Batalla de Ideas

1 julio, 2021

Separados por el Cambio

Despues de retener el bastión Pro, Horacio Rodriguez Larreta parecía tener todo en orden para las presidenciales de 2023. Pero los efectos de la pandemia, el crecimiento de una derecha fachistoide con olor a represión y la falta de conducción unificada en Juntos por el Cambio pusieron todo en duda. Patricia Bullrich, Gerardo Morales y hasta Mauricio Macri se subieron a la carrera. ¿Quién ganará?

Hernán Aisenberg

@Cherno07

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Equipo que gana no se toca

Esta máxima resultadista futbolera, ¿es trasladable a la política? El peronismo tiene su propia adaptación que se cumple bastante: “Quien gana conduce y quien pierde acompaña”. No solo funciona con el peronismo. En general, cualquiera que gana elecciones logra acercarse bastante a esa tesis.

Macri, por ejemplo, desde que ganó sin aparato político la jefatura de Gobierno en 2007 (o quizá desde su triunfo en Boca), se constituyó como “conductor” de un espacio político, de una nueva fuerza partidaria que fue sumando estructura y dirigentes creciendo tanto en influencia y acuerdos, hasta el punto de sumar orgánicamente una parte de la Unión Cívica Radical (UCR) y superar así, el tradicional bipartidismo que en Argentina tenía más de 80 años de vigencia. 

Sin embargo, su derrota (sin reelección) para presidente y también la de su posible sucesora en la provincia de Buenos Aires, pusieron en duda todo ese acumulado y la grieta empezó a cruzar por el medio de Juntos por el Cambio. Empezó menos visible con dirigentes de segunda línea que se alejaron ni bien se perdieron las elecciones (Monzó, Frigerio o Massot), pero el inicio de la pandemia fue agrandando los debates públicos y la cercanía de las elecciones de medio término las expuso de par en par.

Con Macri sin cargos públicos y corrido de las primeras planas de las secciones de política y con Vidal derrotada, el único de los fundadores del experimento macrista que se mantenía victorioso era Horacio Rodríguez Larreta que sostuvo cómodamente el bastión y que, sin posiblidad de reelección, se perfilaba como principal presidenciable PRO.
Pero todavía quedaban por delante cuatro años de gestión donde debían sostener ese piso de legitimidad hacia adentro y hacia afuera. Asumiendo el compromiso de que Martín Lousteau sea su reemplazo en el ejecutivo porteño, el jefe de Gobierno actual se aseguraba el apoyo radical para su candidatura presidencial, mientras que la derrotada mimada por los medios podía volver a disputar la provincia apoyando a Horacio a nivel nacional. Pero por supuesto que nadie planificó una pandemia mundial.

Al llegar el COVID-19 en marzo del año pasado, Larreta decidió darle prioridad a la gestión, acordar medidas sanitarias con Alberto Fernández y Axel Kicilloff. Eso generó discusiones internas. Especialmente por el crecimiento de una derecha global que se vende como liberal, pero que tiene ribetes de violencia conservadora y racista. El miedo de varias referencias del Pro de perder votos por derecha que eran su caudal garantizado para disputarle el gobierno al Frente de Todes, generó los primeros desacuerdos internos.

El crecimiento de la derecha reaccionaria y el rol de los medios

Con los primeros meses de cuarentena, llegaron el miedo y la paranoia social propias de un virus mundial desconocido, y así empezaron a verse en las calles las primeras manifestaciones públicas de una “nueva vieja” derecha a nivel mundial que también tenía su expresión local. Disfrazada de antipolítica y antiestatal comenzaba a criticar las medidas sanitarias, minimizando el peligro, burlándose de las políticas de cuidado, quemando barbijos y hasta desconociendo lo que pasaba en hospitales y centros de salud.

Disfrazada de antipolítica y antiestatal comenzaba a criticar las medidas sanitarias, minimizando el peligro, burlándose de las políticas de cuidado, quemando barbijos y hasta desconociendo lo que pasaba en hospitales y centros de salud.

Estos discursos calaron hondo en un grupo de dirigentes autodenominados “liberales” o “libertarios” que se sumaron a las movidas callejeras de caracter más “espontáneo” y construyeron una épica rebelde aprovechando que las normas de cuidados relacionadas a quedarse en casa impidieron que los movimientos populares ocuparan el espacio público como es costumbre. Espert, Milei y López Murphy fueron presentando sus espacios políticos y sus candidaturas sabiendo que representaban a un movimiento creciente en Europa, EE.UU. y otros lugares del mundo, especialmente dentro la juventud.

Los medios monopólicos se subieron al clima callejero criticando las medidas tomadas por el gobierno nacional sin necesidad de fundamentos ni información que los respalde y exigiendo a la oposición que ocupara su rol. Detrás de ellos, como siempre, emergieron algunos dirigentes de Juntos por el Cambio, especialmente los que no tenían responsabilidades de gestión. Patricia Bullrich, Elisa Carrió, Fernando Iglesias y Waldo Wolff entre otros sin miedo al ridículo, se hicieron fuertes repitiendo el mensaje mediático y acercando sus posiciones a esta derecha aun marginal pero creciente. 

