Géneros

24 septiembre, 2021

El feminismo popular redobla las apuestas

Les feministas populares insistimos en que el movimiento no se detiene, y sabemos que hoy nuestro desafío es cuestionar, discutir, proponer. Pero sobre todo, apostar a organizarnos y transformarlo todo.

Luego de las semanas que se vivieron en la Argentina post resultados de las PASO, se abren escenarios y configuraciones que requieren tanto análisis como reflexión, más la acción organizada y contundente, feminista y popular, desde quienes en todo el país construimos el movimiento de mujeres, feminista y de la diversidad. En estos años hemos aprendido a construir estrategias organizativas y de acumulación en distintos planos de la política, evidenciando que es posible traccionar agendas yendo “más allá” de lo posible.

Pero hoy hay resultados electorales que decantan de una crisis económica que golpea al conjunto de la sociedad, padeciendo la lenta generación de políticas distributivas, los bajos salarios, la inflación creciente, que trajeron como consecuencia – no tan sorpresiva-  la amenaza en retrocesos respecto de nuestras agendas. Un relato sobre las luchas y los derechos ganados jactados de “minorías”, acompañado de una denostación sobre lo que significan, el peso que tienen en la vida de millones, y finalmente una reconfiguración político institucional, en un gabinete que por diferentes  motivos  nos deja  sin dudas en un lugar que debemos advertir, estar atentes, por la complejidad o el retroceso que pueda significar. 

Como militantes feministas populares, nos pensamos desde las herramientas integrales de las que somos parte, espacios siempre heterogéneos vale decir, desde donde buscamos traccionar y poner sobre la mesa una agenda que por izquierda, por abajo, y con la voz del movimiento popular, haga fuerza para más y mejores políticas para las mujeres, lesbianas trans, travestis, bisexuales, no binaries, intersex, gays y marik[1] as.  Ya lo hicimos alguna vez, somos el movimiento que protagonizó, ganó y amplió derechos en este país, por eso tenemos aborto legal, seguro y gratuito, políticas específicas para la comunidad travesti trans, reconocimiento y DNI para personas no binaries, sin más, Ministerios de las Mujeres y la Diversidad en varias provincias como en el Estado Nacional.

Aún así sabemos cuánto falta, sabemos que no alcanza, somos parte de ese contexto en la Argentina porque somos las  mujeres y LGBTINB+ las más expuestas a los mayores niveles de desempleo y precarización laboral. Vemos y vivimos la realidad, nos impactan también los datos. Sin ir más lejos,  según el  informe “Las brechas de género en la Argentina Estado de situación y desafíos” de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía, las mujeres ganan, en promedio, un 29% menos que sus pares varones, brecha que se amplía para las asalariadas informales, alcanzando un 35,6%.

La mitad de quienes no consiguen empleo son jóvenes de hasta 29 años y, entre estas personas, son las mujeres quienes enfrentan las tasas más altas de desocupación de toda la economía con un 23%. La tasa promedio de la participación de las mujeres en el mercado laboral es de 49,2%, 21 puntos porcentuales más baja que la de los varones (71,2%). Si a esto le sumamos el porcentaje que supera el 85% de trabajo informal para las personas travestis y trans según los datos de la propia comunidad, los números de la feminización y travestizacion de la pobreza, esos que siguen siendo abrumadores porque en la puja distributiva la torta no se reparte, demuestran que seguimos siendo les más afectades.

Todo lo sucedido estos días nos recuerda que conocemos la incomodidad política y que la hemos atravesado en múltiples oportunidades. Y sabemos leerla también cuando todo se ordena en las coordenadas de la política tradicional (que muchas veces es más parecida al status Quo que a una herramienta de transformación). Por esto es que no naturalizamos la preocupación que nos genera el regreso al gabinete nacional de algunos personajes de la política tradicional que casualmente vienen de aquellos nichos conservadores que, enmarcados en una estrategia internacional de avanzada por derecha, buscan golpear una agenda emancipatoria atacando la tan denunciada “ideología de género”. Frente a eso, no tenemos ningún titubeo y nos convocamos a redoblar la apuesta, a seguir organizadas para garantizar y también para ampliar derechos y luchas.

Sabemos desde dónde hablamos, también sabemos desde dónde buscan atacarnos. Eso que llaman “sobre-representaciones” de minorías, es una agenda de derechos humanos, es la agenda LGBTINB+ y es una agenda popular, construida desde las bases, respaldada por su movimiento, por sus redes, por sus tejes y estrategias para ocupar lugares históricamente negados, lugares en los que esa derecha que mencionamos, no quiere que estemos y donde construyen resistencia también aquellos que buscan sostener sus privilegios. Sin embargo, estamos decidides, no vamos a dejar que nos vuelvan a dejar al margen de nuestros propios derechos, somos parte del pueblo trabajador que lucha y gana, y somos también el movimiento que vino a discutir todo el status quo, sabiendo que siempre nos iban a querer bajar. Pero somos mayoría, tenemos y somos historia y no tenemos miedo, pero si estamos en alerta.

Nos merecemos como movimiento un balance justo, aunque abierto y plagado de contradicciones, respecto de la nueva institucionalidad que estamos desplegando y construyendo. Que pueda reconocer las políticas públicas construidas en diálogo con las organizaciones, así como otras de avanzada que ubican hoy a la Argentina como un país con mayor cantidad de políticas en la materia.

Si tenemos alguna certeza es que la garantía no estará nunca en la (exclusiva) audacia de tal o cual dirigente, en la jugada magistral de mover figuras y habilitar los juegos de otros poderosos. Estamos convencides que la única garantía es el movimiento, y el movimiento organizado. Es esa exigencia imparable, que sobre todo en 2015 se hizo visible, masiva y que marcó agenda, aquel movimiento que fue ejemplo construyendo el primer paro nacional a Mauricio Macri y a sus políticas de ajuste.

Se trata entonces de organizarnos, se trata de exigir y de profundizar nuestras reivindicaciones en clave de integralidad y radicalidad, por eso seguiremos militando para ganar la reforma judicial feminista, el pleno reconocimiento de las tareas de cuidado, y desde ya la necesidad de profundizar sin dilaciones políticas distributivas que afronten con contundencia la creciente feminización de la pobreza. Se trata de recuperar las calles, y  cada territorio dónde hoy probablemente exista una olla, un merendero, un comedor, una ronda. Tejer redes fuertes que construyan las resistencias y que forjen los avances que nos faltan.

Nuestros derechos nunca están del todo conquistados, dijo alguna vez Simone de Beauvoir. Les feministas populares insistimos en que el movimiento no se detiene, por eso apostamos a la organización, al espacio colectivo de elaboración de esa política que si es transformadora porque es integral, que viene a llenar de preguntas y de pedagogías necesarias, que esta tramándose todos los días en cada espacio que habitamos todas, todes y todos.

Por Antonella Gramajo, Guadalupe Santana y Valentina Bianchi, integrantes de Mala Junta – Soberana

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