Nacionales

21 octubre, 2015

Diego Valdez: una vida con la historia a cuestas

Diego Valdez es vecino y referente de la comunidad Mocoví en el barrio Ruta del Sol, localidad ubicada en El Peligro, partido de La Plata. Como trabajador de la economía popular en tiempos de neoliberalismo e hiperinflación, fundó la cooperativa El Progreso. El próximo domingo su nombre estará en el cuarto oscuro, ya que es candidato a concejal de la capital bonaerense por la lista de Patria Grande.

Diego Valdez es un vecino y referente de la comunidad Mocoví en el barrio Ruta del Sol, localidad ubicada en El Peligro, partido de La Plata. Como trabajador de la economía popular en tiempos de neoliberalismo e hiperinflación, fundó junto a su padre, hermanos y compañeros de vida, la cooperativa El Progreso, que limita con su barrio. El próximo domingo su nombre estará en el cuarto oscuro, ya que Diego es candidato a concejal de la capital bonaerense por la lista de Patria Grande.

El Peligro es un lugar silencioso en el cual se puede apreciar el canto de los pájaros por la mañana temprano, y las estrellas en el oscuro cielo, horas después de la caída del sol. Es de esos lugares contradictorios en el que se pueden disfrutar cosas bellas como la tranquilidad del campo, pero que a la vez la población está sometida a los rasgos más visibles de la pobreza y la exclusión; a esperar el 215 vía La Plata que pasa cada una hora -cuando no se atrasa-; al trabajo de changarines; al mate dulce y galletitas secas.

Diego Valdez llegó a El Peligro hace 30 años, luego de decidir que no quería trabajar más de un lado para el otro, de quinta en quinta, de changa en changa. “Yo no quería que mis hijos pasaran lo mismo que pasamos nosotros. Le puse punto final a eso”, dispara convencido.

Nació el 22 de octubre de 1957 en Margarita, comuna perteneciente a la localidad de Vera, provincia de Santa Fe. Diego, de tradición quintera, trabajó gran parte de su vida en las quintas santafesinas, pero siempre buscaba interesarse en más cosas que pudiera aprender, porque como “nosotros somos personas de bajos recursos, necesitamos un oficio porque para nosotros no existe la chance de estudiar”. Quería abrirse camino. Es herrero, albañil, quintero y carpintero. Es de esos tipos que se “da maña” para todo, que lo que toca lo hace bien y así mantiene la confianza en quienes lo contratan.

Tanto es así que su hijo menor, Víctor, no hay momento en el que no le agradezca por sus enseñanzas: “Cuando era pibe mi viejo me explicaba cómo manejar las herramientas, cómo hacer todo tipo de trabajos”. “Si no sabía se aprendía. Aprendí mucho de él y como siempre me faltaba laburo la gente me llamaba para que trabaje con lo que él me enseñó. Le debo todo a él”, explica en tono agradecido y con mirada fija a su padre.

A finales de la década del 80 Diego Valdez conoció a un hombre del que no mencionó su nombre, pero que dice que le debe todo. “Me dijo que había que formar una cooperativa, me explicó lo que significaba, la parte legal, y sobre todo que había que trabajar conjuntamente con un compañero y no defraudarlo”, explica mientras agrega azúcar a uno de los primeros mates de la mañana. Entendió que no es rico aquel que tiene plata. Es rico aquel que se preocupa por el prójimo.

Diego -como gran parte de las clases populares de Argentina- vivió momentos muy difíciles en la década del ’90. Consiguió trabajar en las cooperativas municipales que se crearon bajo la intendencia de Julio Alak en la ciudad de La Plata, donde se dedicaba a tareas de barrido y limpieza.

Mientras tanto, utilizaba los fines de semana para trabajar, junto a su padre, hermanos y compañeros, en el emprendimiento cooperativo que hoy lleva el nombre de El Progreso, tiene 30 empleados y realiza trabajos para empresas de diferentes rubros. “Ahora que la cooperativa está formada con todo lo necesario, uno lo ve como si fuera una nada. Siempre vas a contemplar una flor, cómo está trabajada, pero no sabes qué hubo detrás de eso, quién la cultivó. La riqueza es pensar también en el que trabaja”, sostiene Diego.

“En vez de estar con la familia los fines de semana, nos veníamos a trabajar acá. Ese sacrificio hizo que hoy tengamos este edificio hecho y los otros dos por terminar”, comenta. “Después logré hacer trabajos para empresas y la cooperativa hizo que yo sea mi propio patrón”, remata.

La pérdida más grande

A los 44 años Diego Valdez perdió a su compañera, Olga Vázquez, mujer y militante social. Ambos se habían sumado al Movimiento de Unidad Popular (MUP) en pleno auge de los cortes de ruta para exigir mejores condiciones de vida para las barriadas populares.

“Cortábamos acá la ruta 2 y conseguíamos que nos bajen subsidios para la gente”, recuerda Diego. Su hija Débora falleció 15 días después, al igual que Olga, por hantavirus. En homenaje a su compañera de vida y a su familia, los y las militantes del MUP decidieron ponerle el nombre de Olga Váquez al naciente Centro Cultural ubicado en las calles 10 y 60 de la ciudad de La Plata.

“Viví dos sepelios en un mes, con 15 días de diferencia. No era fácil enfrentar eso. Y yo decía ¿por qué pasa esto?”, lamenta Diego .

Diego y Olga se conocieron de muy jóvenes en Santa Fe, vivían el uno para el otro. “Era una persona única y yo viví para ella”, se emociona. Si existen recuerdos de su militancia en los cortes de ruta a la par de su compañera Olga, uno es el que se deja entrever desde uno de los puntos de la cocina y se encuentra en su pieza, colgado de la pared: la primer bandera del MUP Barrio Ruta del Sol, para identificarse en los cortes y que la gente viera quiénes eran los que reclamaban.

“Esa bandera es la primera, la del comienzo”, esgrime entre risas de orgullo.

“Si tuviera que definir a Diego Valdez en pocas palabras, diría que es un optimista de la vida. Conozco su historia hace muchos años y le tengo mucha admiración”, cuenta Leandro Amoretti, candidato a intendente de La Plata. “Hace mucho tiempo que milita, que participa en distintas organizaciones sociales, que defiende a su comunidad y que se reivindica como un cooperativista y un trabajador de la economía popular y la verdad que eso le otorga muchísimos méritos para ser parte de la lista de Patria Grande y para ser parte de nuestra organización”, agrega.

Amoretti suma que es un tipo con mucha persistencia por cómo enfrenta su enfermedad y cómo disfruta de su familia.

”Con cada vecino que hablé siempre le dije lo que pensaba. Ahora estamos pensando en alargar el recorrido del 215, que llegue hasta Alpargatas y que entre en la escuela. Los vecinos se tienen que dar cuenta que eso es útil, y saber que el barrio tiene necesidades y hoy el delegado no les da pelota”, cuenta Diego, quien constantemente tiene proyectos en mente para su barrio, su familia y su gente.

Diego se siente cambiado, porque va a encarar otra cosa de todas las que encaró en su vida: el desafío de, si los resultados acompañan el domingo, ser concejal.

Marcos Lede Mendoza

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