Política

9 diciembre, 2021

“Si el Frente de Todos no logra relanzarse, el ala más dura va a avanzar con todo”

Sergio Morresi, sociólogo experto sobre las derechas argentinas, dialogó con el programa FMI – Fuimos Muy Ingenues de Radio La Tribu sobre el fenómeno de los «libertarios» en nuestro país.

Sergio Morresi es politólogo, docente de la Universidad Nacional del Litoral e investigador del Conicet. Se especializa en investigar a las derechas de la Argentina, y es autor de La nueva derecha argentina y la democracia sin política y coautor de Mundo PRO. En una entrevista con el programa FMI – Fuimos Muy Ingenues de Radio La Tribu reflexionó acerca de las novedades del fenómeno de la derecha en nuestro país a partir de la popularidad de personajes como Javier Milei y José Luis Espert.

-¿Cuándo y por qué te metiste de lleno con la derecha?

-Lo vengo estudiando desde hace muchos años, es mi tema de trabajo desde pendejo. En el año 2010 nos pusimos a investigar con el colega Gabriel Vommaro al PRO, que nos parecía que era algo que claramente iba a impactar fuerte, y efectivamente fue así. Cuando ganaron me dejó de interesar un poco el tema, porque además ya no era un partido que era solamente de derecha, sino que era una alianza mucho más amplia. 

En 2015, cuando ganó la presidencia Mauricio Macri, me empecé a interesar por un episodio que vi en la ciudad de Santa Fe en la presentación de un libro de Agustín Laje y Nicolás Marquez sobre las nuevas izquierdas latinoamericanas, al que asistió bastante gente. Ahí nos dimos cuenta que había algo novedoso, que si bien parecía incipiente y pequeño, valió la pena mirarlo. Eso se recrudeció durante la pandemia, sobre todo cuando vimos que muchos grupos distintos de las derechas argentinas, unos más reaccionarios o de las teorías conspirativas, iban a los mismos actos y las mismas marchas, y participaban de redes similares a las de otras personas más bien cercanas a las ideas liberales, neoliberales, anarcocapitalistas, etcétera, pero que confluían y acudían a los mismos espacios. Aunque podían discutir y pelear, estaban juntos. Vimos que estaba pasando algo debajo del radar de mucha gente.

-Para ponerle un nombre, hablamos de lo que después electoralmente se expresó con la gran elección que hizo Javier Milei en Capital Federal o con los buenos resultados que obtuvo José Luis Espert en provincia. Un espacio que se autodefine como «liberales» o «libertarios». ¿Qué novedades identificás?

-Siempre se dice que la derecha ya fue tercera fuerza en alguna otra oportunidad, y eso es cierto, pero en esas ocasiones no había un gran partido que ya agrupara el voto de centroderecha. Si uno retrocede a los ’70, el radicalismo no se presentaba como una opción de este tipo. Lo mismo pasó con el peronismo y el radicalismo en los ’80, cuando la Unión del Centro Democrático (UCD) apareció como un movimiento contracultural. Incluso en los años ’90 podemos decir que la centroderecha votaba a Menem, entonces el Movimiento por la Dignidad y la Independencia (Modin) aparecía como un fenómeno más a la derecha. En algún punto, todos confluyeron adentro del Partido Justicialista (PJ) en esa década. Tanto la UCD como el Modin se disolvieron adentro del menemismo.

A pesar de lo que fue el final de los ’90, si uno retrocede hasta el año 2003 ve que aún con la memoria fresca del 2001 los votos que obtuvo Carlos Menem y Ricardo López Murphy juntaron más del 40%. Es decir que hubo un sector de la sociedad argentina que siguió apostando por esas opciones. Es sobre ese sector que luego se montó el PRO y mucho más adelante Cambiemos, que es algo más amplio, pero que igual tiene un sector muy de derecha. 

