Batalla de Ideas

5 noviembre, 2021

El derecho de vivir en paz: a 16 años del “No al ALCA”

Los 16 años del “No al ALCA”, un suceso clave para pensar los años más recientes en nuestra región, se presentan como una oportunidad para reflexionar sobre su génesis y las tareas (aún) pendientes.

Juan Manuel Soria

@ratherbeJuan

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“Y el más grande anhelo, dio paso a la esperanza,
la idea y el fuego reclaman la rebelión”
Eterna Inocencia – América

Se cumplen 16 años de la IV Cumbre de las Américas, realizada en la ciudad argentina de Mar del Plata. En esa cumbre, un grupo de presidentes, entre los que se encontraban Hugo Chávez, Lula Da Silva, Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez, rechazaron la propuesta de los Estados Unidos –en ese momento gobernados por George Bush- de implementar el Área de Libre Comercio de las Américas, mejor conocida como ALCA.

A 16 años de aquel gesto plebeyo y antiimperialista, desde Notas nos proponemos leerlo como un punto de condensación de diversas resistencias regionales a las políticas neoliberales llevadas adelante por los pueblos de América Latina post Consenso de Washington. Es a través de esta lectura “a contrapelo” que nos interesa recuperar la experiencia organizativa popular en uno de los momentos más duros de la ofensiva norteamericana sobre nuestra región.

Nuevo Orden

El final del “corto siglo XX” estará marcado por la caída del bloque socialista entre los años 1989 y 1991, cuando la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Este hecho era leído como “el fin de la historia”: tras la caída del llamado “socialismo real”, el triunfo del capitalismo como modo de producción y reproducción de la vida era total. De ahí en más, Estados Unidos se erigía como potencia hegemónica a nivel mundial a través de su fuerza material y simbólica.

Este proceso, conocido como “globalización” puede ser comprendido como un proceso de desmantelamiento de marcos de regulación colectiva de los “años dorados del capitalismo”, y a la vez como una reestructuración del rol del Estado nacional, reduciendo sus prerrogativas a ser el garante del “libre mercado” a través no solo de la desregulación política y económica, sino fundamentalmente como garante del orden y la represión de quienes se opusieran a este proceso.

¿Qué implicó este proceso para nuestra región? En principio, es fundamental comprender el rol que tuvieron las dictaduras y los procesos genocidas de la década de 1970. Por un lado, a la salida de los procesos dictatoriales en la región, durante la década de 1980, los movimientos revolucionarios habían sido desmantelados a sangre y fuego: el terror y el individualismo se imponían ahora sobre las cenizas de una sociedad que había alcanzado altos niveles de organización política y social en la década anterior. Por otro, el embate de los sectores dominantes, la “revancha de clase” tenía como objetivo el someter a la región a los avatares del sistema financiero mundial como principal medio de acumulación de capital. Organismos multilaterales como el FMI, el gran empresariado y el sector bancario ahora dominarían los hilos económicos del continente.

El ALCA

Para comprender las condiciones de posibilidad del ALCA, es necesario analizar el llamado “Consenso de Washington”. Acuñado por el economista británico John Williamson en el año 1989 para los países destruidos por la crisis hiperinflacionaria, suponía una suerte de “10 mandamientos” impulsados por los Estados Unidos. La propuesta planteaba la necesidad de la desregulación estatal y la necesidad de dejar que el mercado dicte las reglas del juego económico. Las privatizaciones, recortes del gasto público, eliminación de barreras arancelarias y la seguridad jurídica del derecho de propiedad serán algunos de los puntos claves.

Es en este marco que los Estados Unidos, a la cabeza de la empresa imperialista, tendrán como objetivo crear un mercado que una a la región “desde Alaska Ushuaia”. El proyecto del ALCA será la cristalización de este objetivo propuesta por el país del norte. La iniciativa había sido presentada en la primera mitad de la década de 1990 por George Bush (padre). A largo de esos años y ya a principios del nuevo milenio, el entramado organizativo para “afinar” el proyecto fue tomando cuerpo. En el año 2001 se planteó la necesidad de que el ALCA comenzará a funcionar en el año 2005. Un somero repaso por algunos de sus puntos fuertes nos ayudará a comprender la lógica que subyacía al mismo.

El ALCA afirmará la necesidad de “liberalizar el comercio para generar crecimiento económico y prosperidad, contribuyendo a la expansión del comercio mundial” mediante la eliminación de los obstáculos o restricciones al libre comercio, eliminando también las barreras al movimiento de capitales y personas de negocios entre las partes. Fuera de esta propuesta quedaban los derechos ambientales y laborales, ya ni siquiera relegados a un segundo plano. En relación a las inversiones, se planteará de nuevo la necesidad de “no imponer regulaciones”, así como la prohibición de las expropiaciones y nacionalizaciones.

Este proyecto, resultado de años de trabajo en conjunto, refleja en sus bases el alineamiento de los gobiernos de América Latina y el Caribe a la política norteamericana durante la década de 1990. Sin embargo, y como veremos, toda hegemonía produce su contrahegemonía.

La resistencia

Se suele pensar la IV Cumbre de las Américas del año 2005 como el momento del “entierro” del ALCA. Esto es parcialmente cierto. La perspectiva histórica nos ayuda a comprender que las jornadas del 4 y 5 de noviembre del 2005 son más bien un punto de condensación de un proceso de luchas que se venía configurando a nivel continental desde hacía varios años atrás.

