Nacionales

14 marzo, 2016

“Los intentos de la Iglesia por ocultar los casos de abuso sexual no son algo nuevo”

Segunda parte de la entrevista a José Dumoulin, ex-cura párroco de la iglesia Santa Rosa de Lima de Villaguay, Entre Ríos, quien hace años denuncia los casos de abuso sexual que ocurrieron dentro de la institución y la complicidad del arzobispado. El caso de Marcelino Moya, ex-vicario de la iglesia Santa Rosa acusado de abusar de dos adolescentes durante la década del 90.

Segunda parte de la entrevista a José Dumoulin, ex-cura párroco de la iglesia Santa Rosa de Lima de Villaguay, Entre Ríos, quien hace años denuncia los casos de abuso sexual que ocurrieron dentro de la institución y la complicidad del arzobispado. En esta ocasión, se refiere al caso de Marcelino Moya, ex-vicario de la iglesia Santa Rosa por haber abusado de dos adolescentes durante la década del 90.

Luego del cambio de arzobispo en Paraná, en 2010, los únicos dos sacerdotes que siguieron insistiendo ante la Justicia para que avanzara la causa Ilarraz, hablaron con la prensa y acompañaron a los denunciantes, fueron José Dumoulin y Leonardo Tovar. Estas actitudes no les granjearon precisamente el apoyo de sus pares, ni el contento del nuevo arzobispo, Juan Alberto Puiggari, quien, en 2013, decidió trasladar a Dumoulin a Villaguay para que cumpliera la función de párroco de la iglesia Santa Rosa. Allí el «padre Pepe» (como lo llamaban cariñosamente los fieles) continuó fogoneando la causa Ilarraz y hablando con los medios en Paraná, hecho que finalmente no pudo pasar desapercibido en su nueva comunidad.

“El 20 de mayo del 2015, me acuerdo la fecha y todo porque justo era el día de aniversario de mi ordenación sacerdotal, viene una chica que me dice: ‘Padre, quiero hablar con vos’, y entonces me dice que su hermano había sido abusado por Moya”, contó Dumoulin a Notas, sobre su primer contacto con este segundo caso. “Ella se pone a llorar, estaba muy mal por lo que le había pasado al hermano, ella no sabía nada. Todo esto salta, claro, veinte años después. Así que le dije: ‘Decile a tu hermano que venga a hablar conmigo».

A partir de ese momento, Dumoulin puso en contacto a las dos víctimas con el Procurador de la provincia, quien decidió poner en marcha el proceso para que los dos jóvenes pudieran prestar declaración. Al mismo tiempo, los conectó con un periodista de la revista Análisis, que les realizó una entrevista para que pudieran dar a conocer su historia y que el hecho se hiciera público.

– ¿Cuál fue la reacción del Arzobispo frente a este nuevo caso?

– El obispo cuestionó que hayamos llamado a los medios, me preguntó por qué tenía que ser de esa manera. Y bueno, porque es de la única manera en que podemos encontrar respuestas. Vos fijate que a partir de la publicación y a partir de la denuncia que se realiza en la justicia, recién ahí, por decantación, toma intervención la Iglesia y abre una causa interna, que es lo que corresponde con un caso así.

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Los intentos de la Iglesia Católica por barrer bajo la alfombra los cientos de casos y denuncias por abuso sexual no son algo nuevo, y con los cometidos por Moya en Villaguay no parece ser la excepción: a pesar de las denuncias en su contra y de que el propio Arzobispo apartó al cura acusado del ejercicio sacerdotal en la parroquia de Segui (donde había estado los últimos diez años), poco se hizo para ponerse en contacto con las víctimas. El Arzobispo ha incluso manifestado públicamente su malestar por lo que él llama “una campaña mediática contra la Iglesia”, hecho por el cual fue increpado por varios fieles e incluso por una de las víctimas y su familia en una misa de fin de año en la Parroquia Santa Rosa, en Villaguay.

