Nacionales

16 septiembre, 2016

Contigiani: «Para jugar en serio en el mundo hay que apostar al desarrollo industrial nacional»

Luis Contigiani, ministro de Producción de la provincia de Santa Fe, analizó en esta entrevista con Notas, la importancia de tener un proyecto de desarrollo industrial en la Argentina, el rol de las universidades y el sistema científico-tecnológico e historizó el modelo productivo de las últimas décadas.

Luis Contigiani, ministro de Producción de la provincia de Santa Fe, analizó en esta entrevista con Notas, la importancia de tener un proyecto de desarrollo industrial en la Argentina, el rol de las universidades y el sistema científico-tecnológico e historizó el modelo productivo de las últimas décadas.

En el marco del Congreso “Ingenierías para el desarrollo nacional”, en el que Contingiani -que proviene de la asistencia técnica a la Federación Agraria Argentina y fue asesor del ex diputado radical Pablo Orsolini- participa como disertante, Notas lo entrevistó para indagar en su mirada sobre el modelo productivo, la economía y las necesidades de la Argentina en la actualidad. También analizó en detalle la formación que se brinda en las universidades y los desafíos en esa materia.

– ¿Qué le parecen estas instancias de discusión como el Congreso de Ingenierías para el Desarrollo Nacional?

– El título es muy importante porque vincula para mí un tema trascendente en la Argentina, para los que creemos en la política y la militancia. Que tiene que ver con que el universitario, el profesional, sobre todo el que surge de la universidad pública, frente a su propio país y al desarrollo nacional, porque estamos hablando de disciplinas más técnicas que hacen a la cuestión del desarrollo. Lo mismo podría aplicarse para las ciencias sociales. ¿Cuál es el rol histórico de ese intelectual formado por la universidad pública? ¿Al servicio de qué tiene que estar? Hay que quebrar la tendencia histórica.

En los últimos 20 a 30 años, tanto en las ciencias duras vinculadas a las veterinarias o agronómicas, como las químicas o las ingenierías, estuvieron al servicio de lo que ofrecía el país como modelo económico, sea concentración de la riqueza, extranjerización de la economía, la transnacionalización de nuestro aparato productivo, y todo nuestros universitarios –salvando las excepciones- fueron a bregar a ese juego. Esto nos coloca frente a principios muy importantes que se tienen que discutir en el ámbito universitario: el rol del intelectual y el profesional en un proyecto de desarrollo nacional.

Creo que nuestros universitarios, nuestro aparato científico tiene que estar al servicio del pueblo, de la Nación. Y con una alta vocación de querer transformar su propio territorio. Esto nos deriva también en el tema del conocimiento social. El conocimiento en algún punto no es de nadie y es de todos. Apropiarse del conocimiento mediante patentes y distintos mecanismos es propio de esta última etapa de la globalización, pero el conocimiento es una construcción social. Es ahí donde el universitario tendría que tener una premisa, una orientación para que entienda el último metamensaje de su formación que tiene que ser el compromiso social, técnico, al servicio del país. Para eso tiene que haber un proyecto nacional. Y si no, hay que buscarlo. Pero me cuesta concebir un país que necesita transformar su aparato industrial con una universidad que sigue generando cuadros técnicos para el mercado.

– ¿Qué balance hace del panorama actual en la Argentina en relación a la industria?

– Más allá de reconocer que hubo intentos en los ’80, principios de este siglo, que los puedo valorar y salvar, no alcanzaron para quebrar la tendencia histórica que se inicia a partir del ’76, de fuertísima desindustrialización del aparato productivo.

A partir de ese año se da el último gran cambio en el régimen de acumulación en el país. Después hubo una aceleración en lo que fue la década del ’90. La tendencia del proceso productivo fue extranjerizar, desindustrializar y concentrar el aparato productivo argentino. Cuando uno ve la foto observa: complejo oleaginoso, complejo de alimentos y bebida, complejo petroquímico, complejo siderúrgico muy concentrado, y se acabó la foto productiva de la Argentina. Sobran 12 a 15 millones de argentinos con esa foto.

Y tenemos una estructura altamente primarizada, concentrada en los primeros eslabones de cada cadena. Muy lejos de los segundos, terceros y cuartos eslabones. Argentina tiene que convertirse en un país industrial, jugar un rol importante en el mundo. Pero a partir de una estructura, es decir, un país industrial fuerte que nos ayude a provocar una nueva regionalización e integración territorial de la Argentina. Que nos ayude a impulsar un proceso de inclusión muy fuerte. Una expansión del mercado interno. Industrias realmente competitivas, con vocación nacional, generando una burguesía mucho más fuerte que tenga la ambición de jugar un rol activo en el mundo. Con esta foto actual del aparato productivo argentino no alcanza para jugar ni el partido interno ni el externo.

– Eso comenzó con la dictadura…

– Es lo que heredamos a partir del ’76, cuando se da ese quiebre histórico y sobre todo el régimen de acumulación por sustitución de importaciones llega a su fin, el pleno empleo, la movilidad social, la industrialización de nuestro aparato productivo. Es cierto, nos faltó la industrialización más compleja y de base, más pesada, pero hubo un intento muy fuerte entre la década del ‘30 y el ’76, aún con todas sus contradicciones. Incluso los sectores conservadores tenían esta visión en la Argentina.

Eso queda trunco con la dictadura. A partir de ahí tenemos esquemas de valorización por acumulación financiera feroz, concentración de la economía, extranjerización, perdimos toda la industria base, el acero entre ello. También el transporte, llegamos a perder la energía, cosa que ni Chile, Uruguay ni Brasil hicieron, aún con dictaduras.Nuestra dictadura no fue solo genocida, sino anti nacional y popular. Y en los ’90 se profundizó ese proceso de distribución del ingreso que tiene la Argentina de manera brutal.

– ¿Y en la actualidad?

– Tenemos un aparato industrial débil, un problema crónico de desempleo y pobreza, un mercado interno no integrado ni eficiente, y una Argentina primarizada en su estructura.

Si queremos jugar en serio en el mundo tenemos que hacerlo a partir de un modelo de desarrollo industrial nacional muy fuerte. Para eso se necesita otro Estado. El Estado fue reformado en lo ’90 y lo pulverizaron. Necesitamos tener el crédito que tiene Brasil para la economía real. Recuperar el crédito para el desarrollo, no para la timba financiera. Necesitamos todo el aparato científico dispuesto a dar este partido, a sus cuadros universitarios. De lo contrario vamos a tener pobreza estructural, desempleo estructural y vamos a tener muchos países diferentes adentro de la Argentina y va a sobrar mucha gente.

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