Batalla de Ideas

8 abril, 2021

Notas Psi: el caso Sidonie y la joven heterosexual (I)

Dos mujeres. Dos casos clínicos de Freud. A una, la nomina a partir de su orientación sexual. A la otra, como histérica, aunque con el seudónimo “Dora”. Nominaciones no ingenuas que aportan gran valor para entender la conceptualización de “la mujer” en el psicoanálisis.

Agustina Toso*

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En la nota “Freud y el feminismo: un recorrido histórico” me propuse comprender qué época del feminismo había sido contemporánea a la creación del Psicoanálisis. A partir de allí intenté tener un acercamiento a la valoración que Sigmund Freud tenía acerca de las mujeres y cómo eso había influenciado en la construcción de su teoría acerca de la sexualidad femenina. Mencioné algunas de las mujeres con las que él se había vinculado. En esta oportunidad me detendré en dos de ellas: Sidonie Csillag e Ida Bauer. Se trata de dos jóvenes que han estado en tratamiento con Freud y cuyos casos han sido titulados como Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina y Fragmento de análisis de un caso de histeria. A partir de su lectura, entre la homosexualidad femenina y la histeria: ¿Qué concepción de mujer construye Freud?

Ambas tuvieron en su juventud un intento de suicidio. Sidonie se había arrojado a las vías del tren e Ida había dejado una “carta de despedida”. Por tal motivo, los padres de cada una de ellas solicitan a Freud el tratamiento con el fin de que las “ponga en camino”.

Comenzaré por Sidonie por ser el caso menos cuestionado. Se suele pasar por alto incluso el hecho de que Freud no le inventó un seudónimo, como sí lo hizo con Dora (Ida Bauer). En su caso, siempre es nombrada como “la joven homosexual”. Ochenta años después, sus biógrafas Inés Rieder y Diana Voigt la reivindican con el seudónimo “Sidonie Scillag”.

Su padre recurre a Freud en 1919 cuando se da cuenta de que con las amenazas no es suficiente: no soporta que su hija se muestre en público junto a la Baronesa Leonie von Puttkamer. Le solicita que vuelva a su hija a “la normalidad”. La orientación sexual era un problema para ese padre, no así para su hija. Sin embargo, Sidonie, en el afán de hacerle creer a Freud y a su padre que el tratamiento era efectivo, concurre todos los días a su análisis y les promete que no se verá más con Leonie. Mientras tanto, ellas se frecuentan a escondidas y Sidonie le cuenta a Leonie su fastidio por tener que realizar esa terapia: ¡Ese viejo hace preguntas incómodas y afirma cosas increíbles!

Luego de un tratamiento de cuatro meses, Freud concluye afirmando que en ocasiones “se exagera la fijeza entre los caracteres somáticos y la elección de objeto”, que “el psicoanálisis no tiene como misión solucionar el problema de la homosexualidad” y que “la terapia de una homosexualidad femenina es a primera vista del todo oscura”. Sin embargo, durante el desarrollo del caso clínico, él mismo establece una fijación entre lo somático y la elección de objeto y, además, ¿por qué considera a la homosexualidad un problema? ¿Por qué la homosexualidad femenina se le presenta como oscura?

Es el Complejo de Edipo lo que lo lleva a establecer una fijación entre lo somático y la elección de objeto. Se parte de un complejo de Edipo heterosexual como norma que puede sufrir “desvíos” en su recorrido. El caso Sidonie lo lleva a preguntarse cuáles fueron las fuerzas que “trasportaron la libido de la muchacha desde la actitud normal del Edipo a la de la homosexualidad”. Es decir, se pregunta cómo habiendo nacido mujer no ha elegido a un hombre como objeto de amor.

En términos psicoanalíticos, Freud traduce la propuesta del padre de su paciente como una demanda a “transportar una variante de la organización genital sexual a otra”. Se creía que, transportando la zona erógena del clítoris a la vagina, se produciría un pasaje de la homosexualidad a la heterosexualidad. Una vez más, aparece la fijación entre caracteres somáticos y elección de objeto, y es que así lo conceptualiza en sus “Tres ensayos” cuando asocia pregenitalidad con homosexualidad y genitalidad con heterosexualidad. También se pregunta si la homosexualidad en Sidonie era innata o adquirida y si ella tendría “caracteres somáticos” del otro sexo que condicionaran su elección.

