Géneros

18 marzo, 2021

“Los derechos no se negocian, se pelean y se ganan”

Cada 18 de marzo, en Argentina, es el Día de la Promoción de los Derechos de las Personas Trans en homenaje a una gran activista de los derechos humanos en general y de la comunidad trans en particular: Claudia Pía Baudracco.

Agos Concilio y Agus Lanzillotta

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“El día que me muera, quiero que mi tumba diga ‘Claudia Pía Baudracco’
y no el nombre de alguien que no soy”

El 18 de marzo de 2012 falleció Pía, con 41 años, a pocos días de ser considerada ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires y a sólo un mes de la sanción de la Ley de Identidad de Género por la que tanto luchó. Así, su deseo más grande quedó como una deuda pendiente para siempre. En junio de 2013, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires sancionó la Ley N° 4578 que instaura al 18 de marzo como el Día de la Promoción de los Derechos de las Personas Trans en su conmemoración. ¿Quién era Pía?

Le decían cariñosamente la “leona”. Nació en octubre de 1970 en La Carlota, provincia de Córdoba; a los dos años se instaló en Venado Tuerto y con trece años de edad se mudó a Balvanera, Buenos Aires, junto a su familia. En el inicio de su adolescencia empezó a vivir su identidad y así, como toda una generación de travestis, se empezó a ver arrojada al destino de la exclusión. De joven viajó a Europa, donde conoció la libertad de circular por las calles como tenía ganas. Así, volvió a su país de origen para contagiar militancia y organización entre sus compañeras.


“Hoy no existimos ni siquiera en los censos nacionales. Hay dos opciones: o sos hombre o sos mujer. Yo no soy hombre, no soy mujer. Soy persona trans y no tengo que ir por la vida subiendome y bajandome los pantalones para ver si soy travesti, transexual o transgénero. Eso es a lo que una apunta”.


En 1993 empezó a difundir la idea de que la unión travesti haría la fuerza. Con el propósito de nuclear y visibilizar los reclamos urgentes de un colectivo históricamente marginado, Pía formó parte de la creación de dos organizaciones que ocuparon un rol central para pensar y actuar por los derechos del colectivo LGBTTTIQ+: la Asociación de Travestis, Transgéneros y Transexuales de Argentina (ATTTA), y la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT).

Como activista militante, Pia lideró la derogación de los Códigos de Faltas y Contravenciones -herencia de los edictos de la dictadura militar y persecutorios de homosexuales, travestis y trabajadores sexuales-. Contribuyó en la campaña para la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario, acompañó en la creación de ATTTA varones, realizó tareas con personas trans privadas de su libertad, fue una de las principales voces en el debate por la Ley de Identidad de Género y tantas otras acciones que marcaron un antes y un después en el ejercicio de poner el cuerpo para alcanzar una vida más justa.

Sus palabras y cuestionamientos mostraban con claridad la deuda histórica de los Estados para con las personas trans y la integralidad de la lucha del colectivo, que no sólo abarca el derecho a la identidad sino también a lo educativo, lo laboral, la vivienda y la salud. “Me pregunto: ¿por qué la Convención Interamericana de niños, niñas y adolescentes no estuvo protegiendome cuando tuve que salir de la escuela entre la preadolescencia y la adolescencia porque no entraba en ese casillero binario de hombre-mujer, macho-hembra, pene-vagina?”.

Sus años de activismo y sus logros no alcanzaron para escribir otro final en su historia, pero tiñeron de la Quiaca a la Patagonia un camino claro para el reclamo de derechos de la comunidad trans y una pregunta concisa para la sociedad toda: ¿Hasta dónde y a costa de qué somos capaces de sostener las pautas sociales? Si bien los avances legislativos de los últimos años abrieron nuevas perspectivas y posibilidades para quienes deciden vivir su vida de otra manera, ¿hasta qué punto las políticas públicas acompañan verdaderamente estos cambios socioculturales y simbólicos?

Pía representó para muches la deuda pendiente con toda una generación que no llegó a ver el resultado por lo que tanto luchó: acceso a la salud integral, la educación, al trabajo, a una vivienda digna y el derecho a la identidad. Pía no llegó a poner su verdadero nombre en el DNI pero, ¿qué hubiese pensado cuando al hacer el cambio registral sólo la dejarían elegir entre femenino y masculino, a pesar de que la ley que ella misma construyó diga otra cosa? Su derecho a la identidad de género como trans y, por ende, el reconocimiento del Estado como sujeta política y todos los derechos humanos que le consiguen a “cualquier” ciudadano, continúan vulnerados. Y, así, las leyes no alcanzan para desandar el travesticidio social que vive toda la comunidad.

Hoy, esa lucha, sus luchas, todavía continúan.

“Simplemente expresamos lo que sentimos. Y si hubiera podido elegir, no hubiera elegido ser discriminada. Pero sentí muy fuerte la expresión de género y así lo manifesté y por suerte me saqué una gran mochila, que era la de cumplir con las pautas sociales y no ser feliz. Hoy digo que con tanta represión, con tanta tortura, igualmente volvería a nacer trans porque así soy feliz”.

“Si te viera tu madre”, documental sobre la activista Claudia Pía Baudracco

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