Nacionales

11 marzo, 2021

Todo un país con él corriendo va

Así como su vida fue una lucha constante entre el poder y la gloria, la muerte de Diego no podía ser tan distinta. Después de iniciar la investigación y que se hicieran públicos los audios que exponían al “entorno” del astro, una multitud que incluyó a su familia, amigues y organizaciones se reunió en el obelisco para exigir justicia y condena social a quienes no cuidaron y, por lo tanto, dejaron morir o mataron a Diego Armando Maradona.

Crédito: Boca Es Pueblo

Hernán Aisenberg

@Cherno07

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Cuando se caigan a pedazos las paredes de esta gran ciudad 

La escena era distópica, como si fuese un cuento futurista y futbolero de Fontanarrosa. Un obelisco como epicentro de lo que alguna vez fue la Ciudad de Buenos Aires recibía a unos cuantos miles de maradonianos y maradonianas que se apostaban en la plaza seca sobre la Avenida 9 de Julio para el lado norte. “Parece un mundo postapocalíptico, todos acá con barbijos, sin poder tocarnos y por este tema. Esto no puede estar pasando”, dijo exponiendo su mechón amarillo y maradoniano Nicolás, militante de Boca Es Pueblo, organización del club de la Ribera que se sumó a la convocatoria.

La pandemia mundial ha cambiado el mundo como lo conocíamos. Quizá de una manera especial también cambió para los hinchas de fútbol argentino que solíamos abrazarnos con desconocides, gritar y cantar amontonades, compartir las bebidas y encontrarnos en aquel obelisco para festejar un campeonato, un triunfo histórico o simplemente acompañarnos en alguna derrota.

Pero si el COVID-19 afectó a les amantes del fútbol argentino, la muerte de Diego Armando Maradona generó esa sensación de apocalipsis, de vacío existencial, de ausencia de sentido. Los primeros meses lo lloramos, lo extrañamos, lo recordamos, lo reímos, lo volvimos a ver repetidas veces en videos, lo homenajeamos con murales y banderas y pensamos que de a poco nos íbamos a ir acostumbrando a no tenerlo.

Quizá porque no pudimos despedirlo a cancha llena, quizá porque les hinchas ya no somos los mismos, pero la certeza es que la herida no cierra, no cicatriza. Tantas veces lo mataron, tantas veces se murió y tantas veces había resucitado, que sigue siendo inexplicable cómo fue que esta vez no haya logrado revivir, y ahí es donde salimos a buscar explicaciones.

Diego fue una persona que nunca pudo ser dueño de su propia vida, que nunca pudo elegir dónde ir a cenar, dónde vivir, cuándo ir al cine. Nos regaló su vida entera al pueblo con sus errores y aciertos, y lamentablemente también su muerte parece pertenecernos. Todes se sienten con el derecho de hablar, juzgar y criticar su velatorio, su despedida y hasta su muerte. 

Probablemente hubiese sido más sano que aunque sea le dejemos a su familia la paz del descanso eterno, a sus hijas la posibilidad de tener un padre aun después de la muerte. Pero tuvimos que preguntarnos públicamente qué pasó que el Pelusa esta vez no logró resucitar, no logró revivir. Quiénes estaban con él en los últimos días, quiénes lo cuidaban, cómo lo hacían, etcétera. Y ahora, con tantas dudas sobre la mesa, exigimos verdad y justicia.

Guarden los corchos para un bote hacer

Los medios que tanto lo han perseguido en vida volvieron a la carga para explicar su muerte. Con tantas preguntas aparecieron también las primeras denuncias, las primeras acusaciones y una investigación que dejó sin palabras a más de une. Así llegó Infobae a un material audiovisual de 34 minutos incorporando audios de Whatsapp que se mandaron entre las personas que fueron parte del famoso “entorno” maradoniano en esos últimos meses de vida, dejando en claro que los cuidados no eran acordes a lo que el astro del fútbol necesitaba. 

Las pruebas contundentes demostraron lo que Dalma y Giannina venían denunciando en sus redes y que inicialmente Verónica Ojeda -la mamá de Dieguito Fernando- llevó a la justicia. El neurocirujano, Leopoldo Luque, la psiquiatra Agustina Cosachov, el psicólogo Carlos Díaz y algunas personas más que hacían tareas de cuidado no trabajaban para Diego Armando Maradona, sino para los abogados y empresarios Matías Morla y Víctor Stinfale. No protegían ni cuidaban al “paciente” Maradona, sino a la “marca” que no le pertenecía ni a Diego ni a su familia, sino a estos personajes llenos de oscuridad.

Dalma, Giannina y varios amigos de Diego entre los que estaban los campeones del 86 ya tenían una guerra abierta contra Morla a quien lo acusaban de negarle la llegada al ex jugador, bloquearle los contactos, impedirle acercarse. “Lo tenían secuestrado”, decía el ex futbolista Turco García en cada entrevista que daba. Sin embargo, nadie mencionaba al “jefe” Víctor Stinfale, hasta que así lo definió Morla en uno de los audios que trascendió en el informe de Infobae.