La asunción de Bill Clinton en el año 1992 marcará un nuevo momento de la política norteamericana en relación al sur del Río Bravo. La puesta en marcha del NAFTA, un tratado de libre comercio entre Estados Unidos, México y Canadá el 1° de enero de 1994 será el detonante del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas, al sur de México, como una declaración de guerra al neoliberalismo. Los zapatistas promoverán diversos “Encuentros por la Humanidad y contra el Neoliberalismo” durante esos años.

En 1997 se conformará la Alianza Social Continental en Belo Horizonte, Brasil, la cual será una coalición de organizaciones sociales de todo el continente, con una praxis política orientada a cuestionar el ALCA, las políticas neoliberales y la construcción de un “modelo alternativo”. El año 1999, por su parte, nos traerá la “Batalla de Seattle” en los Estados Unidos, donde una enorme cantidad de movimientos sociales organizó un boicot contra la Tercera Cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

El nuevo siglo traerá, en el año 2001 el 1° Foro Social Mundial de Porto Alegre. El mismo es una articulación internacional de movimientos sociales, un “encuentro de la sociedad civil organizada” que, más allá de la resistencia al neoliberalismo, planteó la necesidad de un programa y una agenda en común. De este Foro se emitió un pronunciamiento contra la intervención del FMI y el Banco Mundial, la anulación de la deuda externa, la necesidad de la soberanía alimentaria  y el comercio justo. Su lema era “Otro mundo es posible.” Entre los años 2002 y 2005 se desarrollarán en Cuba los “Encuentros Hemisféricos contra el ALCA” con el objetivo de profundizar el diálogo de iniciativas contra el mismo.

Podemos observar entonces una enorme cantidad de espacios de diálogo y acción política contra el ALCA a lo largo de los años. La hegemonía imperialista veía surgir diversos focos de resistencia en todo el continente, canalizada a través de los diversos movimientos sociales, sindicatos, partidos de izquierda y organizaciones de la sociedad civil que construían redes de resistencia contra el neoliberalismo. En otro plano, entre 1998 y 2003 llegarán al poder en América Latina diversos gobiernos que, a pesar de presentar diferencias, marcan en mayor o menor medida una ruptura con la lógica de la década anterior: Hugo Chávez y el PSUV en Venezuela, Lula y el PT en Brasil y Néstor Kirchner en Argentina.

El entierro

El año 2005 será entonces testigo, los días 4 y 5 de noviembre, de la IV Cumbre de las Américas en la ciudad de Mar del Plata, Argentina. Estados Unidos esperaba la firma del ALCA. Al mismo tiempo, movimientos sociales y militantes de todo el continente, sectores de derechos humanos y artistas, protagonizaron una enorme movilización para presionar a los gobiernos latinoamericanos de corte popular en pos del bloqueo de la iniciativa norteamericana. Gracias a un trabajo conjunto entre Lula, Kirchner, Chávez y Tabaré Vázquez, George W. Bush (hijo) se  retirará de nuestro país con las manos vacías. Los relatos de aquellos días afirman que, al irse del país, le dijo a Néstor Kirchner “aquí sucedió algo que no esperábamos”. El ALCA estaba sepultado.

Lo posible, lo necesario, lo pendiente

Los aniversarios siempre marcan la posibilidad de una reflexión sobre los procesos históricos. En esta oportunidad, reflexionar no solo sobre las bases del ALCA sino también sobre las instancias de resistencia y articulación populares al mismo, nos parecía una puesta en perspectiva interesante de algunas cuestiones.

En primer lugar, pensar más allá de los “hechos”  y las efemérides y analizar los procesos y dinámicas sociales, políticas y económicas de mediano y largo plazo que, necesariamente, se conjugan en los primeros. En segundo lugar, la posibilidad de reflexionar sobre las posibilidades abiertas post 2005: ¿se avanzó sobre la integración regional? ¿en qué sentido? ¿se construyeron herramientas fuertes para ponerle un freno al avance imperialista en nuestra región? ¿cuáles fueron las principales fortalezas y debilidades de los gobiernos progresistas?

Estas preguntas se vuelven aún más urgentes en un momento donde el relato del “fin de ciclo” de los gobiernos populares se ve en jaque a partir de los gobiernos de López Obrador en México y la llegada al poder de Alberto Fernández en Argentina (este último con matices en relación a la política exterior y la alineación con el grupo de Lima en torno a Venezuela). Pero también a partir del viento fresco que implicó la reciente victoria del MAS en Bolivia y el “apruebo” en Chile. Mientras tanto, la revolución bolivariana sigue resistiendo, al igual que Cuba.

Y fundamentalmente, para repensar sobre algunos discursos en relación a la “recuperación” de la política: a la luz de lo desarrollado previamente ¿es posible afirmar que la década de los 90 fue un tiempo de “vacío” de la política? ¿No sería más provechoso –y justo para con sus protagonistas- pensar la resistencia al neoliberalismo como la condición de posibilidad de emergencia de subjetividades y politicidades nuevas que construyeron modos frescos de praxis plebeya y popular, por fuera pero también en tensión con el Estado y que fueron fundamentales para la llegada al poder de los gobiernos populares?

Frente a los discursos que circularon en las últimas semanas, de loas a la “recuperación” de la política –entendiendo a la misma solamente a través de los canales tradicionales de la democracia burguesa-, a 16 años del “No al ALCA” elegimos recuperar la experiencia organizativa de nuestros pueblos como condición necesaria para el impulso de un freno al neoliberalismo en nuestra región. Es en la tensión entre avance reaccionario y resistencia popular que encontramos la posibilidad de la lucha, o lo que es lo mismo, la posibilidad de una vida que valga la pena ser vivida.

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