Batalla de Ideas

12 octubre, 2021

Edith Cavell, la enfermera que salvó a cientos de soldados y murió ejecutada

Considerada pionera de la enfermería moderna en Bélgica, durante la Primera Guerra Mundial ayudó a escapar a soldados aliados heridos de la ocupación alemana en Bruselas. Fue descubierta, acusada de espía y fusilada por el ejército alemán.

Edith Cavell nació el 4 de diciembre de 1865 en una localidad cercana a Norwich conocida como Swardestone. Era la mayor de cuatro hermanos.

Con 25 años empezó a viajar por Europa y a desempeñar diferentes trabajos: en Bélgica fue institutriz para los hijos de una familia de origen francés y más tarde en Austria conoció un hospital gratuito donde los enfermos eran atendidos sin tener que pagar nada. Este hecho impresionó tanto a la joven Edith que la marcó para toda su vida y despertó su vocación definitiva.

Cuando en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial, Edith Cavell estaba en Inglaterra visitando a su madre. Al enterarse de la noticia regresó a Bruselas para incorporarse a su puesto de trabajo. Por fortuna, tanto el hospital como la escuela para la que trabajaba se encontraban bajo el control de Cruz Roja. 

Unos meses después, en noviembre, Alemania invadió Bélgica y ordenó que “todos los heridos peligrosos o sospechosos” fueran sacados del hospital. Desde ese momento, Edith se dedicó no solo a curar a los soldados aliados sino a ayudarlos a escapar de la zona ocupada hacia los Países Bajos, país neutral, gracias a una red de evasión organizada y que violaba la ley militar impuesta por los alemanes.

Muchos soldados británicos se habían quedado rezagados en la retirada de las fuerzas aliadas y estaban atrapados en Bruselas. Cavell decidió ayudarlos ocultándolos en el hospital y en casas de seguridad, incluida la suya, en Bélgica. Desde estas casas seguras, alrededor de 200 militares británicos, franceses y belgas pudieron escapar a Holanda mientras ella continuaba actuando como enfermera y atendiendo a soldados heridos tanto del bando alemán como del aliado.

Haciendo caso omiso a las órdenes germanas, Edith habilitó un pabellón en el hospital donde atendía a escondidas a cuantos heridos llegaban hasta allí, fueran belgas o de cualquier otra nacionalidad.

Un espía alemán infiltrado descubrió la red de evasión, que fue neutralizada y acabó con la detención de varias personas, entre ellas Edith. Arrestada el 3 de agosto de 1915 junto con otros sospechosos, fue acusada de coser mensajes en el forro de los uniformes de los soldados a los que ayudaba a huir y de informar a los británicos de las posiciones alemanas. La enfermera fue conducida a la prisión de Saint Gilles, donde permaneció dos meses en régimen de aislamiento. 

Los juicios a los integrantes de la red tuvieron lugar el 7 y el 8 de octubre de 1915. Edith admitió los cargos y ni siquiera intentó defenderse. Entendía que no había hecho nada malo.

El 11 de octubre fue condenada a muerte por el tribunal militar alemán que la juzgó y la declaró culpable de traición. La condena sorprendió a muchos observadores internacionales dada la honestidad de Cavell y el hecho de que había salvado muchas vidas como enfermera, tanto aliadas como alemanas. 

Ante la policía alemana admitió haber asistido a escapar a 60 soldados británicos, 15 franceses, y 100 civiles franco-belgas.

Fue ejecutada el 12 de octubre de 1915. Después de la guerra, su cuerpo fue exhumado y escoltado a Gran Bretaña. En la Abadía de Westminster se llevó a cabo un servicio conmemorativo, y ella fue enterrada en la catedral de Norwich. Su fusilamiento está considerado como uno de los crímenes más atroces realizados durante la Primera Guerra Mundial.

“Todo el mundo debe sentir asco y repulsión ante esta acción barbárica del ejército alemán al asesinar a este gran y glorioso espécimen de ser humano”, escribió el escritor Arthur Conan Doyle.

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