Fútbol argentino

22 octubre, 2014

Que vuelvan los 80: Ferro es de sus socios

El club de Caballito levantó la quiebra luego de 12 años y volverá a ser gobernado por su gente. Será tiempo ahora de recuperar el lugar histórico que le corresponde al Verde en el deporte argentino.

El club de Caballito levantó la quiebra luego de 12 años y volverá a ser gobernado por su gente. Será tiempo ahora de recuperar el lugar histórico que le corresponde al Verde en el deporte argentino.

Este 20 de octubre se hizo oficial el levantamiento de la quiebra por parte del Club Ferro Carril Oeste. Usando parte del dinero ingresado por los derechos de formación de Federico Fazio -vendido del Sevilla al Tottenham Hotspur por 10 millones de euros-, la institución de Caballito pudo cancelar las últimas deudas necesaria para terminar con la tutela del poder judicial, a través de un organo fiduciario.

Fueron 12 años de un club alejado de los socios, que fueron a su vez quienes lo mantuvieron vivo a través del trabajo y la participación. La caída, sin embargo, había empezado bastante antes, y no frenó después de aquel fatídico 28 de diciembre de 2002. Su punto de inicio puede marcarse en 1993, con la salida del histórico presidente Santiago Leyden, que estuvo casi 30 años en el cargo y lo lideró durante su máximo esplendor. Y continuó tras la catástrofe económica con la aparición del gerenciamiento del representante Gustavo Mascardi, quien hizo diversos negocios con pases de jugadores propiedad de Ferro, entre ellos los de Maximiliano Velázquez -hoy jugador de Lanús- y Cristian Tula -Independiente-notas-ferro2.

Algunos de los responsables directos del cataclismo institucional de Ferro fueron juzgados y condenados. El juez que decretó la quiebra, Rodolfo Herrera, junto con los integrantes del primer órgano fiduciario, Eduardo Andrada, Francisco Tosi y Héctor Fridman; el propio Mascardi junto a su padre Emilio; y el arquitecto Aleardo Etcheverry, hermano y colega de Ricardo, histórico dirigente de Oeste que hoy le da nombre al estadio de la Avenida Avellaneda.

Esta verdadera tragedia llegó a su final y el festejo estuvo a la altura: miles de personas se acercaron desde muy temprano a la sede del club, en la calle Federico García Lorca, para luego ir en caravana hasta el cruce de Acoyte y Rivadavia, centro neurálgico del barrio de Caballito. Esa esquina pintada de verde recordó a otros tiempos, no tan lejanos, donde la alegría de los Verdolagas era moneda corriente.

El gigante ochentoso

A partir de la década del 70, Ferro se convirtió en el símbolo de los clubes sociales, en el más grande de los clubes de barrio. Llegó a tener, a principios de los 80, 47 mil socios, que no eran simplemente “de cancha”, sino que participaban, de una u otra manera, de la vida institucional del Verde. En sus distintas sedes se practicaron decenas de deporte, su colonia de verano es prácticamente una leyenda y sus éxitos deportivos son incontables.

En aquellos gloriosos años 80, mientras el fútbol peleaba campeonatos e incluso los ganaba, en 1982 y 1984, con la marca indeleble de Carlos Timoteo Griguol, el básquetbol hacía lo propio de la mano de uno de los hombres más importantes de la historia de la naranja en Argentina: León Najnudel. En aquella época Ferro fue tricampeón sudamericano y ganó tres de las primeras cinco ediciones de la Liga Nacional.

El vóley, en tanto, tenía una figura joven que comenzaba a hacer historia. Con Julio Velasco en el banco, multicampeón con el seleccionado de Italia en los ’90, Oeste fue seis veces campeón entre 1977 y 1985. Ya sin él, fue bicampeón mundial de clubes en 1987 y 1988. Ferro también fue pionero en handball, un deporte que aún estaba en pleno desarrollo y en el que supo ganar cuatro títulos metropolitanos y tres nacionales entre 1985 y 1989.

Una lista interminable de logros, injustamente recortada a los fines de la crónica periodística. Por todo esto y mucho más, fue distinguido por la UNESCO en 1988, en honor a su contribución al desarrollo del deporte. Era entonces un club social, lleno de vida. Un club formador de docentes, como Griguol, como Najnudel, como Velasco, como tantos anónimos. Un club que nunca debió dejar de ser.

Las elecciones en Ferro serán el 30 de noviembre. Ese día los socios volverán a gobernar el club. Tendrán la posibilidad de recuperar la gloria perdida, de volver a enamorar a un barrio que nunca dejó de pensar en verde. Sin jueces comprados ni empresario estafadores. Para siempre.

Nicolás Zyssholtz – @likasisol

Fotos: Oscar Nievas (FerroOficial)

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