Salud

1 diciembre, 2021

Día mundial de lucha contra el VIH/sida: cuatro décadas de epidemia sin vacuna

Desde la aparición del virus, que trajo consigo una enorme carga de estigmatización al colectivo LGBT+, se estima que fallecieron más de 40 millones de personas a causa de la enfermedad. ¿Por qué todavía no existe una vacuna para su prevención?

Desde el año 1988, cada primero de diciembre se celebra el Día Mundial de Lucha contra el VIH/sida a partir de una propuesta de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde la primera manifestación de un cuadro de la enfermedad en 1981 se estima que han muerto aproximadamente 40 millones de personas VIH+.

Gracias a la militancia de los activismos LGBT+, cuarenta años más tarde contamos con campañas de información y prevención, además de tratamientos gratuitos para las personas que viven con el virus. Sin embargo, una de las grandes demandas es el desarrollo de una vacuna preventiva y una cura definitiva.

Los primeros estudios de una vacuna contra el VIH en humanos se realizaron en 1986 en Zaire (República del Congo), aunque recién en 1998 comenzó el primer ensayo de una vacuna candidata contra el VIH a gran escala con resultados negativos. En 2009, después de décadas de estudios, una de las vacunas se presentó como candidata mostrando buenos valores de efectividad (31%), pero sus valores no eran los suficientes como para que sea aprobada. “No se consideró un ensayo fallido, sino un paso en la dirección correcta”, dijo el virólogo estadounidense Anthony Fauci en su momento. 

El camino allanado por los ensayos de la vacuna contra el VIH logró que, ante la emergencia de la pandemia del coronavirus, poco meses más tarde contemos con un inmunizante efectivo. Tal como describió Federico Kukso en un artículo de elDiarioAR, “la frustrante e infructuosa búsqueda de una vacuna contra el VIH, por ejemplo, estableció las bases de las redes nacionales e internacionales de ensayos clínicos que se activaron con una notable velocidad ni bien se logró el primer borrador del genoma del nuevo coronavirus en enero de 2020”.

Gracias a los avances galopantes de la ciencia a partir del coronavirus se fortaleció la disputa y la demanda por una vacuna efectiva contra el VIH. Actualmente nuestro país participa del Estudio Mosaico, organizado por Johnson & Johnson, a través de la Fundación Huésped. Hasta el momento, el proyecto reúne a 3.800 voluntarios alrededor del mundo y prevé recabar los primeros datos para 2023. 

Se trata del único estudio que llegó a Fase III en la última década. “Esta fase es definitiva para determinar si se aprueba o no una medicación o vacuna para su comercialización. Previo a esto, el estudio atravesó satisfactoriamente estudios de laboratorio y con animales, así como también evaluaciones de seguridad y eficacia en cientas de humanos sin VIH”, explicó la Fundación.

Uno de los señalamientos principales sobre la demora de este desarrollo, iniciado hace 35 años, es la falta presupuestaria a nivel mundial, vinculada al estigma y la discriminación que cae sobre el virus. Según la OMS, anualmente se invierten aproximadamente 500 millones de dólares para el estudio de la vacuna, aunque los costos de la enfermedad son más altos: un estudio de The Lancet indicó que entre los años 2000 y 2015 la cifra llegó a 562 mil millones de dólares en 188 países.

No obstante, a través de los años surgieron distintos métodos para apaciguar la gravedad de este virus particularmente resistente e invasivo. Gracias a las terapias antirretrovirales, el VIH no es una sentencia de muerte, llegando a duplicar la esperanza vital de aquellas personas que conviven con él en tan solo 15 años. En nuestro país, el mayor problema contemporáneo radica en que el 17% de las más de 136 mil personas que viven con VIH no lo saben.

“Argentina cuenta con test y tratamiento para el VIH gratuito y universal. Son dos herramientas fundamentales para dar respuesta al virus. Que las personas puedan conocer su serología para luego acceder a un tratamiento que les permita mantener una buena calidad de vida es el pilar fundamental de las estrategias para terminar con la epidemia”, dijo Pedro Cahn, director científico de Fundación Huésped.

Y añadió: “A esto se suma que sabemos que Indetectable es igual a intransmisible, es decir, que una persona en tratamiento que mantiene su carga viral indetectable de manera sostenida no transmite el virus por vía sexual. Entonces, nos preguntamos cómo todavía alrededor de 17% de las personas que viven con VIH no lo saben”.

Es urgente: por una nueva ley de VIH

En una sesión conjunta, el pasado 25 de noviembre las comisiones de Presupuesto y Hacienda y Acción Social y Salud Pública aprobaron un dictamen que unificó proyectos que proponen una nueva ley de VIH, Hepatitis, Tuberculosis e ITS que sea superadora en relación a la normativa vigente, la Nº 23.798 sancionada en 1990.

Desde el año 2016 que distintas organizaciones insisten en que el Congreso debe tratar el proyecto, que se adecúa a los avances sociales y biomédicos que se dieron en las últimas épocas. Sin embargo, la propuesta ya perdió el estado parlamentario en dos oportunidades (2016 y 2018), y a finales de este año podría suceder lo mismo por tercera vez.

Las modificaciones que se proponen a la ley giran en torno a una nueva perspectiva de la salud, incorporando la perspectiva de género y factores sociales. También apunta a lograr que las personas VIH+, con tuberculosis o hepatitis virales puedan acceder a jubilarse a los 50 años, ya que se ha comprobado que estás infecciones crónicas y sus tratamientos prolongados causan un envejecimiento prematuro.

Además, la iniciativa plantea la creación de una pensión no contributiva igual al 70% del haber mínimo para aquellos mayores de 18 años que se encuentren en situación de vulnerabilidad social. 

Por último, proyecto hace hincapié en la erradicación de las prácticas discriminatorias, el impulso a la producción pública de medicamentos e insumos, la participación activa de las personas VIH+ en el diseño y aplicación de políticas, y la reparación a quienes vienen afrontando hace décadas las consecuencias de la discriminación y la falta de respuestas del Estado.

“Si algo aprendimos en estos 40 años es que la epidemia del VIH no hace más que reproducir la desigualdades preexistentes: económicas, sociales y culturales. No podremos controlar el VIH sin hacer frente a las inequidades. Sobre todo, de aquellas poblaciones más afectadas por el virus. Nos urge tomar las medidas políticas, económicas y sociales necesarias para proteger los derechos de todas las personas y, en especial, de aquellas menos favorecidas. Como también, hacer frente al estigma y la discriminación que aún afecta a muchas personas. La respuesta es hoy”, concluyó el director ejecutivo de Fundación Huésped, Leandro Cahn. 

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