Medio Oriente

20 octubre, 2015

Egipto y el espejismo electoral

En medio de la convulsionada etapa que está atravesando la región, el fin de semana Egipto celebró la primera fase de las elecciones para representantes en el Parlamento, momento postergado desde el golpe militar que vio ascender al actual presidente, el mariscal Abdel Fattah Al-Sisi.

En medio de la convulsionada etapa que está atravesando la región, el fin de semana Egipto celebró la primera fase de las elecciones para representantes en el Parlamento, momento postergado desde el golpe militar que vio ascender al actual presidente, el mariscal Abdel Fattah Al-Sisi.

Sin embargo, el país se encuentra lejos del clima de entusiasmo que abrazó a “las primaveras democráticas”. El desencanto y el ausentismo priman en una elección donde, en medio de la censura y los llamados al boicot, ninguna fuerza opositora parece lo suficientemente motivada u organizada para validar lo que ven como una “dictadura con maquillaje democrático”.

Las elecciones darán forma a la Casa de Representantes por primera vez desde que la Justicia dispusiera su disolución en 2012. Se encuentran organizadas en dos etapas por separado, estando programada la jornada final para noviembre. Con cerca de cinco mil candidatos, se elegirá a un total de 556 representantes, 448 correspondientes con candidaturas independientes sin filiación partidaria, 120 pertenecientes a listas partidarias y 28 bancas más que serán nominadas por el poder Ejecutivo.

Pese a la promoción del gobierno, al anochecer del domingo 18 de octubre, la participación registrada por medios nacionales e internacionales apenas superaba al 10% dentro de una población cercana a los 90 millones de habitantes con 55 millones de votantes registrados. Las nueve listas aceptadas para participar son afines al gobierno y validaron públicamente el golpe de 2013. Incluso, mientras muchos de los referentes políticos que salieron a la luz durante la rebelión de 2011 que terminó con los 30 años de dictadura de Hosni Mubarak se encuentran ausentes, proscriptos o presos, muchas figuras del viejo régimen han regresado a ocupar lugares en el actual gabinete o en las listas postuladas.

A esto se añaden las denuncias por corrupción, que llevaron en las últimas semanas a la renuncia del ministro de Agricultura, Salah Helal, y recientemente del primer ministro, Ibrahim Mehleb, vinculados a sobornos y desvíos de fondos en concesiones a grandes empresas de la construcción.

El gobierno ha hecho de la inversión en infraestructura y los grandes proyectos urbanos una señal de su capacidad para hacer regresar la estabilidad económica.

Todo preso es político

En medio de un gigantesco operativo de seguridad, y con la sombra de la insurgencia armada vinculada al Estado Islámico llegando a golpear en el corazón de las grandes ciudades, las elecciones se desarrollaron en un clima de férreo control sobre el espacio y la opinión pública. El recrudecimiento de la represión alcanzó a los más diversos sectores de la sociedad egipcia, propagando la apatía hacia el proceso político por un gobierno que se muestra igual o más duro que el del ex dictador Mubarak.

El gobierno se ha amparado en el discurso de la lucha contra el terrorismo y las ansias de estabilidad de buena parte de la población para endurecer las medidas de control social y censura.

La principal fuerza de oposición en cuanto a tamaño y capacidad de movilización, la Hermandad Musulmana, se encuentra proscripta y su dirigencia encarcelada, y la cifra de muertes en hechos represivos supera los varios cientos.

Con el fin de dejar en claro que su gobierno ejercería cero tolerancia hacia todo factor de desestabilización, buena parte del ex gobierno que lideró la Hermandad se encuentra esperando la condena a muerte bajo cargos de “terrorismo”, como es el caso del depuesto presidente Mohamed Morsi, en un hecho sin precedentes que fue duramente criticado por las Naciones Unidas. Organizaciones de derechos humanos han situado en 40 mil los encarcelamientos por razones políticas, muchos de ellos dirigidos contra simpatizantes islamistas.

Sin una voz alternativa consolidada y dispuesta a participar, el país se dirige así a tener un parlamento plenamente alineado con el gobierno, pero marcadamente deslegitimado por el desencanto y la indiferencia popular. Al-Sisi, quien ha reemplazado el uniforme militar por el traje civil del presidente, no ha ocultado que planea aprovechar una eventual mayoría para reformar la constitución y otorgarle más poderes al Ejecutivo.

La situación en Egipto acompaña un síntoma vivido a nivel regional, resultante de los fuertes límites que han encontrado las aspiraciones de democracia y mayor justicia social por parte de las nuevas generaciones de las sociedades árabes. Limites que, lejos de quedarse en la apatía, establecen nuevos desafíos, en tanto que los reclamos que no encuentran cauces o contenciones políticas muy a menudo decantan hacia expresiones que desautorizan o entran en choque abierto con el orden de relaciones establecido.

Ante la incapacidad por parte de los movimientos progresistas y de izquierda que encontraron un nido en las protestas de 2011 de acomodarse a las nuevas condiciones, es el discurso integrista de los movimientos de identidad islamista el que mejor ha podido atraer la insatisfacción en función de su propia agenda. La Hermandad Musulmana supo formar dentro de canales democráticos un programa que, aunque conservador, atrajo buena parte de estas expectativas.

Ahora que la esperanza de cambio abierta en 2011 se encontró desplazada por la reedición del viejo orden, es una posibilidad cercana que el nuevo desencanto alimente las políticas de reclutamiento de grupos más extremos.

Con las elecciones acercándose también en Turquía, en un clima regional de violencia política generalizada y creciente belicismo por parte de los Estados en su disputa regional, en una región vital para el mercado armamentístico y el comercio internacional, las sociedades árabes se encuentran tensionadas constantemente en la búsqueda de una dirección cada vez más incierta.

Julián Aguirre – @julianlomje

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