Derechos Humanos

29 septiembre, 2021

Las últimas palabras de Vicki Walsh

El 29 de septiembre de 1976 María Victoria Walsh, militante montonera e hija del escritor y periodista Rodolfo Walsh, se suicidó luego de combatir contra más de un centenar de soldados que rodearon la casa donde se encontraba escondida.

Victoria García

@vicggarcia

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“Ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir”: se creyó durante mucho tiempo, se sigue creyendo hasta hoy, que con esas palabras Vicki Walsh habría consagrado su decisión de quitarse la vida frente frente a los más de cien soldados e integrantes de grupos de tareas que ejecutaron el descomunal operativo represivo de la calle Corro el 29 de septiembre de 1976, en plena dictadura. Solo después de pronunciar esas palabras, Vicki se habría llevado la pistola a la cabeza y encontrado, por sus propios medios y en sus propios términos, una muerte que le iba a llegar de todas maneras.

Y es que la circunstancia que enfrentaba junto a otros cuadros de Montoneros reunidos en aquella casa de Floresta tenía poco de “combate” -como se la designa a veces- y mucho de “masacre”, en la clave que el mismísimo Rodolfo Walsh, padre de Vicki, había instituido para denunciar la violencia de Estado que recrudecía ya desde los años 50. Fue Walsh padre, de hecho, quien difundió en su “Carta a mis amigos” esta versión de la muerte de Vicki: “Su lúcida muerte”, escribió allí Walsh, “es una síntesis de su corta, hermosa vida […] Su muerte fue gloriosamente suya, y en ese orgullo me afirmo y soy quien renace de ella”.

Las últimas palabras de Vicki se inscriben en la memoria popular, se oyen entre el murmullo de  discursos que la conforman, como un clamor de dignidad frente a la destrucción subjetiva intentada por la dictadura, y también como un gesto de resignación frente a la evidencia implacable de que la lucha, para ella y los otros compañeros emboscados, había acabado. Son palabras orales: surgen a la par del cuerpo y de sus movimientos, siempre irrepetibles y volátiles.

Walsh padre quiso fijarlas en la escritura, proyectarlas hacia la posteridad, cuando concibió la “Carta a mis amigos”. Este texto, junto a la llamada “Carta a Vicki” y la célebre “Carta de un escritor a la Junta Militar”, constituyen, a su vez, las últimas palabras de Rodolfo Walsh. Son, prácticamente, lo último que conocemos de su producción. Son palabras escritas, como corresponde al oficio de su autor. Y, sin embargo, no están exentas de mitologías y supersticiones.

Martín Kohan señala que, durante mucho tiempo, se creyó que el asesinato de Walsh, pocos meses después de la muerte de Vicki, había sido una represalia por la difusión clandestina de la carta a la Junta. Pero eso implicaba no solo alimentar la leyenda del escritor mártir sino también, y sobre todo, exagerar los poderes políticos atribuibles al texto escrito.

Oralidad y escritura no necesariamente se contraponen; a veces, se potencian mutuamente. Fue, de hecho, una palabra oral inscrita en la escritura, la de Patricia Walsh plasmada en Oración, el libro de María Moreno (2018), la que permitió introducir otros matices en la figura de su hermana mayor, que había cristalizado el relato de su muerte a cargo del padre de ambas.

El testimonio de Patricia, surgido de entrevistas con la escritora, es revelador. Cuenta que discutió con su padre sobre la “Carta a mis amigos” en la Nochebuena de 1976. Cuenta que ella, por un boca en boca que empezaba en un soldado partícipe del operativo de la calle Corro y llegaba hasta su excuñada, había sabido que quien había pronunciado aquellas palabras, “Ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir”, no había sido Vicki, sino el militante montonero que se encontraba con ella en la terraza de la casa. Que le había transmitido esa información a su padre tiempo antes, durante un encuentro en el Jardín Botánico, pero que él pareció no escucharla, y que debió insistir en ello al ver el borrador de la carta. Cuenta que Walsh se sintió muy contrariado al recibir la información por segunda vez, y que su compromiso fue reescribir el texto sobre Vicki.

No lo reescribió.

Otro testimonio incluido en el libro de Moreno, el de Juan Cristóbal Mainer, quien residía en la casa de Corro 105, le adjudica a Vicki palabras diferentes en su pronunciamiento antes de quitarse la vida: “Dijo ‘Viva la Patria’ y se pegó un tiro”.

Si así fue, entonces Vicki encarnaría la inversión de aquel conscripto del que hablaba Walsh padre en Operación masacre, cuya muerte el escritor había presenciado durante la represión al levantamiento de Valle. La sentencia es muy conocida: “Tampoco olvido que, pegado a la persiana, oí morir a un conscripto en la calle y ese hombre no dijo: ‘Viva la patria’ sino que dijo ‘No me dejen solo, hijos de puta’”. Quizás la inversión resida en que, en el momento de su muerte, Vicki no estaba sola, sino entre compañeros: aquellos con quienes, tiempo atrás, había elegido asociarse para cambiar el mundo y su propia vida.

Tal vez nunca sepamos a ciencia cierta qué dijo exactamente Vicki Walsh antes de morir. Pero, en el eco de los testimonios que llegan hasta hoy sobre su figura, ya en la forma de un “nosotros” que se resiste a la muerte impuesta o de una “patria” que se quiere viva, prevalece algo de esa apuesta colectiva, que fue suya y de toda una generación militante.

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