La gente que estaba disconforme, que le parecía que era demasiado tibio o centrista, se fue corriendo a opciones más radicalizadas y a la derecha. La segunda novedad es que no es la misma derecha de siempre, sino que esta es una derecha que crece a la derecha de una derecha que ya existe. Ya había un sector para representar al votante de centroderecha, pero no alcanzó. 

-Hay dirigentes de estos nuevos espacios que en algún momento estuvieron dentro del PRO también

-Efectivamente. El mismo Juan José Gómez Centurión fue funcionario del PRO, y muchos de los que apoyan a estos emprendimientos autodenominados «libertarios» vienen de atravesar recorridos cercanos. Eso con respecto a la dirigencia, pero si uno mira a los votantes ve que no hay únicamente personas que seguían a Cambiemos, sino también ex votantes del Frente de Todos.

Esto también implica una novedad, porque es gente que se acerca a estas opciones bajo lo que entiende como fracasos sucesivos, tanto de Cambiemos como del Frente de Todos, y entonces ve acá una alternativa para expresar su posición. 

-Si uno va un poco para atrás y entiende a esta derecha como un emergente de mediano plazo, ¿qué elementos hay en la sociedad y en los procesos políticos que puedan explicar la emergencia de estos discursos?

-No hay que olvidar nunca que las sociedades no cambian tanto ni tan rápido, por eso hago hincapié en la parte histórica. Siempre hubo votantes que se acercaron a este tipo de opciones. Aunque claramente hay algo que está cambiando, ahora se dicen cosas en horarios centrales que antes eran muy marginales. 

Tiene que ver con lo que se percibe como fracasos de distintas gestiones, pero también con una serie de innovaciones tecnológicas. Los discursos que antes quizás no estaban tan visibles, ahora aparecen mucho más. Quizás en ese entonces había una revista que decía esas cosas, pero tenía baja circulación y nadie la veía. Ahora quienes compran ese discurso de primera mano quizás también sean relativamente pocos, pero están visibles para que lo miremos todos. Llega de otras maneras a más gente.

Eso se suma a que la penetración que tienen las redes sociales en la sociedad argentina es muy alta, sobre todo con los más jóvenes que no miran televisión, que llegó tarde al fenómeno que ya era exitoso. No sólo con Javier Milei como figura, sino también con una serie de influencers, youtubers, participantes en fotos, twitteros, gente de Instagram y Twitch, donde esos discursos estaban muy presentes y que los medios no miraban suficientemente, hasta que eso logró expresarse más políticamente.

-Vos decías que una de las razones de esa emergencia es el fracaso de ciertos proyectos. También podemos decir que esos fracasos incluyen a partidos como Cambiemos. ¿Qué es lo que le ofrece la nueva derecha a estos sectores desahuciados? Porque tampoco parecen tener discursos tan consistentes

-Yo creo que ofrece una explicación a esos sucesivos fracasos, un proyecto de cómo se sale -que no implica una solución, sino un horizonte- además de un “vaffanculo”. Hay mucho de revanchismo en esto, en el sentido de que dicen “no puede ser que a mí me hayan jodido si yo me esforcé”. 

También hay que tener en cuenta que hay una serie de discursos que nos explican esa demografía, porque el lugar que se le da a la lucha contra la “identidad de género” para estos grupos es central, por ejemplo. Incluso aunque no lo pongan en términos de cultura, sino de mercado. Lo cierto es que esto para ellos es fundamental, y es algo que atrae a muchos jóvenes varones. Una buena parte de los votos son masculinos, y eso es algo a tener en cuenta. 

Es un fenómeno que podemos ver en otros países donde el voto es claramente masculino, pero no es exclusivamente de adultos, lo que vemos es un corte mucho más joven. Muchas veces se dice que los menores de 30 son jóvenes, pero un joven de esa edad de clase media no es lo mismo que en las clases populares, donde ya son padres y tienen responsabilidades muy distintas.

-¿Hay algo novedoso acerca de cómo estas derechas trabajan sobre las cuestiones de los privilegios? 

