Cultura

29 enero, 2015

Whiplash: un latigazo de jazz nominada al Oscar

Whiplash relata la relación de abuso y violencia que impone un profesor de música sobre sus estudiantes. Estrenada en Argentina el pasado jueves, es una de las nominadas a Mejor Película en los Oscar.

Los primeros minutos de Whiplash la resumen. Suena una batería en una sala del Conservatorio Shaffer. Andrew Neiman (Miles Teller), estudiante de primer año, ensaya Caravan, la reconocida canción de jazz. Una vez, dos, tres. Como si hubiese aparecido de la nada, el profesor y director de orquesta Terence Fletcher (J.K. Simmons) observa en el umbral de la puerta. Al verlo, Neiman deja de tocar, estupefacto. Intercambian pocas palabras. Fletcher lo agrede, finge interés por escucharlo y se va antes de que el joven de 19 años termine su exhibición. Reconocimiento y maltrato, psicológico y verbal, dinámica que se repite a lo largo de la película.

La relación traumática docente – estudiante atraviesa el film pero lo interesante está en otro lado. La violencia de Fletcher es desmesurada e incongruente. Cuando no utiliza la historia personal de Neiman para humillarlo, le tira una silla por la cabeza o le miente sobre la partitura que debe interpretar en un concierto para exponerlo -y exponerse-, frente al público.

La obsesión de superación del estudiante no se queda atrás: deja a su novia, ensaya hasta que sus manos sangran y toca en un recital inmediatamente después de haber sido atropellado.

Lo que es más destacable en esta película nominada a cinco premios Oscar es su fotografía, dirección, banda de sonido e interpretación actoral.

Azote de jazz

Transpiración escurriéndose por el platillo, gotas que saltan. Saliva que cae de un trombón. Baquetas rojas de sangre. Hojas de partitura que van pasando. Todos son planos de Whiplash que adentran al espectador en el universo de una orquesta de jazz. También su banda de sonido, formada por clásicos del género y composiciones originales del músico Justin Hurwitz. En estos elementos se encuentra lo más innovador del film.

Whiplash significa latigazo; latigazo a nivel narrativo, en la tortura de Neiman y las exigencias de Fletcher, y latigazo por el universo evocado. Más que el vínculo escabroso entre docente y estudiante, lo absorbente de la película es su capacidad de transmitir una atmósfera, la seducción generada por la música.

Las actuaciones de los protagonistas son extraordinarias y dan otro motivo para ver Whiplash.  Miles Teller, futura promesa de la industria holywoodense, es incisivo. Consciente de que la cámara lo capta todo, y de que en cine “menos es más”, sus gestos son concisos y reflejan los sentimientos que atraviesan a su personaje.

Andrew recorre un camino: de ser un estudiante de primer año, pasa a formar parte de la orquesta que dirige Fletcher en el mejor conservatorio del país, la abandona luego de una discrepancia con él pero termina convirtiéndose en la futura promesa del jazz neoyorquino.

J.K. Simmons, nominado a los Oscar como Mejor Actor de Reparto y visto en películas como Spiderman o Juno, interpreta notoriamente su papel. El es el típico profesor tiránico y manipulador, esos que consideran que felicitar a alguien por su trabajo genera un lugar de comodidad; para triunfar es necesaria la disciplina, el incentivo a través de maltratos. En este sentido, el actor también dota a su personaje de trazos precisos, con una economía gestual que puede arrebatarse cuando es necesario.

Whiplash es la única película “independiente” que llegó a los premios de la Academia. De hecho, fue presentada en el Festival de Sundance, que se dedica a este tipo de cine. Con un presupuesto muy bajo de 3,3 millones de dólares, Sony Pictures compró su distribución internacional. Recorrió los Festivales de Cannes, Toronto, Nueva York, Londres, Valladolid, Deauville, Helsinki, Atenas y Río de Janeiro, tuvo nominaciones a los Globo de Oro, en donde J.K. Simmons ganó como mejor actor de reparto.

 

Laura Loredo Rubio – @LoredoRubio

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