Así fue que el espacio “tibio” (liderado por Larreta) empezó a perder legitimidad por un lado y por el otro. Hacia adentro por sostener una moderación y diálogo con el oficialismo, y hacia afuera porque para no aislarse en la tibieza, tuvo que tomar distancia de los acuerdos de gestión que se habían logrado al inicio de la pandemia. Primero fue el debate sobre la coparticipación y los recursos para la policía, luego la discusión por los runners, los criterios distintos sobre cuales son las prioridades y los trabajos esenciales. Finalmente, contando con el apoyo del poder judicial, el gobierno porteño desató la gran pelea con el gremio docente por la presencialidad o virtualidad educativa.

¿Los trapitos se lavan en casa?

Con Bullrich ya lanzada como candidata en la Ciudad de Buenos Aires, con el intendente Jorge Macri y les diputades Carrió y Wolff como candidates en la Provincia, el ala dura del Pro empezó a recorrer el país reconstruyendo un frente opositor bien reaccionario (visitando Formosa, Entre Ríos junto a Etchevehere o Jujuy junto al gobernador Morales, entre otros), mientras que proponían acercamientos a López Murphy, Espert, Cachanovsky y otros referentes liberales.

Incluso Mauricio Macri recién llegado de sus vacaciones pareció elegir ese lado sin descartar una nueva candidatura propia. Puso en duda la existencia de la pandemia y la gravedad del virus. Criticó la cuarentena, las respuestas del gobierno para paliar la crisis, la llegada de la vacuna rusa, la falta de vacunas, las restricciones a los vuelos. En resumen, criticó todo lo que pudo, incluso últimamente se lo ha escuchado criticando medidas que meses atrás habían sido exigencias innegociables de su propio espacio.

Mientras las internas del Pro iban quedando más expuestas que nunca, el sector “moderado” sacó a jugar su carta más fuerte, su as en la manga: Maria Eugenia Vidal y Diego Santilli trocando de distritos electorales. El vicejefe de Gobierno al acompañar la fórmula dos mandatos tampoco puede reelegir y la ex gobernadora seguía sosteniendo una figura de consenso hacia el interior. 

Sin embargo al retomar su presencia quedó claro que comparte un discurso en la línea de la “moderación”. Cuidadosa con las medidas sanitarias, crítica de Macri y de la línea más “tirapiedras”, adelantó que tiene domicilio en CABA y que electoralmente hará lo que su partido le demande pero que ella veía con buenos ojos aprovechar las PASO. Esto no solo hizo enojar al ala más conservadora del Pro que no quiere dirimir candidaturas en unas PASO con Vidal, sino que también puso en alerta a la UCR que vio amenazado el compromiso asumido por Larreta. 

Esto no solo hizo enojar al ala más conservadora del Pro que no quiere dirimir candidaturas en unas PASO con Vidal, sino que también puso en alerta a la UCR que vio amenazado el compromiso asumido por Larreta

Estos últimos, sabiendo la fuerza federal con la que cuentan basada en su estructura centenaria, aprovecharon el adelantamiento de las elecciones de Jujuy para posicionar al gobernador Morales entre los presidenciables de Juntos por el Cambio, compartiendo la foto con el neurólogo Fernando Manes, posible candidato a gobernador en la Provincia; con el senador Martín Lousteau que retoma su idea de ser jefe de Gobierno en CABA, y con otros dirigentes nacionales como Josefina Mendoza y Juan Manuel Cano.

Si bien Loustau aprovechó la tribuna de TN para bajarle el precio a la interna, dejó claro que ahora ellos quieren habilitar la discusión para que las PASO diriman los próximos candidatos y candidatas del espacio. 

Ellos también, al igual que el ala más reaccionaria, mantienen algunos aliados por fuera de Juntos por el Cambio a los que podrían acercar a una gran paso opositora: Margarita Stolbizer, Luis Juez en Córdoba, el socialismo de la provincia de Santa Fe y la reaparición sorpresiva de Florencio Randazzo que mantiene su postura de participar de espacios opositores.

¿Cómo terminará?

Habrá que prestar atención a cómo continua esta novela de cara al 2023 porque podría tener varios finales. Desde cerrar en una gran PASO reuniendo sectores muy disímiles entre sí corriendo el riesgo de dificultarse la gestión de los espacios que les toque gobernar, hasta disolver y dispersar a la oposición allanando el camino al oficialismo. 

Una sola cosa es segura. Nadie en el espacio de Juntos por el Cambio está pensando en la pandemia, en los cuidados ni en los protocolos. Solo les importa sacar provecho a estas elecciones 2021 que más poner a prueba a la nueva gestión como otras elecciones de medio término, acá parece que el examen está apuntado a la capacidad de la oposición de mantener su unidad.

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