Cultura

19 abril, 2016

A la hora de la siesta

«Yo no duermo la siesta» es una obra dirigida por Paula Marull que  se presenta  los miercoles a las 21hs en el Espacio Callejón. La cumbia rompe la siesta y un grupo de mujeres decide los destinos de una casa, lidiando con la cotidianeidad, los trabajos y los amores de pueblo. Una historia que toca vividamente el tema de la infancia, los juegos y la fantasía.

En Yo no duermo la siesta, obra dirigida por Paula Marull, actúan María Marull, como Dorita, la empleada, y Sandra Grandinetti, como Hilda, su empleadora, quien tiene un hermano de cercana edad pero con un retraso madurativo (Aníbal, interpretado por Marcelo Pozzi). Rita es una simpática adolescente coloradita, hija de “la patrona” de la casa. Pero en el hogar no estarán solos.

Al esquema familiar se irán sumando Micaela Vilanova, como Natalí, amiga del pueblo de Rita que permanece como invitada por tiempo indeterminado, y Ezequiel Rodriguez, como el hijo de Cacho que tiene un mensaje importante para Doris.

Un patio con sábanas colgando, una pieza, una cana, un living comedor y la vereda. En esta casa transcurre esta historia que tiene como protagonista a un duo intenso. La escenografía realista muestra una casa simple sin grandes lujos, en la que conviven los personajes de esta historia que toca muy vividamente el tema de la infancia, el universo de los juegos,  la fantasía y la imaginación, la posibilidad de entrar en otro tiempo.

La obra comienza y nuestra mirada se dirige a la cara triste de Doris, pronto escuchamos al hijo de Cacho que se quiere colar por atrás de la casa. Pronta la mañana se toma mate en la vereda, la señora de la casa, Rita, manda a Doris, mientras intenta conversar con su hermano Anibal quien percibe el mundo con una óptica muy especial.  Y una moto que va y viene frente a la casa. La señora se va y, aunque Doris sabe poner limites a un Aníbal a quien trata como un niño y a las chicas, comienza el descontrol infantil.

La hora de la siesta se presenta como el momento ideal para comenzar con los juegos. La sirena y el río realizarán un videoclip con gran despliegue de producción creativa. Mientras Doris busca momentos de paz a lo largo de la obra, lo que parece imposible, su trabajo pareciera no tener descanso con las chicas y Anibal, con las exigencias de su empleadora y con sus problemas del corazón. El hijo de Cacho tiene algo importante para decirle y llegará casi hasta la locura para poder hablar. No sin antes recibir consejos de amor de una adolescente que puede hacer magia con una varita y nos invita a echar un vistazo en en algún instante de tiempo detenido y quizá onírico, un instante de amor.

La cumbia atraviesa el relato, activa al espectador y permite hacer cortes e introducirnos en nuevos climas. Cumbia romántica, cumbia agitante, cumbia de pueblo. Ese pueblo al que la invitada quiere “superar”… Ella no duerme la siesta, como se hace en la ciudad, en que la gente hace cosas importantes, trabaja.

Natalí entra en escena vestida de hada princesa, toda de rosa, zapatos blanco 3 o 4 talles mas grande que el suyo, una varita llena de collares. Sueña con tener una casa en Disney, ser la Sirenita y tener un amor romántico. La heteronormatividad de aquellos deseos rosados de encontrar un príncipe y la búsqueda de ese amor entran en contraste con el motor de esta casa que son sus mujeres, capaces de guiar sus destinos sin ningún varón.

Milagros Mateos

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