El Mundo

29 marzo, 2021

Sobre Avruj, el Grupo de Lima y la democracia

El pasado 24 de marzo, el gobierno argentino oficializó su salida del Grupo de Lima. Ante esta noticia, se publicaron distintas opiniones por parte de referentes varios, en especial del arco opositor al gobierno nacional. Entre ellas la de Claudio Avruj, presidente del Museo del Holocausto y ex secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la Nación.

Valentino Cernaz

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Claudio Avruj comienza su nota titulada “Argentina, abrazada a un dictador” y publicada en Infobae, hablando de la “grieta” y el “relato populista”, cuestiones más propias de su crítica al gobierno nacional. Poco después, definirá al Grupo de Lima como “un foro de naciones democráticas americanas preocupadas por el futuro de aquel país” (es decir, de Venezuela).

Como mínimo, resulta extraño que se refiera de tal forma a un grupo que aceptó sin dudar el ingreso del Estado Plurinacional de Bolivia siendo que este fuera impulsado por Jeanine Áñez, ex presidenta de facto. Aunque algunos continúen reafirmando su negacionismo, el 10 de noviembre de 2019 Evo Morales fue derrocado mediante un golpe de Estado en Bolivia que tuvo tanta claridad en sus elementos que podría perfectamente ser utilizado como ejemplo de lo que es un derrocamiento en un manual de ciencias sociales de cualquier colegio secundario. Entre otras cosas, hubo una sugerencia de renuncia al presidente por parte del comandante de las Fuerzas Armadas, motines policiales, una figura de oposición que se autoproclama presidenta salteándose múltiples mecanismos constitucionales, un rápido reconocimiento por parte del gobierno de EE.UU. a la presidenta de facto, etcétera. Queda claro: fue un golpe de Estado.

Llama la atención en la extraña defensa de la democracia de Avruj el hecho de que formó parte de un gobierno que reconoció a Áñez como presidenta constitucional. Por otro lado, en aquel entonces, Jorge Faurie, quien fuera ministro de Relaciones Exteriores y Culto durante el gobierno de Macri, sostuvo que no había elementos para definir la situación que se estaba viviendo en Bolivia como un golpe de Estado. Una vez más, llamativo: en su nota, Avruj dice que “el Grupo de Lima, como bien explica el embajador Jorge Faurie, ex Canciller de nuestro país, tiene como objetivo ayudar a que Venezuela recupere su democracia”. ¿De verdad el mismo diplomático que no vio elementos para hablar de golpe en Bolivia es una buena opción para explicar los objetivos del Grupo de Lima? Si en noviembre de 2019 no supo cuánto era 2+2, es dudoso que ahora pueda explicarnos lo que sucede en Venezuela con la complejidad que ello conlleva. 

También podemos ver en el artículo de Avruj su preocupación por la represión y las violaciones a los derechos humanos. Lo raro en este punto es el hecho de que, al igual que lo hace el Grupo de Lima, pone el ojo exclusivamente sobre Venezuela e ignora los hechos sucedidos en otros países integrantes del grupo en cuestión. No sólo en Bolivia durante el gobierno de facto de Jeanine Áñez hubo hechos de violencia gravísimos (véanse las masacres de Sacaba y Senkata), también podemos enfocarnos en los asesinatos perpetrados por el gobierno de Sebastián Piñera en Chile durante las masivas movilizaciones que comenzaron en octubre del 2019 (y además, la gran cantidad de personas que perdieron al menos uno de sus ojos durante las mismas) o en la extraordinaria cantidad de líderes sociales asesinados año a año en Colombia durante el gobierno de Iván Duque (fueron más de 300 el último año según el Indepaz). Y ni hablar de lo que sucede en Haití, también miembro del Grupo de Lima, donde han muerto al menos 17 personas según la Réseau National de Défense des Droits Humanis (RNDDH), entre ellas 2 menores de edad, en el marco de múltiples protestas contra el presidente Jovenel Moïse que se sucedieron entre septiembre y octubre de 2019.

Otro presidente preocupadísimo por la democracia venezolana es el de Brasil, que también forma parte de este grupo. Jair Bolsonaro llegó al poder político ganando una elección en la que el candidato que encabezaba las encuestas, Lula da Silva, fue impedido de competir por una causa cuyo juez fue Sergio Moro, que para sorpresa de nadie terminó siendo ministro de Justicia de Bolsonaro unos meses después. ¡Qué democracia pujante! Esta farsa judicial que, como mínimo, contribuyó a la llegada de este ultraderechista militar retirado a la presidencia, quedó aún más desmontada (si cabía la posibilidad) en las últimas semanas con la recuperación de los derechos políticos por parte de Lula y la declaración por mayoría de la Sala Segunda del Tribunal Federal Supremo de que el juez Moro había sido parcial en su manejo de la causa.

Por el contrario a lo planteado por Avruj, salirse del Grupo de Lima no es un grave error ni mucho menos una decisión antagónica a la defensa de la libertad y la democracia; de hecho, debido a los antecedentes relativos a los miembros de este grupo, es precisamente una decisión en favor de ellas. Es complejo encontrar la forma mediante la cual los países de América Latina puedan contribuir a una solución para los problemas que se viven en Venezuela, el Grupo de Lima no pudo, puede, ni podrá –con sus miembros, sus métodos y su doble vara– contribuir verdaderamente a la resolución del conflicto que se desarrolla en el país caribeño.  

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