Batalla de Ideas

11 junio, 2014

Teatro Antidisturbios. Sobre los palos y el modelo (II)

Segunda parte del análisis sobre situación represiva y kirchnerismo. Cuál es el panorama que se revela ante el desgaste de una de las expresiones políticas que mas ha perdurado al frente del Poder Ejecutivo.

Segunda parte del análisis sobre situación represiva y kirchnerismo. Cuál es el panorama que se revela ante el desgaste de una de las expresiones políticas que mas ha perdurado al frente del Poder Ejecutivo.

Fin de ciclo y cambio de planes

A pesar de las fuertes críticas recibidas, con la aprobación de la Ley Antiterrorista a mediados del 2007, el kirchnerismo se había garantizado ciertos reaseguros para no dejar nada librado al azar. Bajo esta ley, se puede castigar dentro del marco legal a cualquiera que en alguna protesta se le vaya la mano. No obstante, a partir del 2012 la política del kirchnerismo hacia la protesta social comienza a mostrar sus sobresaltos.

A partir de este año, los aspectos más avanzados del modelo kirchnerista entraron en un periodo de creciente agotamiento. El sinsabor de las elecciones legislativas a finales del año pasado ha revelado un escenario donde comienzan a primar los gestos y las iniciativas ante el recambio presidencial del 2015. El acuerdo con Chevron para explotar el yacimiento de Vaca Muerta, el pago de la indemnización a Repsol y las negociaciones con el Club de París y con los fondos buitres, entre otras medidas, dan cuenta de esto.

Hablamos de  un “pacto de gobernabilidad” que implica importantes concesiones al poder económico y también a la agenda política y social de la oposición. El impacto sobre amplios sectores de nuestra sociedad es lógicamente regresivo. De esta manera el gobierno allana el camino hacia el recambio por derecha y cede más que nunca y casi sin condiciones ante las pretensiones de los grandes grupos económicos aplicando un fuerte ajuste.

Este escenario, supone un recrudecimiento de la política represiva de cara al aumento de la conflictividad social. Como lo demostró el paro docente, centralmente en las provincias de Buenos Aires y Salta, o las masivas marchas en contra de los recortes presupuestarios en salud, educación y programas sociales, el mapa político en Argentina se está reconfigurando ante el desgaste del ciclo kirchnerista.

Ninguna política de ajuste viene sola y generalmente siempre trae un palo bajo el brazo. Para esto el kirchnerismo ha fortalecido tres pilares esenciales de toda política represiva efectiva, y ha comenzado a sistematizar y centralizar lo que en años anteriores había quedado librado a terceros o directamente al azar.

En primer lugar, un giro discursivo conservador ante la protesta social en pos de generar un consenso represivo. Esto se basa en fortalecer una serie de prejuicios, apelando a lo peor del sentido común, reafirmando la idea que aquellos que protestan pertenecen a una minoría violenta que atenta contra los derechos del resto de la sociedad. Aquella frase suelta que expresa «si son los mismos de siempre» no da cuenta de la variedad de actores que hoy comienzan a irrumpir en la escena política desde la conflictividad social.

Hablamos no solo de los estigmatizados movimientos piqueteros, sino también de estudiantes (como lo demostraron las luchas estudiantiles en las universidades del norte argentino a finales del año pasado) o  trabajadores formales  que ante la falta de garantías de las fuentes de trabajo, despidos o suspensiones cortan calles o accesos a plantas (son ejemplos los conflictos en EMFER-TATSA o Gestamp, por sólo mencionar algunos).

Basta recordar el discurso de la presidenta en la apertura de las sesiones legislativas donde esbozó algunas ideas a tener en cuenta en cuanto a la «regulación» de la protesta social, o las tristemente célebres acusaciones del secretario de seguridad Sergio Berni sobre la Carpa Villera en el Obelisco donde tildó al reclamo por vivienda digna de ser un simple «asado» al aire libre.

En segundo lugar, se ha reforzado la cantidad y la distribución en las fuerzas de seguridad. Al aumento en el número de efectivos policiales (centralmente en la provincia de Buenos Aires ante el plan de emergencia en seguridad lanzado por Scioli), debemos sumar la aparición de la Gendarmería Nacional en las protestas, en los barrios (hostigando centralmente a los jóvenes) y en las puertas de las fábricas. Lo que antes era un sólo cordón de seguridad de la policía federal hoy parece ser un pelotón de soldados preparados para la guerra contra un trabajador despedido, que a lo sumo tiene un palo en la mano. Este increíble despliegue de fuerzas de seguridad son parte de un gesto de intimidación que trata se decir que la cosa va enserio. La salvaje represión sufrida la semana pasada en Chaco por cuerpos gremiales y organizaciones políticas y sociales, es solo una postal de las varias que se vienen dando a lo largo del año.

Por último, se están forzando marcos legales para la acción represiva. El polémico proyecto de ley que trata de regularizar las protestas y la ley antiterrorista, dan cuenta de esto. Cabe destacar la condena a los militantes de Quebracho, Fernando Esteche y Raúl Lescano, juzgados por ser los supuestos responsables intelectuales de los destrozos a un local del Movimiento Popular Neuquino de Sobisch tras el asesinato de Carlos Fuentealba, o la condena a cadena perpetua para los petroleros de Las Heras (“asesinos” según la presidenta) por el supuesto asesinato de un policía en un enfrentamiento cuya pesquisa estuvo llena de irregularidades, con testimonios falsos o bajo tortura. Estas condenas tienen como objetivo ser hechos ejemplares y de carácter intimidatorio.

A modo de reflexión, evidentemente no hay tiempo para el desborde ni la protesta social cuando «se viene la derecha». Parecería ser que para frenar las grandes pretensiones de los grupos económicos a los que el gobierno dice enfrentar no es necesario más movilización, sino más quietud. «Lobo Suelto, Cordero Atado».

 

Juan Manuel Erazo – @JuanchiVasco

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarse cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Batalla de Ideas