El doctor Stinfale, entre otras cosas, fue acusado por las muertes en la fiesta electrónica Time Warp organizada por Speed (empresa de la bebida energizante de la cual fue dueño). Fue el presidente de Riestra, club que violó el aislamiento cuando la situación todavía era sumamente crítica, y sigue ligado al fútbol a través de Angelici y el representante Bragarnik. También varios lo han acusado de tener contactos con narcos mexicanos. 

Como abogado, además de haber sido el letrado de Diego, tiene en su curriculum a otros clientes famosos como Monzer Al Kassar, el traficante de armas amigo de Menem; Carlos Telleldín, el imputado en la causa AMIA que declaró haber recibido un soborno para declararse culpable, y varios barrabravas de distintos clubes. “Si Hitler me da un millón de dólares, lo defiendo”, dijo sin titubear en una entrevista con Luis Majul.

Si vos lo fueras no habría tantos yuyos

El documental de Infobae generó tanta indignación que las redes sociales empezaron a parir una movilización masiva para exigir justicia. El lugar elegido no fueron los Tribunales, el Congreso o la Casa Rosada, donde suelen ser las manifestaciones políticas, sino que el sitio escogido fue el punto de convocatoria más tradicional para les hinchas de fútbol porteñes: el obelisco. 

Además, si bien es cierto que el impulso e incentivo se inició con una nueva e incipiente organización llamada Pueblo Maradoniano, la viralización de la manifestación y la ausencia de oradores hizo que muchas personas se movilizaran con distintas camisetas de manera individual y autoconvocada, incluso agregando otros puntos en otras ciudades de la Argentina y el mundo. 

La movilización que contó con maradonianes de diversos clubes demostró que la violencia no es propiedad de hinchas ni es promovida por rivalidades u odios de camiseta, sino que proviene de otros entramados mucho más complejos. Las únicas expresiones de odio fueron hacia Matías Morla y Victor Stinfale, identificados por los manifestantes como los responsables de que el Diego hoy no esté con vida.

Sin embargo, en la tapa de algunos medios como Clarín eligieron hablar de “incidentes” que no ocurrieron. Lo que sí hubo es un acoso y maltrato por parte de algunos medios a la “Tata” y las “nenas” cuando intentaron acercarse a la convocatoria con su bandera, sin querer dar declaraciones a la prensa. ¿Por qué Clarín habla de “incidentes” cuando no los hubo? ¿Qué tienen miedo que se sepa? ¿Qué es lo que no te están contando? 

Cuando no queden en el aire más cenizas de lo que será, ¿qué será?

Diego Maradona fue la expresión viviente de cómo el Poder es una disputa permanente. Simplemente por la banalidad de ser el mejor jugador de fútbol del planeta y por vivir en un planeta que le da al fútbol un lugar excesivamente central, tuvo la oportunidad de ejercer un poder que nunca eligió y que nunca supo manejar del todo. Mientras él intentaba representar en ese poder la bandera de les humildes, de les que no tienen voz, de lo popular, de las injusticias y desigualdades que sufrimos les comunes, les que no somos Maradona; hubo quienes se quisieron apropiar de ese poder para hacer una “marca”, una empresa privada, una ganancia, un lucro sin fin.

Por eso Dalma y Giannina, al igual que muches de sus amigues, hablaban de secuestro. En sus últimos meses de vida Diego ya no era libre, no elegía por él mismo y había dejado de librar esa disputa por lo que podía significar su poder. El Diego “secuestrado” ya no era el “Diego de la gente”.

Con el 10 muerto, algunes podrán preguntarse qué ganaron aquellos que lo usaban, que lo utilizaban, que lo explotaban, que lo maniataron tanto tiempo. ¿Por qué habrían de matar -o cuanto menos descuidar- a “la gallina de los huevos de oro”? Porque lo que se murió es el Maradona de carne y hueso, el que pensaba, el que opinaba, el que decía, el que denunciaba, el amado por su familia, por sus amigues y por el mundo. El que se murió es el que ya venía agonizando hace tiempo. Pero el Maradona que ellos inventaron, la marca, la empresa, les pertenece a ellos. Si no se hace justicia, seguirá dando huevos de oro que también les pertenecerán a ellos sin que hayan hecho más que apropiarselo.

Por eso esta movilización puede ser un hito, por eso puede ser algo tan grande. Lo que hizo el Pueblo Maradoniano junto a la Claudia y las “nenas” fue continuar el legado del Diego que era popular y no público, del Pelusa y no de Maradona, dar la batalla contra el poder que ni Diego pudo vencer, pero que sí podría hacerlo el Diego eterno junto al pueblo organizado.

Dicen que escapó de un sueño, en casi su mejor gambeta. Que ni los sueños respeta, tan lleno va de coraje, sin demasiado ropaje y sin ninguna careta. Dicen que escapó este mozo del sueño de los sin jeta, que a los poderosos reta y ataca a los más villanos, sin más armas en la mano que un 10 en la camiseta.

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