Economía

26 septiembre, 2016

Sturzenegger te la baja: dijo que habrá entre 12% y 17% de inflación para 2017

La inflación de 2017 se ubicará entre el 12% y el 17%, según proyectó el presidente del Banco Central, Adolfo Sturzenegger. Una señal para empresas y sindicatos de cara a la próxima ronda de paritarias. Y un objetivo ambicioso para un año electoral en el que el macrismo necesita reactivar la economía para conservar sus chances hacia 2019.

La inflación de 2017 se ubicará entre el 12% y el 17%, según proyectó el presidente del Banco Central, Adolfo Sturzenegger. Una señal para empresas y sindicatos de cara a la próxima ronda de paritarias. Y un objetivo ambicioso para un año electoral en el que el macrismo necesita reactivar la economía para conservar sus chances hacia 2019.

El presidente del Banco Central de la República Argentina, Adolfo Sturzenegger, presentó las metas de inflación de la autoridad monetaria. Estima que en 2017 estará en el rango del 12% al 17%, del 8% al 12% en 2018 y del 3,5% al 6,5% en 2019.

Eso implicaría una caída sucesiva de casi el 50% interanual de aquí a la finalización del mandato de Mauricio Macri.

Además, Sturzenegger anunció que a partir de enero del año que viene cambiará el principal instrumento de la política monetaria. No serán las Lebac, letras con distintos plazos -entre 35 y 252 días- que emite el Banco Central todos los martes para absorber pesos del mercado financiero sino los llamados pases a siete días.

Luego de la eliminación a las restricciones para la compra-venta de moneda extranjera para atesoramiento y la devaluación de diciembre las Lebac se convirtieron en el producto estrella de la city local. En el primer trimestre del año las letras de corto plazo treparon hasta un 38% anual, y luego fueron descendiendo progresivamente hasta el 26,75% actual.

A partir de 2017 el Banco Central licitará Lebac una vez al mes y no semanalmente, como hasta ahora. Hoy existen 36 tipos de letras, lo que según Sturzenegger refleja “un mercado ineficiente, con muy poca liquidez en cada uno de los instrumentos”.

En lugar de las Lebac se tomará como referencia los pases a siete días, préstamos que obtienen los bancos a una semana de la autoridad monetaria, para garantizarles liquidez. Para Sturzenegger esto “permitirá dar mayor estabilidad y transparencia al mercado”.

Monetarismo

En su intervención el ex secretario de Política Económica del gobierno de la Alianza se mantuvo como siempre dentro del libreto monetarista. En su opinión, la “génesis estructural” del proceso inflacionario de la última década en Argentina se debió a la “dominancia fiscal”. Esto es, la subordinación del Banco Central “a las necesidades del poder ejecutivo”, que implica una emisión monetaria excesiva y la transferencia de recursos del BCRA al Tesoro.

Por eso, el plan del BCRA conjuga una política monetaria moderada con una reducción progresiva de transferencias, que pasarían del 4,4% del PBI en 2015 al 2,1% en 2016 y al 1,5% en 2017.

Dejando de lado el debate sobre cuán independiente debe ser de la autoridad política el organismo encargado de regular la oferta y demanda de moneda nacional y extranjera en la economía, la visión oficial peca de monocausal. Al centrarse en la cantidad de dinero circulante soslaya otros factores que inciden en el nivel de precios. Por ejemplo la existencia de mercados altamente concentrados, restricciones del lado de la oferta y la puja distributiva.

Es que la disparada de precios en la primera mitad de año coincidió con la etapa más agresiva de la política contractiva del Banco Central. Y la desaceleración de la inflación a partir de junio parece haberse dado más por la caída de una demanda golpeada que por la eficacia de los instrumentos oficiales.

Aun cuando se terminen de efectivizar las subas salariales, los ingresos de los sectores trabajadores quedarán rezagados frente a una inflación que se ubicará en 2016 sobre el umbral del 40% anual, lejos del cálculo de 25% que planteó el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay.

Sin embargo, la situación al interior del mundo del trabajo no es homogénea. Algunos sindicatos pactaron acuerdos que van del 30% al 40% anual. Otros firmaron subas por seis meses, entre el 20% y el 25%. Ambos pugnan por reabrir las paritarias, todavía sin éxito. Por su lado, las jubilaciones aumentarán un 31%, y la situación de los trabajadores y trabajadoras informales -que representan un tercio del total- es igual o aún peor.

Un doble desafío

Por eso, con su meta de inflación para el 2017 el BCRA envía una señal a empresas y sindicatos. Una referencia para empezar a discutir.

El macrismo enfrenta un gran desafío: imponer un programa de maximización de la rentabilidad de la cúpula empresaria y legitimarlo socialmente. Las elecciones de medio término serán una parada brava: la estrategia recesiva y la crisis autoinflingida sirven para culpar a “la herencia recibida” pero son piantavotos al momento de las urnas.

Los atisbos de construcción hegemónica del macrismo apuntan más a la dimensión simbólica. Pero se necesitan anclajes materiales, concesiones. Habrá que desempolvar algunos hits populistas. Por ejemplo, ya prorrogaron el Plan Ahora 12 hasta enero y probablemente siga vigente hasta después de octubre.

En ese marco, la meta de inflación entre el 12% y el 17% es un objetivo ambicioso. Podría darse si el rebote es suave y la economía sigue tibia. O si el macrismo logra lo que no pudo ningún gobierno constitucional de 1983 a esta parte: un pacto social entre empresas y sindicatos o, al menos, un consenso mayoritario entre los actores con más peso de ambos lados del mostrador para fijar precios y salarios. Por el momento, parece que ni unos ni otros están dispuestos a ceder: todos quieren revancha.

Mariano D’Arrigo – @mdarrigo

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