Cultura

9 julio, 2015

Esperando a Lucrecia

Tras ocho largos años, Lucrecia Martel vuelve a ponerse al mando de un largometraje. Adaptando Zama, la aclamada novela del escritor mendocino Antonio Di Benedetto, la directora salteña vuelve al ruedo con su cuarto trabajo, luego de la celebrada y criticada por igual La mujer sin cabeza. Colonialismo, época y humedad made in litoral en este fresco de época.

Tras ocho largos años, Lucrecia Martel vuelve a ponerse al mando de un largometraje. Adaptando Zama, la aclamada novela del escritor mendocino Antonio Di Benedetto, la directora salteña vuelve al ruedo con su cuarto trabajo, luego de la celebrada y criticada por igual La mujer sin cabeza. Colonialismo, época y humedad made in litoral en este fresco de época.

El estallido de aquellos soleados y míticos días de 2001 no dieron como fruto sólo el surgimiento de movimientos sociales, anécdotas entre las balas de goma y nuevas clases políticas. También dieron cine. Y del bueno.

Algunos de los autores que trascendieron a esos días espesos y de una densidad histórica sin igual, fueron Pablo Trapero (que ya respiraba cual profeta de ese aire de época desde varios años antes), Israel Caetano, Ezequiel Acuña y Anahí Berneri. Fueron directores preñados de una coyuntura que los llevó a escribir historias con un sabor especial, distinto al costumbrismo que ya nos tenía, justamente, acostumbrados a los espectadores hasta el cansancio.

Relatos que bordeaban las calles donde se sembraba la historia y, a partir de hechos cotidianos que vivían sus personajes, lograban contarnos lo que ocurría en el país por esos días. Lucrecia Martel fue quizá la directora más celebrada de esa generación. Y ahora, luego de ocho años, vuelve.

El estreno de Zama, adaptación de la prestigiosa novela de Antonio Di Benedetto de 1956, está previsto recién para 2016. ¿Por qué, con tantos estrenos a salir este año ya sean vernáculos o foráneos, darle importancia?

Resulta que ya desde el estreno de La Ciénaga (2002) esta directora egresada de la ENERC llama la atención del periodismo especializado y los espectadores por igual. Con su estilo paciente y armonioso, Martel logra contar los vaivenes de cada estrato de la sociedad de una manera que resulta difícil de creer a primera vista.

Ya sea en su ópera prima como en La mujer sin cabeza, su última película hasta el momento, la realizadora oriunda de Salta coloca familias, tanto de las clases más pudientes hasta las más postergadas, a relacionarse y desnudar cada una de sus miserias e hipocresías, resolviéndolo todo de una manera que el cine argentino no encontraba hasta el momento. O al menos sin caer en la culpogenia snob.

¿Por qué ahora?

Tras más de una década trabajando sus historias (fundamentalmente) en su Salta natal, Martel nos lleva a la humedad formoseña de fines del siglo XVIII.

En un viaje que realizó subiendo por el Paraná hasta el Paraguay, Lucrecia se encontró con la novela que ahora adapta casi por casualidad, buscando historias que cuenten sobre aventuras y viajes extremos, como el que ella estaba comenzando.

Resulta que Zama relata la vida de Diego de Zama, un funcionario de la corona española que es destinado a gestionar ese terruño que es la frontera norte del Virreinato del Río de La Plata. Tras varios años sin noticias ni novedades que lo saquen de su rutina, decide armarse de una pequeña tropa de lugareños y salir en búsqueda de un peligroso bandido que amenaza la zona.

Poco se sabe de cómo se contará la historia de este funcionario, más allá de la primera imagen que dejó trascender Verónica Souto, jefa de casting del film. Seguramente cercana al estilo de la Jauja de Lisandro Alonso, cuenta con un reparto compuesto por Daniel Gímenez Cacho como Don Diego de Zama, además de nombres como Lola Dueñas, Juan Minujín, Rafael Spregelburd, Daniel Veronese y Vando Villamil. Además, tras varias negociaciones, Martel recibió el apoyo de la productora de los Almodóvar, El Deseo, responsable de la financiación de Relatos Salvajes.

Es difícil saner por qué optó Martel por una historia de época para volver a las pantallas tras haber estado trabajando en una adaptación de El Eternauta, mítica y fundacional obra de ciencia ficción argentina.

En ese sentido, la directora le comentó al diario Clarín en una entrevista, de manera enigmática como sus obras, cuál fue el tema que más la sedujo para contar de la novela: “De todas las líneas del plano de la novela tomé algunos, es ese entorno de la pérdida de identidad y la libertad que te da. Por ahí es eso, ese aspecto que me pareció muy moderno”.

Iván Soler – @vansoler

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