Para aplicar la teoría edípica, Freud toma como referencia que Sidonie entre los trece y catorce años presentó simpatía por un niño pequeño. Freud piensa que en aquel momento tuvo que haber estado dominada por el deseo de ser madre. Por eso afirma que antes su libido estuvo depositada en la maternidad y que después quedó suspendida. Los motivos de tal suspensión, sostiene Freud, se dieron cuando Sidonie se encontraba en la pubertad en “fase de refrescamiento del complejo de Edipo infantil” y se le hizo conciente el deseo de tener un hijo del padre. Pero en aquel momento, ese hijo lo tuvo su “competidora”, la madre. Es así que “amargada, dio la espalda al padre y aun al varón en general. Tras este primer fracaso, desestimó su feminidad y procuró otra colocación para su libido”. Así es cómo supone Freud que Sidonie se “trasmudó en varón” y tomó a la madre en lugar del padre como objeto de amor. Luego sus subrogados, otras mujeres. Ahora todo entra, aunque a la fuerza, en la matriz del Edipo.

Así es que Leonie sería para Sidonie un sustituto de su madre, y los paseos que daban juntas fueron leídos por Freud como dirigidos hacia el padre a modo de venganza: “Puesto que me has engañado, tiene que ocurrirte que yo también te engañe a ti”.

Cuando Freud le hace estas comunicaciones a Sidonie, ella acaba por perderle el respeto. En adelante le inventa sueños para poder ocupar las sesiones y tenerlo entretenido. Freud se percata del intento de engaño y decide interrumpir el análisis sugiriendo su continuación una médica. Considera que transfiere sobre él la desautorización de la figura masculina proveniente desde el padre.

A ella le generó un gran alivio finalizar ese tratamiento. Sin embargo, le quedaron resonando las últimas palabras que Freud le dijera al despedirse: “Usted tiene unos ojos tan inteligentes. No quisiera encontrarme en la vida con usted en calidad de enemigo”.

Quiero mencionar que Sidonie nació en el año 1900 y murió en 1999, fue perseguida por mujer, homosexual y judía. Pudo volver a su país luego del exilio por el nacismo en 1949 y en 1971 fue testigo de la despenalización de la homosexualidad en Austria.

Es frecuente que al abordar los casos clínicos psicoanalíticos se haga una lectura descontextualizada. Por ello propongo aplicar el concepto de interseccionalidad en Psicoanálisis para visibilizar cómo la intersección, por ejemplo, del género, la clase y la raza agravan la desigualdad y la opresión de las personas; y por ende condicionan el despliegue de la subjetividad.

Por último y en base al recorrido de este caso; es posible ubicar a la luz de los aportes de los estudios de género, feministas y LBGTTIQ+ las siguientes ideas acerca de la concepción de “mujer” y la sexualidad femenina en Freud. Si bien algunas de ellas son cuestionadas por él mismo, acaba por afirmarlas:

  • El binarismo de género y la cis heteronormatividad (toma como base la “diferencia anatómica de los sexos” para definir la orientación sexual. Si se nace mujer, tiene que sentirse atracción hacia el nacido varón; y si una mujer quiere conquistar a otra mujer, tiene que “mudarse a varón”)
  • El deseo materno como destino
  • La homosexualidad como un problema, como algo oscuro; asociada a la pregenitalidad
  • La heterosexualidad asociada a la genitalidad
  • La genitalidad como garantía de la reproducción, y la reproducción como destino
  • La correlación entre feminidad y orientación sexual (para Freud, Sidonie “desestimó su feminidad” y se “mudó a varón” para abordar a una mujer)
  • La posibilidad de una orientación sexual innata
  • Algunos rasgos de carácter de las mujeres: envidia, rivalidad con otras mujeres y pasión, en oposición a los rasgos de los hombres: inteligencia y fría claridad de pensamiento (Según Freud, Sidonie presenta indicios de “virilidad somática” porque es una mujer inteligente y racional)

Con el fin de continuar analizando la concepción freudiana acerca de “la mujer” en la próxima nota abordaré el caso clínico de “Dora, la joven heterosexual”.

*Psicóloga, profesora e investigadora. agustinatoso@gmail.com

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