Cultura

23 julio, 2014

Pánico y locura en  Almagro

La noche del Grand Guignol recupera la tradición revulsiva del más sangriento experimento teatral francés para combinarla con la provocación visceral del TIT argentino. Dos tragedias y una comedia breves prometen una noche de sangre, dilemas morales y sensaciones fuertes.

La noche del Grand Guignol recupera la tradición revulsiva del más sangriento experimento teatral francés para combinarla con la provocación visceral del TIT argentino. Dos tragedias y una comedia breves prometen una noche de sangre, dilemas morales y sensaciones fuertes.

El Grand Guignol fue un teatro fundado por Oscar Méténier, ex-secretario privado del comisionado de la policía, en la París de 1897. Se caracterizaba por la búsqueda provocadora de sorprender y horrorizar al público con escenas y argumentos espantosos y violentos. En este antepasado teatral del cine gore proliferaban los miembros amputados, las venganzas sangrientas, las torturas, los descuartizamientos y las violaciones. Los carniceros del barrio colaboraban con baldes de vísceras y sangre que eran utilizadas como insumos escenográficos y la sala debió contratar a un médico para asistir a los frecuentes desmayos de los espectadores, cuyo número servía como recomendación de la obra en cuestión, llegando a alcanzar un récord de 16.

Algo de esa intención provocadora y visceral podremos encontrar en la última obra de Ana Cinkö, dirigida por ella misma y por Raúl Zolezzi. Éste último integró el mítico grupo TIT (Taller de Investigaciones Teatrales), que desde 1977 se constituyó como una vanguardia teatral revulsiva, experimental y de fuerte contenido político. El TIT fue impulsado por un grupo de jóvenes militantes del PST (partido trotskista liderado por Nahuel Moreno) y dirigido por Juan Uviedo, un actor y director santafecino que en Europa había trabajado con el Living Teatre, Peter Brook y Eugenio Barba. En plena dictadura militar el TIT se constituyó como un espacio de defensa de las libertades artísticas, de difusión de actividades militantes semilegales, de construcción de relaciones personales diversas (se vivía en comunidad) y de provocación política. Zollezi formó parte de aquella original experiencia teatral que culminó en 1982 y luego de una continuación de la misma, bajo el nombre de Detritus Teatro, entre 1984 y 1995. Con el inicio del siglo XXI el grupo teatral vuelve a retomar el nombre de TIT y bajo la dirección de Cinkö y Zollezzi presentan obras como El montón (folletín teatral cínico), El King. Pieza en seis actos, una demolición y sin brazos, El martillo sin amo. Mecanismo teatral para obtener un resultado automático, La puerta la vieja  la ciega la muerta y Los invertebrales.

De la confluencia de estas dos tradiciones provacadoras, el Grand Guignol francés y el TIT argentino, nace La noche del Grand Guignol, una obra compuesta por tres piezas teatrales breves (dos dramas y una comedia). La gacetilla teatral advierte: “El público deberá estar preparado para participar de un evento integral, en el que sus íntimos valores serán puestos en suspenso y su razón estará por un tiempo suspendida, para dar paso al más básico de los instintos. Aquí la sangre se ve -es más: abunda-, las quemaduras se huelen y los gritos de dolor recorren y estremecen la columna vertebral. El Grand Guignol es un teatro esencialmente visceral que se propone experimentar con fuertes sensaciones corporales como vehículo para poder expresar, de manera contundente, las contradicciones humanas más básicas, aquellas que a todos nos da miedo sentir profundamente en el corazón”.

La obra va claramente de menor a mayor. La primera pieza, «El beso», una tragedia, nos propone un drama de pareja donde el amante desfigurado con ácido por su esposa la recibe a la salida de la cárcel, aún convaleciente en el hospital. La segunda, «La viuda», una comedia, muestra un extraño dispositivo surrealista, una cama vampírica que se alimenta de la fuerza del orgasmo masculino, alrededor del que se va tejiendo una red de engaños maritales y sexo peligroso. La última pieza, «Semilla de maldad», es la terrible historia de un secuestro, puntuado por mutilaciones, confesiones inesperadas y sorprendentes vínculos entre los personajes.

Los desempeños actorales también acompañan el increscendo de la obra. La escenografía, en la que predominan rojos sangrientos, blancos sepulcrales y negros desesperados, es hábilmente destacada por una iluminación sutil. El uso del espacio y de los elementos escénicos es inteligente, excediendo a veces los límites del escenario, y el mismo develamiento gradual de la escenografía para cada una de las piezas puede esconder algunas sorpresas interesantes.

Está claro que en estos tiempos de gore cinematográfico en 3D, de jueguitos sangrientos hiperrealistas y de noticieros televisivos es necesario tocar cuerdas más profundas que las de la mera efusión de sangre para incomodar a un público tan curtido por la vida en la ciudad que podría pasar al lado de una decapitación o de un linchamiento sin apenas dignarse a dirigirle una mirada. Por eso la obra no juega solamente con las armas de la violencia explícita sino con algunos límites morales más sutiles e inquietantes. ¿Qué harías en ese lugar? ¿Es justa esa venganza? ¿A qué le tenés miedo? ¿Qué estarías dispuesto a hacer para salvarte? ¿A quién traicionarías? ¿Qué vergonzoso pecado pagarías por ocultar? ¿A quién te gustaría matar si pudieras? ¿Cómo lo harías?

Etimológicamente, la palabra pánico proviene del dios Pan, parte del cortejo de Dionisio y deidad de los pastores y de los rebaños en la mitología griega. También es la representación de una sexualidad desenfrenada y de una naturaleza salvaje capaz de enloquecer de terror a los rebaños con rayos y truenos. Se lo suele representar como un fauno, con extremidades de cabra, tan alegre y saltarín como irascible y peligroso. Se le atribuía la capacidad de generar un miedo enloquecedor y uno de sus atributos es la siringa o flauta de Pan. Sexo, terror, muerte, humor, música, ira. Bienvenidos a una noche pánica en Almagro.

Pedro Perucca – @PedroP71

 

Ficha técnico artística
Guión: Ana Cinkö
Versión: Ana Cinkö
Actúan: Camila Canteros, Ana Cinkö, Fedra Duarte, Guillermo Hönig, Diógenes Lugosi, Beto Orchovsky, Sergio Ponce, Nestor Villa
Vestuario: Anna Doktoriková
Escenografía: Bea Blackhall
Iluminación: Claudio Beiza
Asistencia general: Viviana Suárez
Puesta en escena: Ana Cinkö, Raúl Zolezzi
Dirección: Ana Cinkö, Raúl Zolezzi

Teatro Hasta Trilce
Maza 177 – Capital Federal
Teléfonos: 4862-1758
Web: http://www.hastatrilce.com.ar
Entrada: $ 100,00
Viernes – 23:00 hs

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