Cultura

3 julio, 2014

Todos mis miedos, la desnudez del sentimiento

Todos mis miedos es una obra teatral dirigida por Nahuel Cano en dramaturgia conjunta con Esteban Bieda. En ella, los […]

Todos mis miedos es una obra teatral dirigida por Nahuel Cano en dramaturgia conjunta con Esteban Bieda. En ella, los personajes están en el centro de la escena, solos con sus sentimientos, y lo teatral se pone en jaque.

El miedo es un sentimiento genuino. Y en ésta obra, es lo que atraviesa a los personajes.  Bruno (Pablo Seijo) es un escritor al borde del colapso. Estancado en su profesión, atormentado por un divorcio complicado y el romance con una alumna, vive como en una pesadilla. Su vida amorosa se divide entre su ex mujer, Laura (Anabella Bacigalupo), y Mercedes, una estudiante de su taller de escritura (María Abadi). La primera, angustiada, demanda constantemente la atención de Bruno. Si provoca el odio en lugar del amor, poco le interesa; lo importante es estar presente. Siempre.

Mercedes, más ingenua y joven, poco a poco se sumerge en la oscuridad del escritor. Los sentimientos están a flor de piel. Y sin embargo, la crisis afectiva es una parte. Lo que entra en cuestión, en Todos mis miedos, es la capacidad de significar, de comunicar, de representar. Los límites de la ficción y la realidad se desdibujan, y esa acción es llevada a cabo principalmente por El hombre (Diego Echegoyen), el cuarto personaje de la obra.

Todos mis miedos está dirigida por Nahuel Cano en dramaturgia conjunta con Esteban Bieda.  Este, doctor en filosofía y novelista, aportó, entre otras cosas, una utilización del lenguaje más compleja. La obra deriva de un de interrogante: la preocupación por el límite entre la performance y lo teatral. Lo que le interesaba a Nahuel Cano, era “cómo tender a la disolución, cómo sostener el relato, si es posible, qué sentido tiene producirlo”

La crisis del relato

Palabras como parásitos. Vacías. No dicen, no representan. Todos mis miedos es eso, la puesta en jaque del teatro. El rol interpretado por Echegoyen es clave. El personaje del Hombre se encuentra por fuera de la ficción. Cercano a un performer, es quién inicia la obra con el relato de una película, quién toca la guitarra, o dialoga con Bruno. El actor tiene a su cargo la evidenciación del artificio, quien señala que eso que el espectador ve es teatro.

La performance surge a partir de un contexto y corriente de la cultura que se interroga acerca de sus procesos de funcionamiento, acerca de su articulación como mecanismo de producción de significados y que descubre el fenómeno de la puesta en escena y la teatralidad. Se busca hacer visibles los pilares de la representación. En toda performance se enfatiza el aquí y ahora del arte como proceso, se subraya la importancia del cuerpo y la acción y se juega con los sentidos, cuestionado la posibilidad de conocimiento de nuestra realidad.

La  acción desarrollada por el Hombre, performática, se refuerza por la puesta en escena. El espacio escénico posee tres frentes y una iluminación que obliga a ver al resto de los espectadores. La escenografía cumple su función: abstracta y precisa, consta de 200 libros desparramados por el espacio.

A pesar del señalamiento de la convención teatral, lo sucede en escena es lo más Real de todo. Porque las actuaciones están ahí, concretas y potentes. Los cuerpos de los actores en el centro, estallados. Y los libros, al mismo tiempo que los despojan, los contienen. Para Cano, “la ficción escénica tiene que contener lo Real”

En carne viva

Todos mis miedos es una obra compleja debido a los discursos que la atraviesan y a su campo asociativo, la literatura. Reflexiona sobre lo teatral, la identidad, las emociones. El sentir, la otra pata que sostiene esta maquinaria, también es cuestionado. ¿Hay una jerarquía de sentimientos o atributos positivos? “La belleza es una cuestión moral ¿sabés?, no estética”, sostiene Laura. Y allí está el quid de la cuestión, en despojarse de los falsos preceptos éticos.

El personaje de Bacigalupo le pregunta al de Seijo si es feliz y él no puede responder. Pero esas cosas, sostiene ella, se saben, no se duda. Los personajes odian, temen, sienten pánico y aburrimiento. Nunca afirman ser felices, evitan decirlo, como si ello estuviese sobrevalorado. “A veces se sale de la mierda cuando aparece una mierda más grande”, afirma Mercedes. Y eso parece un dogma, porque las crisis también son la oportunidad de crecimiento, de salir a la superficie.

Sábados 23 hs / Domingos 17 hs.

Abasto Social Club. Yatay 666.

Reserva y compra de entradas: http://www.alternativateatral.com/entradas29335-todos-mis-miedos?o=14

 

Laura Loredo Rubio – @LoredoRubio

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