-En ese caso no es muy novedoso, porque denunciar que los derechos son privilegios es algo que es viejo como la política misma. Donde algunos ven políticas de igualación, otros ven corporativismo. Lo novedoso es la manera radicalizada en la que se impugnan esos derechos y que se vean privilegios en lo que es una asistencia de supervivencia, pero la lógica es la misma de siempre.

-Si uno compara al PRO como gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con una perspectiva más vecinal con la gestión nacional y el discurso de la «seguridad» de Patricia Bullrich, ¿hay algo que de cuenta que ese proceso de ideologización del PRO haya sentado las condiciones para todo esto?

-Hablando como un ciudadano común, mi impresión es que ese giro se da sobre todo en el último año y medio del PRO. Fue un proceso lento que se aceleró hacia el final, donde se apostó a endurecer la perspectiva, reforzando la identidad, asustando. Obviamente sirvió para envalentonar a los que estaban a la derecha de ese discurso.

Algo que reconoció el propio Milei en su discurso después de las elecciones es que no sólo avanzaron, sino que sobre todo marcaron la agenda, y eso es cierto. El hecho de que Horacio Rodríguez Larreta haya tomado como eje de campaña que sus propios candidatos firmaran un compromiso de no subir los impuestos, en una ciudad que sinceramente tiene una estructura impositiva baja, efectivamente es porque tomaron esa agenda. Además, eso que pasa en el campo de la derecha no pasa con la izquierda. No es que si el FIT dice algo el Frente de Todos lo toma, por el contrario.  

-¿Hay algo más allá de las redes sociales que convoca al núcleo activo y organizado en torno a las figuras de este fenómeno? ¿Es únicamente un hecho metropolitano?

-Como te contaba, empecé a mirar este fenómeno porque lo vi en Santa Fe, no en Buenos Aires. Además, lo que veía es que la gente que asistía a esta clase de eventos no eran niños ricos tristes, por el contrario. No me animo a decir que es un fenómeno muy urbano, estoy seguro de que no es metropolitano y está extendido en la geografía argentina, pero esa extensión no hace que todos puedan hacer política. Una cosa es consumir los contenidos, profesar las ideas, asistir a una marcha, y otra cosa es tener la voluntad de hacer política, que es algo muy costoso en términos de tiempo, dinero, recursos organizacionales, etcétera. No es simple, sobre todo cuando decís que estás en contra de todos los demás. Además, tienen disputas internas sobre la repartición del poder.

-¿Cómo ves la interna del PRO, que se fue agudizando en el último tiempo?

-Hay muchos fenómenos simultáneos. Una cosa es lo que le pasa al PRO con el radicalismo, y otra es la lucha hacia la interna del PRO entre un ala que se endurece y otra que dialoga. Es una lógica que tiende a aplastar el centro. Es difícil saber qué va a suceder, y tiene que ver con la futura performance del Frente de Todos. 

Si la performance del Frente de Todos empieza a mejorar y a desplegar una agenda con más fortaleza, un ala muy dura tiende a perder espacio. Si, por el contrario, el Frente tiene un desempeño de mediocre para abajo y no logra relanzarse en estos dos años que quedan, el ala más dura va a ir con todo.

-En ese marco, ¿cómo ves a los principales grupos del empresariado? ¿Hay algún sector que esté mirando al sector de Milei y compañía con expectativa, o eso todavía está muy verde?

-No lo creo, porque el discurso que tienen es muy ideológico y muy antiempresarial en el sentido de las grandes firmas que negocian con el Estado. Por ahora no los veo compatibles, lo que no quiere decir que quizás haya algunos empresarios que se identifiquen a título individual. Me parece que tiene más que ver con cuestiones personales que de conveniencia empresarial, porque eso no está. Si uno escucha lo que dicen estos grupos, hablan de «empresaurios», «vendidos», «socialistas», «corporativos», etcétera.

Aún así, hay empresarios importantes -que prefieren llamarse «emprendedores»- que sí se sienten convocados por estas ideas, pero no sé cómo aportan. Son cuestiones de identificación. 

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