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1 abril, 2015

Cartas para Lilia

Por Mariel Martínez. Un recuerdo, un homenaje, una carta de despedida para Lilia Ferreyra, compañera de vida de Rodolfo Walsh fallecida este martes 31 de marzo. Porque si hubiese que buscar una deuda en esta historia, la encontraríamos en esa carta de despedida que no fue.

Por Mariel Martínez. Quizás el género por excelencia que corona las despedidas sea el espistolar. Uno escribe cartas al irse, al estar lejos, al no poder verse. Algunos hasta escriben cartas sin destinatario, por el sólo hecho de querer despedirse de algo y no saber cómo.

Aún hoy, en pleno reino del mensaje virtual, largo o corto según su soporte, la carta manuscrita, la que huele a puño y a letra, sigue siendo el espacio de confesiones amorosas, de volcar incertidumbres, de ordenar certezas, de decir quereres.

Lilia Ferreyra conoció a Rodolfo Walsh por la escritura. Por la escritura manuscrita: en 1967, se le acercó para pedirle que le dedicara un libro de cuentos. Es hasta dulce guardarse algunas incógnitas. De cómo allí habrá nacido el amor; de cómo habrá sido, si una pluma azul o una birome negra; si se miraron a los ojos antes o después de la escritura. Si la escritura fue clave o excusa. De cómo se habrán ido juntos a tomar un café que duró diez años. De cómo, de cómo será el día en que alguien encuentre la respuesta que le dé explicación al amor. A la escritura y el amor. Al amor y la militancia. Al amor que siempre y en todos los casos es pulsión de vida empeñada en alejarse desesperadamente de la muerte, porque lo acaba.

Lilia Ferreyra Rodolfo WalshEs probable que por esto el amor de Lilia y Rodolfo nos parezca más heroico, más humano y más divino: porque queriendo profundamente la vida, fue un amor que no guardó para sí casi nada de sus seguridades. Un amor que no le tuvo miedo al miedo, ni respeto a la muerte.

Lilia cuenta el proceso de escritura de la Carta Abierta a la Junta militar, y también cuenta el proceso de difusión, en el que ella misma había contribuido haciendo copias de la carta en la casa que compartían en San Vicente; cuenta que Rodolfo no tenía miedo de morir sino de caer vivo. Cuenta de la vida compañera; cuenta de su propia vida. Cuenta poco de la muerte.

Y a decir verdad, Lilia supo mucho de la muerte. De su pareja, de sus compañeros de lucha, de escritura, de trabajo. De tantos años militando para que a la muerte se le haga justicia. Del testimonio antimuerte que supo construir y sostener. De hacer memoria activa de cada espacio que pudo compartir con Rodolfo Walsh, que es lo mismo que decir con la lucha empecinada por la vida. Porque todos vivan. Porque el mundo sea un lugar donde la vida sea posible.

La despedida a Vicki Walsh, la hija del escritor muerta en combate, engendró otra de las brillantes cartas de Rodolfo. Carta para despedirla de sí, y carta para despedirla de sus amigos. Para que sus amigos puedan despedirse a través de su propio dolor. Y no es paradójico que sea una carta que hable de la vida y de la risa. Porque, a veces no se sabe, uno milita por la felicidad, “tan buena mientras dura, como el pan, como el vino, como el amor”. No estamos escribiendo sobre Lilia, ni sobre el escritor: escribimos sobre la escritura. Que unió amor, que despidió amores, que se catapultó a la lucha.

Si hubiese que buscar una deuda en esta historia, la encontraríamos en esa carta de despedida que no fue. En una carta a Lilia que no existió, porque la muerte arrecia y amenaza, pero no se anuncia cuando llega. Y menos en tiempos en los que gobierna el país.

Será por eso que no hay final para esta historia de amor. De escritura y amor. De las cosas que se quieren permanentemente vivas: Lilia mis hijas el trabajo oscuro que hago los compañeros el futuro los que no obedecen los que no se rinden los que piensan y forjan y planean los que actúan el análisis claro la revelación de lo escondido el método cotidiano la furia fría los títulos brillantes de mañana la alegría de todos la alegría general que ha de venir un día la gente abrazándose la pareja en su amor la esperanza insobornable la sumersión en los otros.

Hasta siempre Lilia. Que viva la lucha. Que viva la vida. Que vivan para siempre impacientes los corajes de amar y de escribir. Mientras tanto. Mientras dure. Mientras sigamos ensayando con nuestra letra manuscrita, todas las cartas del futuro.

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