Géneros

19 octubre, 2021

Nosotres movemos el mundo: a cinco años del primer paro feminista en Argentina

Este 19 de octubre se cumplen cinco años del primer paro de mujeres y disidencias sexuales, surgido a raíz del femicidio de Lucía Pérez, brutalmente asesinada en 2016, un día después de realizarse el 31º Encuentro de mujeres, lesbianas, bisexuales, travestis, trans y no binaries en Rosario.

Hartas de la violencia machista, las mujeres y disidencias sexuales le hicimos el primer paro a Macri bajo la consigna: “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotres”. De este modo, la organización feminista supo poner en agenda no sólo la situación extrema y límite de que una de nosotres es víctima de feminicidio cada 30 horas, sino también todo el entramado de desigualdades estructurales que vivenciamos día a día, y que son condición necesaria de las violencias por motivos de género, agravadas en extremo en el contexto de gobiernos neoliberales. 

La movilización social y política que generó este primer paro fue el puntapié para las conquistas de derechos que llevaron adelante los feminismos, tanto en lo institucional como en las calles. A través de la concreción del paro, el movimiento feminista buscó mostrar las relaciones entre el modelo capitalista y el patriarcado, cómo las violencias están entramadas con múltiples desigualdades: la inequidad, la doble o triple jornada laboral, el techo de cristal, el tener empleos más precarizados, el hacer trabajos no reconocidos ni remunerados son solo algunas de las problemáticas que las mujeres y disidencias vivimos en lo público y en lo privado.  Al año siguiente y con el hito argentino como referencia, la internacionalización de nuestras fuerzas y nuestras luchas se cristalizó en el primer paro internacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans, el 8 de marzo de 2017.

La consigna de “nosotras paramos” fue acompañada en aquel momento de la memorable frase “Mientras la CGT toma el té con Macri nosotras salimos a las calles”, la misma calle que, un año después, frenaba la reforma laboral del macrismo y que había sido previamente copada y ocupada por un nuevo envión del movimiento feminista, que marcó una agenda integral de lucha contra las políticas neoliberales que nos hambrean y nos matan.

Porque nosotres paramos y nos paramos es que ponemos nuestros cuerpos en cada territorio frente a las topadoras para frenar desalojos, frente a las ollas para pelear contra el hambre, frente a las cúpulas sindicales que siguen ninguneándonos, a pesar de nuestros niveles organizativos. Una organización que iniciamos hace más de 30 años en cada Encuentro, que sacamos a la calle al grito de “Ni una Menos”, que materializamos en un Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad. Una organización que hizo posible, en el medio de una pandemia, ganar el derecho al aborto legal, seguro y gratuito y el cupo e inclusión laboral travesti trans.

Nuestro movimiento no está libre de peleas ni de desencuentros. Sin embargo, desde aquel octubre de 2016, logramos muchos acuerdos en nuestras asambleas, en nuestras rondas, en nuestros talleres: fuimos avanzando en conquistas de derechos en espacios masculinizados, fuimos discutiendo cómo construir poder, fuimos corrigiendo, repensando, aprendiendo, reformulando nuestras propias prácticas y lenguajes, creando y recreando cotidianamente nuestras formas de hacer política.

En los últimos meses, buscaron culparnos de la derrota electoral del gobierno. Nos llamaron “minorías”, redujeron nuestras políticas a una letra y se intentó invisibilizar la integralidad de las transformaciones conseguidas hasta hoy por nuestro feminismo popular, que en aquel primer paro de 2016 incorporó la perspectiva clasista, entendiendo que la lucha de las mujeres e identidades feminizadas, es también una lucha contra la feminización de la pobreza. Mostramos que las laburantes formales e informales, las vecinas de los barrios populares y las universitarias, las mujeres y las disidencias, desde las diferencias (y aun las contradicciones), podíamos construir un movimiento colectivo capaz de cambiar el mundo.

Desde el pañuelo blanco al pañuelo verde, desde la furia travesti de Lohana y Diana al cupo laboral travesti trans, desde los piquetes del 2001 a las ollas en los barrios populares durante la pandemia. En el medio, en junio de 2015, hubo un primer Ni Una Menos, y en octubre de 2016, un primer paro feminista, dos fechas que cristalizaron décadas de acumulación y construcción paciente y tenaz. Dos fechas que visibilizan un feminismo popular que llegó para cuestionar todo lo que debe ser cuestionado y para democratizar las instancias de la vida social que aún permanecen en un plano de desigualdad para las mujeres y disidencias.

Hoy, a cinco años de aquel primer paro, empoderadas sobre todo lo conquistado y siempre buscando transformar todo lo que deba ser cambiado, seguimos luchando por lo que nos falta: desde el acceso a una vida digna hasta la imperiosa necesidad de una reforma judicial feminista, siempre con el horizonte de una vida libre de violencias, pasando por el reconocimiento de las tareas comunitarias y de cuidado que llevamos adelante sobre todo las compañeras hasta la urgencia en el cumplimiento del cupo femenino en las próximas elecciones de la CGT con la paridad en el horizonte. 

Como dijo nuestra comandanta de las mariposas, Lohana Berkins, “el tiempo de la revolución es ahora”.

Por Guadalupe Santana*, Florencia Trentini y Gisela Commisso**
*Secretaria de juventudes de la Asociación de Empleados del Poder Judicial de la Ciudad de Buenos Aires (AEJBA)
**Trabajadora lesbiana del Subte

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarse cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Notas