Géneros

20 julio, 2021

“Encontré una salida a la cárcel del género de nacimiento gracias a la docencia”

Leo Mburucuja fue la primera persona transgénero en ser designada directore de una escuela en la Ciudad de Buenos Aires. Dialogamos con elle sobre su experiencia y los desafíos que tuvo que afrontar en el ambiente laboral.

Alicia García Tuñón

@AliGarciaTunon

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Leo Mburucuja es docente en dos escuelas de reingreso del nivel medio. Da clases de Historia desde 2008, aunque se define como escritore. Como le gusta decir, tomando las palabras de la psicóloga social y activista trans Marlen Wayar, viene siendo travesti desde 2018 y empezó a hacer pública su identidad autopercibida en sus lugares de trabajo a principios de 2019. Hace muy pocos días, Leo pudo hacer su cambio de DNI. Fue la primera persona transgénero en ser designada directore de una escuela en la Ciudad de Buenos Aires. Fue nombrade por orden de mérito, por puntaje en  la Escuela Media N° 1 del barrio de San Cristóbal tal como acceden todes les directives a sus cargos. Su suplencia fue breve, pero marcó una diferencia tanto personal como para el colectivo travesti-trans.

-¿Cómo fue tu experiencia desde que decidiste expresarte con tu género autopercibido?

-Una tormenta desencadenada. Me habilité a hacer pública mi transición de género hace muy poco, en febrero de 2019, a raíz del fallecimiento de un estudiante trans en una escuela de Soldati donde trabajé doce años. La alegría enorme, la felicidad absoluta, el fin de una frustración de 36 años, pero al mismo tiempo la comprobación en carne propia de la violencia cotidiana y sistémica contra las femineidades y las personas trans-travestis. Una batalla de todos los días por enfrentar lo último para defender lo primero. Lohana decía de una manera maravillosa que había que tener coraje para ser mariposa, pero creo que tenemos que seguir luchando para terminar con una sociedad que obliga a ser corajuda para animarse a ser lo que queremos ser.

-¿Cómo es la relación de las escuelas con les estudiantes, con les docentes que deciden visibilizar y romper con el binarismo?

-La escuela es un ámbito en donde el abuso y la violencia patriarcales son cotidianos. Las escuelas siguen siendo instituciones que desde su matriz son patriarcales y a la vez están construidas para reproducir esta forma de estar en el mundo y sostener un modelo de familia heteronormada. No se trata sólo de falta de empatía o no o de visibilización, sino que fundamentalmente las normas sostienen y avalan esa estructura patriarcal.

-¿Qué sentiste cuando te ofrecieron el cargo de directora?

-Me lo ofrecieron justo el día de la visibilidad trans, el miércoles 31 de marzo y justo antes del comienzo de Semana Santa. Sentí que había una señal del universo. Me tomé el fin de semana largo para pensarlo y como nunca tuve la inclinación de que mi carrera docente fuese hacia esa meta, la dirección escolar, el elemento que terminó decidiéndome a aceptar poder demostrar que una persona transgénero, una feminidad travesti, está a la altura de un rol directivo en una escuela.

-En este corto período, ¿cómo fue la reacción del resto de les directores y del Ministerio?

-No puedo dejar de decirlo, el Ministerio de Educación promueve una integración meramente formal. Las leyes que protegen a las niñeces y juventudes de la vulneración de derechos, así como la Ley de Identidad de Género y las leyes contra la violencia de género existen sólo en las declamaciones, pero tienen que ser militadas a niveles de máxima exigencia para que se cumplan, poniendo el cuerpo todo el tiempo por un montón de compañeres.

El desconocimiento real desde docentes y auxiliares hasta directives es abrumador. Falta mucha capacitación, mucha empatía. En estas cuatro semanas he sido maltratada en masculino por directives, supervisores, abogades en medio de una capacitación legal sobre violencia de género.

-¿Y en tu escuela cómo te recibieron?

-En la escuela donde trabajo claramente me recibieron bien. Allí tuve el apoyo y sostén de mis compañeras de trabajo de casi quince años (los compañeros son los que más les cuesta) y lo más maravilloso fue la reacción de estudiantes mujeres (cis y trans) de alegría por todo, por mi salida del clóset y por mi llegada a la conducción. Son mi fuerza, mi sostén y sobre todo, mi orgullo.

Hace muy poco tiempo hiciste el cambio de nombre en el DNI, ¿qué significó para vos tener tu nuevo documento que avale tu identidad?

-Qué se yo, se trata de una formalidad legal que se me hizo necesidad y urgencia porque no soportaba más mostrar mi identidad muerta cada vez que pagaba un café o una birra, y algunos postnets todavía requieren de mostrar el DNI para pagar. El «trámite» fue muy fuerte, ya que de alguna forma se trata de ocupar el rol de tus progenitores en el Registro Civil, borrar sus decisiones de hace 44 años y corregir mi identidad con dos nombres de pila y una letrita distintas. Y de alguna forma describe la presión y el desgaste de sostener una identidad transgénero, porque asumís tu propia maternidad, sos tu propia mamá, te maternás sin tener un manual con todas las soluciones

¿Cómo creés que va a impactar en la comunidad travesti trans la aprobación de la Ley de Inserción y Cupo Laboral “Lohana Berkins – Diana Sacayán”?

-En estos años, mi experiencia es la comprobación de una vieja intuición de Lohanna Berkins, quien batalló siempre para ampliar el acceso al trabajo registrado para las travestis, con el objeto de que tengamos más opciones que la prostitución. Yo nunca me prostituí hasta ahora y si pude tener la dicha de encontrar una salida de la cárcel del género asignado al nacer fue gracias a la docencia. No sólo por las garantías del Estatuto Docente (y vaya mi homenaje a setenta años de lucha docente) sino por la existencia de un sindicato y de delegadas sindicales que me ayudaron en la batalla de no perder el laburo por mi autopercepción.

Para una persona transgénero, para una identidad disidente, para una persona con un deseo disidente es muy importante tener un trabajo registrado, formal. No hubiera podido seguir sin mi trabajo como docente. Para decirlo sencillo, con un trabajo registrado, con convenio y sindicato las posibilidades de sostener materialmente la identidad autopercibida son mayores para quienes venimos de familias obreras y dependemos de un salario para vivir. Es un acto de justicia para la lucha de nuestra colectiva, que no es de ayer pero que lamentablemente se la reduce a aplaudidora y agradecedora del gobierno de turno.

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