América Latina

30 septiembre, 2016

«Con Putin cambió la filosofía política rusa y la palabra clave fue multipolaridad»

Mirko Petersen es historiador, politólogo e investigador de la universidad de Bielefeld, Alemania, donde se especializó en la relación entre Rusia y América Latina. Entrevistado por el programa L’Ombelico del Mondo analizó las historia de este intercambio y el acercamiento de los últimos años.

Mirko Petersen es historiador, politólogo e investigador de la universidad de Bielefeld, Alemania, donde se especializó en la relación entre Rusia y América Latina. Entrevistado por el programa L’Ombelico del Mondo analizó las historia de este intercambio y el acercamiento de los últimos años.

– ¿Cómo se podría sintetizar la historia de la relación entre Rusia y América Latina?

– Históricamente no hay relaciones tan fuertes entre Rusia y América Latina. Rusia no tiene un papel importante en toda esta historia de colonización en América Latina. Y por eso uno no piensa demasiado sobre esas relaciones.

– América latina siempre estuvo influenciada o dominada por lo que fue el bloque occidental durante la Guerra Fría, bajo el ala de los Estados Unidos. Sin embargo la Unión Soviética, por ejemplo, compraba trigo a la Argentina. ¿Cómo se ha dado la relación entre Argentina y Rusia en la historia reciente, de siglo XX, y qué cambios encontrás entre lo que fue la Unión Soviética y lo que es hoy la Federación Rusa?

– Primero las relaciones entre la Unión Soviética y los países de América Latina fueron bastante complicadas, incluso con Argentina, porque los países latinoamericanos apoyaron la contrarevolución, las fuerzas contra los bolcheviques en Rusia. Y por eso fue un poco complicado el desarrollo de las relaciones, pero bajo los gobiernos de Hipólito Yrigoyen (1916 – 1922 y 1928 – 1930) y también bajo el de Marcelo T. de Alvear (1922 – 1928) ya hubo ciertas relaciones. Pero después, durante la dictadura de José Félix Uriburu (1930 – 1932) esas relaciones acabaron otra vez y bajo el peronismo se desarrollaron de una manera más fuerte.

Estos imaginarios sobre la Unión Soviética, todo eso del imperio ruso y qué influencia puede tener también en regiones muy lejanas, tuvieron un papel importante. El anticomunismo del peronismo siempre dominaba las relaciones entre ambos países aunque a la Unión Soviética le hubiera gustado tener relaciones más estrechas. Eso no cambió con las dictaduras anticomunistas después del peronismo.

Pero sobre todo a partir de la presidencia de Leonid Breznev, en los años 70, la Unión Soviética quiso desarrollar relaciones desideologizadas con todo el continente, es decir que no le importó tanto cuestionar la hegemonía de los Estados Unidos en la región, querían tener fuertes relaciones económicas. Incluso tener relaciones económicas con dictaduras anticomunistas como la de Brasil y también con la última dictadura argentina.

Es una curiosidad de la historia porque bajo el gobierno de Jimmy Carter en los Estados Unidos ellos presionaban a la dictadura argentina para mejorar su situación de derechos humanos y al mismo tiempo estuvo la invasión de la Unión Soviética en Afganistán, en 1979, y entonces esos dos países, la Argentina y la Unión Soviética estaban bajo la presión de los Estados Unidos. Bajo esta circunstancia se reunieron e hicieron una especie de negocio: la Unión Soviética en la ONU no va a cuestionar cosas acerca de la situación de DDHH en la Argentina y la Argentina no va a decir nada en contra de la invasión soviética en Afganistán. Así se acercaron.

Sobre todo a partir del embargo de los Estados Unidos contra la Unión Soviética del año 1980 se dieron relaciones comerciales bastante fuertes y Moscú se convirtió en el comprador más importante de trigo argentino. Y entonces la ideología no fue tan importante y el comercio sí.

– Desde principios de los 2000 Rusia se ha convertido en una suerte de país aliado para los gobiernos progresistas de América latina, ¿cómo estás viendo esta relación? ¿Cuáles son las relaciones que se mantienen actualmente con la Federación Rusa?

– En los años 90 también pasaron cosas muy similares en ambas regiones, con todos estos ajustes neoliberales. Eso pasó en América Latina un poco antes, pero después Rusia vivió una crisis desastrosa tras la caída de la Unión Soviética y entonces quizás eso también llevó a un entendimiento entre las dos regiones, porque sabían que estos ajustes neoliberales causaban un montón de problemas.

El año 1998 fue decisivo. Empezó en América latina un gobierno de izquierda, con el gobierno de Hugo Chávez y después con otros gobiernos, pero también en Rusia se acabaron las crisis más fuertes porque cambiaron su política económica. Y a partir del año 2000 con la presidencia de Vladimir Putin también empezaron a cambiar su filosofía política. Sobre todo a partir del año 2004, las relaciones con los Estados Unidos y también con Europa tenían ciertos problemas por lo que empezaron a buscar también otros socios en Asia y América latina. Y la palabra clave era la multipolaridad, es decir que los Estados Unidos debían tener menos y se debían crear otros focos de poder. En América Latina sobre todo Brasil, pero también Argentina y Venezuela. Y China, Sudáfrica… Los países que después formaron los BRICS.

Entonces mejoraron las relaciones de Rusia con América Latina, pero no es comparable con las relaciones con China, por ejemplo, porque Rusia, como muchos países latinoamericanos es, sobre todo, exportador de materias primas. Las economías son demasiado similares para tener relaciones comerciales a un nivel muy alto. Sin embargo se dieron posiciones similares a nivel internacional. Por ejemplo, los países del Mercosur no apoyaron la iniciativa en la ONU en el caso de Ucrania y dijeron que no iban a votar al lado de los Estados Unidos. Y ese tipo de cosas fueron posibles con los gobiernos progresistas de América latina en conjunto con Rusia porque tenían opiniones similares a nivel mundial. Pero eso probablemente en este momento vaya a cambiar porque tenemos el gobierno de Macri en Argentina y el nuevo gobierno brasileño de Temer que se van a orientar mucho más a la política exterior de los Estados Unidos.

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