Géneros

5 marzo, 2021

8M: la docencia y las tareas de cuidados

Los pueblos tenemos fechas que se han ido constituyendo en hitos de las luchas por nuestros derechos. Una de ellas es el 8M que nos marca a las mujeres en general y a las trabajadoras organizadas en particular por su significado en la lucha por la igualdad. ¿Qué particularidades atraviesa el sector docente, un área feminizada en un 80%?

Alicia García Tuñón

@AliGarciaTunon

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Este 8 de marzo (8M) se encuentra atravesado por una pandemia que impactó con millones de muertes, pérdida de empleos y un cambio en las formas del trabajo formal. En este marco, fueron las mujeres las que estuvieron en la primera línea de fuego en el combate contra el virus: sosteniendo el sistema de salud, el comercio, como cuidadoras o en las organizaciones sociales abriendo los comedores comunitarios.

También en ellas recayeron las tareas de cuidado los siete días de la semana mientras realizaban sus trabajos remunerados de manera remota. A la vez, las violencias ejercidas dentro de las casas durante el confinamiento se vieron agudizadas y los femicidios no solo no cesaron, sino que se incrementaron.

Pero, ¿qué pasa en la docencia donde el 80% somos mujeres?

Pese a que desde los medios hegemónicos se insistía con que debían empezar las clases, la realidad es que las docentes nunca dejaron de trabajar. Desde el primer día, se reinventaron para poder pensar sus clases de manera remota: mails, plataformas tipo Clasroom, WhatsApp, clases sincrónicas por Zoom o Meet y hasta Podcats sobre distintos temas. En aquellos casos en los que era imposible la conexión, se las rebuscaron repartiendo los cuadernillos del Ministerio de Educación de Nación o fotocopiando guías, trabajos prácticos y ejercicios para darle a los chicos en los días de entrega de los bolsones de alimentos. Un esfuerzo pagado del propio bolsillo de les docentes.

A su vez, la comunicación con las familias y con les pibes también demandó estar presentes las 24 horas porque muchas veces éstas tenían acceso a internet cuando terminaban de trabajar, o los chicos usaban los celulares cuando sus madres o padres llegaban al hogar.

Cuidados fulltime para las docentes

Para las docentes con hijes no hubo ninguna dispensa. Basta imaginar la casa con la computadora prendida para dar clases mientras el bebé de un año pide upa o gatea, o les tres hermanites juegan, cantan, gritan en el mismo living en el que una docente está dando clase o intentando concentrarte para corregir o preparar la próxima clase. Llega la hora de almorzar pero coincide con la clase. A esto se le suma hacer que los propios hijes en edad escolar se conecten a sus propias clases o hagan sus deberes al mismo tiempo que la videoconferencia con las familias del grado o la reunión con el equipo directivo. En el medio pensar en las compras, en que la familia no esté angustiada por el encierro, llevar alimentos a familiares en riesgo y bancar a una pareja que se quedó sin trabajo. Además, pagar un servicio de internet más veloz y cambiar la computadora o el celular que ya no aguantan más tanta virtualidad. Y así desde marzo a diciembre.

Todo esto da cuenta que las jornadas de trabajo excedieron ampliamente el horario escolar habitual y las tareas de cuidado se sucedieron sin solución de continuidad. De esta forma, las tareas no remuneradas para las docentes se incrementaron exponencialmente. En síntesis, eso que llaman amor es trabajo no remunerado.

Vacaciones en lucha contra el gobierno porteño

La mayoría de las docentes terminó el año con un enorme cansancio y agobio. Durante las vacaciones de verano por lo menos pensaban que podrían descansar de sus tareas escolares y de los cientos de mensajes diarios con órdenes y contra órdenes enviadas desde el Ministerio de Educación.

Pero el gobierno amarillo de la Ciudad de Buenos Aires nuevamente eligió a les docentes como objeto de críticas y disputa. El verano transitó con las declaraciones de la ministra de Educación, Soledad Acuña, sobre el regreso a clases presenciales y la confrontación con les trabajadores y los sindicatos. La angustia y la bronca no dejaron lugar para el merecido descanso.

Uno de los argumentos que utilizó la ministra para el regreso presencial fue que iba a ayudar en la organización familiar y especialmente a las mujeres que ya no saben qué hacer con sus hijes mientras trabajan.

Es toda una discusión el rol de la escuela en el mercado laboral: ¿Es el de cuidar a les pibes mientras la familia trabaja? ¿Es una guardería? ¿Les estudiantes debieran estudiar en escuelas de jornada completa porque es mejor para su educación o porque no tenemos en dónde dejarles? Más allá de esta compleja y larga discusión, la vuelta a clases significó un caos para la organización familiar.

Una agenda imposible

Hay que armar verdaderos fixtures para saber cuándo a las docentes les toca ir a clases y en qué horarios: lunes, martes y viernes por la mañana una semana, martes y jueves por la tarde la otra. La semana siguiente, martes y jueves a la mañana y lunes, miércoles y viernes por la tarde. Todo de 8.30 a 12 o de 13.30 a 16. Pero a les de jardín de infantes les toca ir semana por medio de 9 a 11.30. Y si  a la vez si la docente tiene hijes en secundaria técnica, la primera semana de lunes a jueves de 7.45 a 13 y la siguiente de martes a viernes de 14 a 17.30. Fácil de llevar esa agenda familiar ¿no?.

A esto le sumamos que les docentes y no docentes de la Ciudad no fueron incluides con prioridad en el plan de vacunación como se planteó en el Consejo Federal de Educación por lo que están siendo expuestos a contagios en transportes públicos sobrecargados, aulas con poca ventilación y burbujas que no son tales porque cada docente tiene a su cargo dos o más grupos.

Por otro lado, el Gobierno de la Ciudad decidió no aplicar para sus trabajadores la Resolución 60/2021 del Ministerio de Trabajo Nacional que dispensa a quienes deban quedarse con sus hijes los días en que no concurran a clases presenciales, así como los días que concurran con jornada presencial reducida. Las docentes están dejando a sus hijes soles en sus casas o en el mejor de los casos, con les adultes que son de riesgo, incrementando la angustia que ya tenían por la falta de vacunación.

Con todo esto, las docentes no tenemos nada para festejar este 8M y sí mucho para luchar y exigir. En un sector altamente feminizado tenemos que organizarnos y disputar un sindicalismo feminista. Hacer que nuestro grito se escuche, que el paro internacional sea contundente y que en nuestras escuelas y en nuestras casas se note nuestra ausencia.

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