Cultura

21 octubre, 2015

El miércoles se queda corto: Cuesta abajo

En Notas – Periodismo Popular entendemos que, en los tiempos que corren, no siempre se dispone de dos horas para ver una buena obra cinematográfica. Por eso te acercamos, semana a semana, los mejores cortometrajes al alcance de un click. Hoy: Cuesta abajo, de Israel Adrián Caetano.

En Notas – Periodismo Popular entendemos que, en los tiempos que corren, no siempre se dispone de dos horas para ver una buena película. La realidad es que no hace falta tanto tiempo para ver qué historias tienen para contar realizadores de todo el mundo y por eso te acercamos, semana a semana, los mejores cortometrajes al alcance de un click. Hoy: Cuesta abajo, de Israel Adrián Caetano.

“Antes las distancias eran mayores porque el espacio se mide por el tiempo”, dijo Borges alguna vez. Sin dudas es llamativo el proceso creativo que tuvo Israel Adrián Caetano a lo largo de su carrera. Mayormente reconocido por haber sido de los primeros en trazar el neorrealismo primigenio del Nuevo Cine Argentino con su Pizza, birra y faso (junto a Bruno Stagnaro) a fines de los ’90, pocos tuvieron contacto con uno de sus primeros trabajos, más cercano a un realismo mágico de pura cepa cortaziana.

Luego de cargar nafta en una estación de servicio, el chofer de un camión que transporta pollos enjaulados retoma la larga ruta que lo separa de su destino. El camino se presenta como extenuante frente a sus ojos, pero sin dudarlo continúa de manera firme. Su única compañía es un tango.

Al corroborar su ubicación en el mapa, ve a un costado del pavimento el cartel que señala el kilómetro 840. Prende un cigarrillo y todo es despejado en el cielo como en el camino. A un costado, aparece el cartel que señala el kilómetro 840.

Lo que parece un error gramatical es el recurso con el que hábilmente nos atrapa el director de tanquecitos como lo son Oso rojo o Crónica de una fuga. Recién salido de la Fundación Universidad del Cine, Caetano ya escapaba a varios de los vicios con los que se encuentra un recién empezado en el oficio.

Alejándose de las situaciones unilaterales propias de las historias con pocos o un simple personaje, el director introduce lo extraño en un entorno cercano para cualquier espectador. Naturalmente, el mandato del neorrealismo argentino de filmar donde y como sea es lo que potencia el relato de este personaje que se encuentra una y otra vez con el carpentiano cartel del kilómetro 840.

A medida que pasan las horas y el camino se hace más y más inabarcable, el conductor siente en su nuca el terror que aparece a plena luz del día y, a falta de un sujeto que encarne la amenaza, es la rutina lo que lo persigue como una presa incauta. El cartel aparece una y otra vez. A pesar de que el cuentakilómetros crece de manera continua y desesperante, el paisaje se presenta repetido hasta el hartazgo. Frente al fin, el conductor decide tomar una decisión extrema.

La novedad que supo introducir Caetano a principios de los ’90 fue el sacar el terror de las grandes ciudades y llevarlos a la periferia. Este ambiente, generalmente presentado como lugar propicio para el reencuentro con un probable origen, en Cuesta abajo se presenta como jaula inexorable.

Más tarde pilar fundamental del realismo cinematográfico, Caetano en 1995 se presentaba como arquitecto del más sutil realismo mágico.

Iván Soler – @vansoler

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