América Latina

5 octubre, 2015

David Cameron y la compensación por la esclavitud en Jamaica

En su reciente gira por Jamaica, el primer ministro británico se topó con un tema inesperado en su agenda: el pedido de los países caribeños de compensación por la esclavitud. Interpelado por distintos actores políticos y sociales, Cameron debió sentar su posición.

En su reciente gira por Jamaica, el primer ministro británico se topó con un tema inesperado en su agenda: el pedido de los países caribeños de compensación por la esclavitud. Interpelado por distintos actores políticos y sociales, Cameron debió sentar su posición.

Antes de llegar a Kingston, capital de Jamaica, el líder europeo había manifestado su entusiasmo por la realización del primer viaje oficial a la isla. Según sus palabras el objetivo era «profundizar los nexos bilaterales y también ayudar a otras naciones caribeñas en impulsar el desarrollo y el crecimiento económico, reducir la pobreza, mejorar el comercio, la seguridad y crear empleos para la juventud».

Sin embargo su primera medida puso en duda que comprende Cameron por desarrollo económico: anunció la entrega de 38 millones de libras esterlinas para construir una cárcel de alta seguridad que albergará a 300 jamaicanos que actualmente están presos en el Reino Unido.

Después sí avanzó en acuerdos un poco más políticamente correctos y firmó uno para crear un fondo de 453 millones de dólares que financiarán obras de infraestructura comercial en la zona y prometió destinar nueve millones de dólares en los próximos cinco años a programas de mitigación a los efectos del cambio climático.

Pero había un asunto que no estaba previsto. Tanto la primera ministra jamaicana, Portia Simpson Miller, como el líder opositor, Andrew Holness, le plantearon al prominente visitante el pedido de los países de la Comunidad del Cáribe (Caricom) de que las ex metrópolis europeas paguen una compensación por el crimen contra la humanidad que significó el tráfico de esclavos de África a América.

Cameron decidió responder que su país no cree que «las reparaciones sean el camino correcto» y se limitó a admitir las atrocidades cometidas durante el período histórico colonial. Si bien señaló que «sería erróneo ignorar las heridas abiertas por la esclavitud», recordó que Londres la abolió en 1833 y llamó a las ex colonias a «dejar atrás ese pasado doloroso».

«Mi objetivo para venir es el futuro. Estoy aquí porque tenemos aspiraciones e intereses comunes y podemos concretarlos trabajando juntos. Creo realmente que nuestras relaciones ahora son más importantes que nunca», acotó el mandatario británico.

Aunque no hay datos oficiales, se estima que más de 12,5 millones de personas fueron esclavizadas en África y trasladadas hacia el continente americano para someterlos a la servidumbre. Al menos un tercio falleció en el trayecto por las pésimas condiciones de transporte en los barcos esclavistas.

Fue así que en 1993 surgió por primera vez la idea de exigirle a Europa una compensación. El abogado jamaiquino Anthony Gifford lo planteó ante la Primera Conferencia Panafricana de Reparaciones de Nigeria. Allí sostuvo que la esclavitud fue un crimen contra la humanidad y el derecho internacional estipula pagar a las víctimas de ese delito.

Veinte años después de acciones separadas que no dieron resultado, la Caricom aprobó en 2013 un plan de diez puntos para pedir en conjunto a ocho ex metrópolis europeas una compensación por lo que se acordó también crear comisiones en cada territorio con ese fin.

«Antes que nada, queremos que Europa se disculpe, pues hasta ahora han emitido declaraciones de arrepentimiento, pero ningún país se ha disculpado. Luego queremos infraestructuras para el desarrollo y que acabe el racismo», comentó la historiadora jamaicana Verene Sheperd.

Por su parte Hilary Beckles, presidenta de la Comisión de Reparación de la Caricom en Jamaica, recordó que Reino Unido y otras ex metrópolis europeas hicieron grandes fortunas y fortalecieron sus economías gracias a las riquezas extraídas de los territorios insulares y mediante la explotación de millones de seres humanos.

Recordo asimismo el vínculo familiar de Cameron con este asunto a través de su primo lejano el general James Puff, compensado en 1839 con cuatro mil libras por la pérdida de 202 esclavos en Jamaica.

Para llevar adelante la batalla legal, la Caricom contrató a la firma británica Leigh Day & Co, ganadora de una querella que obligó a Londres a indemnizar con más de 20 millones de dólares a cientos de kenianos torturados entre 1952 y 1960 durante su lucha independentista.

Si bien el bloque integracionista caribeño apuesta por una solución diplomática, Europa dejó en claro desde un principio que las compensaciones no son la salida adecuada. El temor de las ex métropolis es que la iniciativa sirva de ejemplo para otros Estados de África y Asia también colonizados y explotados por sus gobiernos durante siglos.

 

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