive con los pibes. Entonces nosotras mostrábamos que de hecho el 86% del trabajo doméstico en la Argentina lo hacen las mujeres, muchas de las cuales además trabajan porque ahora tenemos la doble tarea. Mostrábamos también que la brecha salarial es del 27% y en los trabajos precarizados es del 40%.

Que sea del 40% en los trabajos precarizados significa mucho porque quiere decir que a la mujer de bajos recursos, que por ahí tiene hijos, nadie le cubre una guardería o lo que sea y tiene que pagarle a alguien para que cuide a sus hijos. Es decir, va a un trabajo que le paga dos mangos y va a perder la mitad de lo que ganó en la persona que va a cuidar de sus hijos. Entonces, no va a trabajar directamente, porque para qué. Eso la vuelve todavía más vulnerable y más dependiente del hombre que la maltrata.

Teníamos la intención de visibilizar todas estas cuestiones, porque entendemos que forman parte de la matriz cultural machista que atraviesa la sociedad y de la cual el femicidio es una expresión. Pero no queríamos que la marcha fuera solo por los femicidios, sino que entendemos que el problema es mucho más complejo que eso. Que el hecho de que dos tipos crean que pueden empalar a una chica para divertirse es una manifestación de determinada cultura.

– Se abrieron varios debates sobre la jornada de lucha, uno vinculado con el rol de los sindicatos en este contexto político y económico y, dentro de eso, qué lugar ocupan las mujeres y sus reivindicaciones en el sindicalismo argentino ¿Qué opinás al respecto?

– Respecto de los sindicatos quiero decir que es muy interesante justamente porque se resolvió no hacer un paro total porque nos parecía que no podíamos hacerlo sin haber articulado con los sindicatos y eso iba a llevar más tiempo. Pero lo interesante es que esos días empezaron a adherir distintos sindicatos. Primero la CTA Autónoma, después la CTA  de Yasky. Y bueno lo que hicieron las trabajadoras del subte fue maravilloso. Una trabajadora del subte H decía “cuide sus pertenecías pero también a las mujeres que no son sus pertenencias”. Las trabajadoras del subte, las ferroviarias que también adhirieron, SIPREBA, SITRAJU, una cantidad impresionante de sindicatos.

Eso también permitió visibilizar la poca representación de mujeres que hay en la dirigencia de los sindicatos, que también es una demanda importante que desde el movimiento de mujeres tenemos que anotar y que reclamar porque también hace a esto que estábamos hablando. Por ejemplo, las licencias por maternidad en la Argentina son de las más cortas de Latinoamérica, no hay guarderías en los lugares de trabajo, etc. Son reclamos que no aparecen en los sindicatos porque la dirigencia es masculina.

– También se discutió mucho sobre cómo se incluye a los varones en la lucha contra la violencia de género y si tenían que participar o no de la marcha del miércoles.

– Respecto a la participación de los varones no había una postura unificada. En esa reunión del jueves a la noche, si bien la convocamos desde Ni Una Menos, participaron más de 50 organizaciones y en este punto había divergencias. El paro era de mujeres, y en eso todas coincidimos, ahí los varones si hacía falta tenían que hacerse cargo de las tareas: que cuidaran a los pibes o que atendieran el banco, etc. Sí había discusiones sobre la marcha.

Personalmente a mí la idea de decirles a las personas lo que tienen o no que hacer, no me gusta. Creo que una marcha es una manifestación de la lucha popular y tiene que ser siempre abierta, no se puede decir “no quiero que vengan tales sectores a mi marcha”. Me parece que las luchas populares son así, hay diferencia de opiniones. Pero lo importante es que el movimiento de mujeres está alcanzando un punto alto de consenso en los puntos principales y eso le está permitiendo operar de un modo efectivo.

Después puede haber divergencias en puntos específicos pero la unidad más importante en los puntos básicos de lo que se reclama está. Lo de los hombres, en particular, a mí no me gustaba la idea de bajar una línea. Hubo compañeros que sintieron que no tenían que ir, justamente porque adherían a la causa. Yo escuché que algunos decían: “Tenemos que dejar que las protagonistas sean las mujeres y nos quedamos en casa”. Y otros que sentían que sí, que querían estar acompañando aunque sea en un lugar secundario y que esta lucha es de todas y todos. Y un poco es así, en el sentido de que la transformación cultural tiene que ir de la mano de todas y todos. Lo que estamos buscando es una sociedad distinta.

Foto: Lucía de la Torre

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