El Mundo

21 septiembre, 2021

Un fantasma recorre Alemania: ¿un gobierno integrado por la izquierda?

Aunque perdería una buena cantidad de votos respecto a elecciones pasadas, Die Linke podría tener un rol clave en el próximo gobierno del país europeo. Desde el partido de Merkel agitan el “terror rojo” en busca de una remontada que parece imposible.

Nicolás Zyssholtz

@likasisol

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Desde hace al menos dos semanas, los intentos de la democracia cristiana alemana para permanecer en el gobierno se centraron en una única estrategia: agitar el terror rojo, es decir la posibilidad de que un futuro gobierno liderado por los socialdemócratas esté integrado por Die Linke (La Izquierda), partido que se ubica sexto en las encuestas pero igual accedería a una importante representación parlamentaria.

La organización, que lleva una candidatura paritaria a la cancillería integrada por Janine Wissler y Dietmar Bartsch, va camino a un retroceso electoral de al menos tres puntos: en 2017, fue la quinta fuerza con 9,2% de los votos, y en 2013 había sido la tercera, aunque con un porcentaje ligeramente menor, 8,5. Ahora, las encuestas le otorgan entre un 5 y un 6 por ciento de la intención de voto, lo cual le daría derecho a alrededor de 50 de los 730 integrantes del Bundestag (Parlamento Federal).

Esos números le permitirían ser el socio minoritario de un gobierno de coalición con el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD, por sus siglas en alemán) y Los Verdes. Este acuerdo, llamado rot-rot-grüne, es uno de los tres posibles en caso de que los números de las encuestas se prueben ciertos el próximo 26 de septiembre. Las otras dos son la coalición semáforo (por el rojo del SPD, los verdes y el amarillo que representa al Partido Liberal Democrático, FDP) y la gran coalición, en la que socialdemócratas y demócrata cristianos comparten gobierno, como ocurre desde 2017.

Tanto Olaf Scholz, candidato del SPD y favorito para asumir como canciller, como Annalena Baerbock, candidata verde, se distanciaron en las últimas semanas de Die Linke, especialmente en lo que refiere a política exterior. Sin embargo, no descartaron la posibilidad de integrar un gobierno tripartito; en ambos casos, la preferencia es que el tercer socio sea el liberal-conservador Christian Lindner, líder del FDP, aunque no estarían dispuestos a aceptar su petición de hacerse cargo del Ministerio de Finanzas.

¿Qué es Die Linke?

La Izquierda se fundó en 2007 como la unión de dos partidos: el Partido del Socialismo Demócratico (PDS), heredero del Partido Socialista Unificado (SED) que gobernaba la República Demócratica Alemana, y el WASG, una fractura por izquierda del SPD liderada por Oskar Lafontaine, que presidía el partido socialdemócrata cuando rompió con el gobierno de Gerhard Schröder por sus políticas de flexibilización laboral.

Se trata entonces de un caso único en la política alemana: es el primer partido “mixto” desde la caída del Muro de Berlín, formado por uno de origen oriental y otro de origen occidental.

A pesar de esto, su fortaleza electoral está concentrada en el este, donde tiene representación parlamentaria en todos los estados y uno de sus principales dirigentes, Bodo Ramelow, gobierna Turingia desde 2014. Además, integran coaliciones como socios minoritarios en dos de las tres ciudades-estado alemanas: Berlín y Bremen.

La particularidad es que, en los tres casos, lo hacen en el marco de acuerdos rot-rot-grüne, el mismo que desde la derecha se busca plantear como un hecho novedoso que supondría, de alguna manera, el fin del país.

El estado de Turingia y el gobierno de Ramelow mucho tienen que ver con el panorama electoral actual: a principios de 2020, Annegret Kramp-Karrenbauer, que había sido ungida como líder de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y su probable sucesora por Angela Merkel, decidió apoyar, junto con la ultraderecha de Alternativa por Alemania (AfD), a un candidato del FDP en vez de abstenerse y permitir que continúe el gobierno de Die Linke. Esta decisión, que implicó romper el cordón sanitario, le costó a Kramp-Karrenbauer su cargo como presidenta del partido y su candidatura para las elecciones.

Bodo Ramelow, ministro presidente de Turingia, saluda a la canciller, Angela Merkel

Subidos al ring

Die Linke nunca tuvo mayor protagonismo en una elección federal, y es una verdadera paradoja si se tiene en cuenta que (de nuevo, si las encuestas aciertan) va camino a realizar su peor elección desde su presentación, en 2009. Su porcentaje más bajo hasta ahora fueron los 8,5 puntos que obtuvo en 2013, muy por encima de los 6 que se esperan como techo el próximo domingo. Además, por primera vez quedaría como la fuerza menos votada de aquellas que tienen representación en el Bundestag.

Ramelow, en una entrevista con Andreu Jerez para El Periódico, agradece la publicidad: “Cuando alguien pregunta públicamente si el resto está dispuesto a colaborar conmigo o mi partido, me hace gracia, me parece divertido. Y como mi partido tiene actualmente un 6% de intención de voto, entonces sólo puedo decir que los insultos contra Die Linke son más que bienvenidos”.

En ese mismo reportaje, el ministro-presidente de Turingia afirma trabajar “abiertamente por un gobierno tripartido entre socialdemócratas, Los Verdes y Die Linke”. “Creo que una nueva Gran Coalición bajo el liderazgo del socialdemócrata Olaf Scholz supondría un estancamiento”, dice refiriéndose a la posibilidad de un nuevo gobierno conjunto SPD-CDU. Además, tiende puentes respecto a sus posiciones políticas sobre la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la Unión Europea, y asegura: “Me gustaría que el SPD volviera a hacer política socialdemócrata”.

Pero cuidado con las fantasías: un gobierno rot-rot-grün no se parecería al de Portugal, donde el Partido Verde es de izquierda y el Bloque de Izquierda es el segundo partido más votado, ni al de España, donde Podemos ocupa cuatro ministerios y la vicepresidencia del gobierno liderado por el Partido Socialista Obrero Español. Además, la dirección del SPD está claramente a la derecha del socialismo portugués e, incluso, del español. En Alemania, la presencia ejecutiva de Die Linke sería casi imperceptible, aunque, claro, muy fuerte desde lo simbólico.

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