Géneros

3 agosto, 2021

La violencia política y de género como arma de disciplinamiento

El ataque misógino perpetrado por el diputado nacional de Juntos por el Cambio Fernando Iglesias contra la actriz y conductora televisiva Florencia Peña debe ser sancionado, ya que se trata de un representante del pueblo.

“Me permito decir que estos escándalos sexuales alrededor… porque la vida privada es la vida privada y la residencia presidencial es la residencia presidencial”, atinó a decir el diputado nacional de Juntos por el Cambio Fernando Iglesias en una entrevista con el canal televisivo TN, refiriéndose a las visitas que recibió el presidente Alberto Fernández en la Quinta de Olivos durante el comienzo del aislamiento por el coronavirus. Entre otras personas, recibió a Florencia Peña, que se acercó a la residencia presidencial para exponer la situación de los actores y actrices durante la pandemia.

Sin embargo, por el simple hecho de tratarse de una mujer expuesta mediáticamente, el diputado consideró que la visita de Peña al mandatario era un “escándalo sexual”. “Para mí, la señorita iba a ayudarlo a encontrar la perilla que enciende la economía para poner a la Argentina de pie”, acotó en sus redes sociales, a lo que su par de banca Waldo Wolff contestó: “Pero ella de rodillas, ¿no?”.

En su programa «Flor de equipo», Peña cuestionó al diputado: “Si estuvieron tantos hombres importantes pidiendo lo mismo. Tantos productores importantes, tantos hombres importantes.¿Yo tengo hoy que salir a a aclarar que no soy el gato del Presidente? ¿Yo tengo hoy que salir a aclarar en mi programa que no soy la petera del Presidente?”. Además, aseguró que iniciará acciones legales por las agresiones misóginas que recibió.


Estos dichos exponen claramente distintos tipos de violencia de género: política, simbólica y mediática. El objetivo fue claro: mandarle un mensaje aleccionador a todas las mujeres que se meten en política, sobre todo a las pibas y a las que asumen un compromiso con los sectores populares. De hecho, no es la primera vez que Florencia Peña recibe agresiones misóginas a través de los medios, sobre todo desde que expresó posturas políticas vinculadas al peronismo.

La Ley Nacional 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la violencia contra las mujeres tipifica en su artículo 6°, inciso F, la “violencia mediática”. Esta es definida como “aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres”.

La misma normativa contempla a la violencia política como parte de las violencias de género, y la define como “aquella dirigida a menoscabar, anular, impedir, obstaculizar o restringir la participación política de la mujer, vulnerando el derecho a una vida política libre de violencia y/o el derecho a participar en los asuntos públicos y políticos en condiciones de igualdad con los varones”.

Además, el escrito también comprende que la violencia simbólica es aquel mecanismo por el cual “a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad”. En el caso de que se ejerzan este tipo de violencias, la normativa comprende una serie de sanciones y especifica que «la parte damnificada podrá reclamar la reparación civil por los daños y perjuicios».

Por otro lado, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará), firmada en el año 1994, agrega que el derecho de toda mujer a una vida libre de violencia incluye “el derecho a ser valorada y educada libre de patrones estereotipados de comportamiento y prácticas sociales y culturales basadas en conceptos de inferioridad o subordinación”.

La diputada nacional por el Frente de Todos, Gabriela Cerruti, presentó un pedido de expulsión de Fernando Iglesias del Congreso, basándose en lo establecido por el Artículo 66 de la Constitución Nacional, que dispone que “se podrá con dos tercios de votos, corregir a cualquiera de sus miembros por desorden de conducta en el ejercicio de sus funciones, o removerlo por inhabilidad física o moral sobreviniente a su incorporación, y hasta excluirle de su seno”.

Cerruti justificó el pedido contra Iglesias en razón “de sus manifestaciones públicas instando a la violencia y al odio contra las mujeres, y sus acusaciones basadas en suposiciones que poseen un alto contenido de violencia de género mediática, simbólica, política y psicológica, dañando la moral y el nombre de periodistas y actrices de nuestro país por la única razón de ser mujeres”. 

Al igual que la diputada, distintos sectores de la sociedad también expresaron su rechazo a estas injurias machistas: la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (Fatpren), la agrupación Actrices Argentinas, el colectivo de Mujeres Gobernando y Periodistas Argentinas, entre otros.

“Una vez más Fernando Iglesias es noticia por sus dichos misóginos. No podemos ni debemos normalizarlo. El diputado Iglesias es un representante del pueblo y sus posicionamientos son los de un funcionario público, con la responsabilidad que ello exige”, apuntó la ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta. Y añadió: “Agredir a las mujeres para ganar debates políticos estériles es una actitud cobarde y violenta”.

En definitiva, Fernando Iglesias vuelve a poner al cuerpo, el deseo y la sexualidad de las mujeres en el banquillo. Usando esto como un arma para desvalorizar y disciplinar. Cómo si las mujeres no pudieran vivir su sexualidad, su deseo, disfrutar de sus cuerpos y además hacer política y militar. Para Iglesias y el machismo aparentemente la única militancia posible, la única forma de entrar y llegar a lugares para las mujeres es a través de los genitales. Posturas que atrasan como atrasa la derecha misógina que quiere a las mujeres débiles y sumisas.

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