«Sí, él dice que es un ataque de los medios contra la Iglesia, pero acá no se trata de la Iglesia, acá se está tratando de que haya justicia y la única vía que se encontró para hacer marchar la cosa fue la mediática», argumentó Dumoulin. Y continuó, refiriéndose a las posturas que muchos de sus ex-colegas u otros integrantes de la Iglesia han adoptado: «Muchos confunden también la cuestión del delito con el pecado, una cosa que yo siempre me ocupe de remarcar: acá hay un delito, también hay pecado, pero es un delito, entonces tiene que intervenir la Justicia».

«Yo lo puedo perdonar -planteó el ex-párroco- pero no lo puedo eximir de la responsabilidad social, de la responsabilidad judicial porque no me compete, no es mi ámbito, tiene que intervenir quien corresponde, porque si no yo soy cómplice, yo estoy encubriendo. Uno es de alguna manera una persona pública, esto no pertenece al ámbito de lo privado, nosotros tenemos una responsabilidad social también».

Dumoulin sostiene que, al igual que en el caso Ilarraz, aunque quizás con menor precisión, la cúpula eclesiástica de Paraná ya conocía el caso de Moya, pero que la investigación interna dentro de la institución y su apartamiento de la parroquia recién se ordenaron cuando el caso salió a la luz.

– La investigación interna dentro de la Iglesia normalmente es más rápida que la judicial, ¿piensa que se está dilatando deliberadamente?

– Da la impresión de que no terminan de tomar conciencia de la gravedad, de lo que significa este tema. No se dan cuenta del dolor de las víctimas, no se ponen en el lugar de ellos, de lo que estos chicos han sufrido, por qué pasa que recién después de veinte o treinta años pueden hablar, porque sólo en ese momento pueden ponerlo en palabras.

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El año 2015 fue un año muy difícil para Dumoulin, con varias discusiones con el Arzobispo y con poco apoyo de parte de sus colegas, lo que lo llevó a solicitar un año de licencia de la práctica sacerdotal, mediante una carta a Puiggari donde, en duros términos, hizo públicos los motivos por los cuales se alejaba de la parroquia.

«Fue una acumulación de cosas. Encima acá, a nivel parroquial, se generó una fractura, con dos posiciones: quienes defendían al obispo y veían que todo lo que estaba haciendo estaba bien y los otros que decían que no, y yo no quiero ser quien promueva la división en una comunidad», contó.  Por otro lado, suma que ha quedado «prácticamente excluido» del resto de los curas. «Hay gente que no me da ni cinco de bolilla: hay muchos que están de acuerdo pero no se van a jugar, hay otros que están totalmente en contra y otros que están también en una situación irregular, que fue el planteo que yo le hice al obispo».

Dumoulin plantea: «Es necesario un sinceramiento de la Iglesia, hay que sacarse las caretas». «Está lleno de situaciones irregulares o directamente delictivas, entonces, ¿qué es lo que se está predicando? Acá todo el mundo sabe las cosas que pasan pero nadie las dice».

La sociedad de Paraná siempre ha sido una sociedad muy conservadora, y su Iglesia no es la excepción. Dumoulin explica que es muy difícil manejarse cuando se concibe a la religión de una manera muy distinta: «Hay varias corrientes dentro de la iglesia: estamos los que tenemos otra mirada, otra manera de vivir el apostolado y de compartir las enseñanzas de Cristo, que no pasa tanto por lo institucional o lo formal, sino más bien por el estilo de vida, tratar de ser transparente, libre, mostrar a Cristo de una manera sencilla». «Hay gente que está en desacuerdo, sobre todo en Paraná que es una sociedad muy tradicional, de derecha, en la que la Iglesia sigue teniendo una línea dura, en la política también, muy vinculada al Ejército, por ejemplo», asegura.

– ¿Piensa volver a ejercer como sacerdote al final del año de licencia?

– No sé, uno queda totalmente desilusionado, devastado, uno puso mucha pila y energía para hacer un montón de cosas y queda todo ahí, inconcluso. Es muy frustrante, porque en general a las víctimas de abuso nadie les cree, y en este tipo de casos menos todavía. Lo que yo no puedo entender es que los curas, personas que supuestamente están preparadas para entender el dolor de la gente, queden insensibles frente a algo tan grave, tan horrible.

Marcela Alemandi

Foto: entreriosahora.com

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