Batalla de Ideas

4 marzo, 2021

Moreno el revolucionario

Un día como hoy murió envenenado en un buque inglés Mariano Moreno. Hombre fuerte de la Primera Junta de gobierno, con su muerte y la persecución de sus partidarios se consumó la derrota del proyecto más revolucionario de mayo de 1810.

Nicolás Castelli

@giusnicolas

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“Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía».

Mariano Moreno, prólogo del libro El contrato social de J.J. Rousseau

Calumniado, perseguido y asesinado por llevar demasiado lejos la revolución de mayo, por querer darle derechos a los indios y a las masas pobres, por no querer independizarse de un imperio para someterse a otro, Mariano Moreno, junto a sus partidarios como Juan José Castelli y Manuel Belgrano, entre otros, representaron el primer sueño posible y traicionado de una país justo, libre y soberano.

Moreno fue nombrado secretario de la primera junta de gobierno, luego de expulsar al virrey, y se convirtió en el primer hombre en tener el poder político en sus manos. Tenía un proyecto de sociedad libre e igualitario. Estaba convencido que la opresión no es natural ni divina y que las sociedades surgen de un contrato social. 

Sus ideas eran peligrosas porque apuntaban a la base de un orden colonial impuesto por la fuerza y legitimado en nombre de Dios. Lo eran también para quienes -desde el frente revolucionario- deseaban, por intereses económicos y mezquinos, cambiar de autoridades sin modificar el régimen social.

En el tiempo que estuvo al frente de la junta de gobierno formada luego del 25 de mayo de 1810, intentó convertir en un “libro escolar” el Contrato Social de Jean-Jacques Rousseau quitándole el capítulo referido a la religión para convencer a todos. Moreno tenía la convicción y la necesidad de construir sujetos revolucionarios en pos de crear un orden distinto. Por eso puso en circulación este libro prohibido durante el virreinato que inspiraba sus ideales de libertad e igualdad.

Luego de la revolución, excepto Buenos Aires, todas las demás ciudades y territorios importantes como Montevideo, la capitanía Chile y el Alto Perú todavía permanecían en manos de los españoles. Con la contrarrevolución al acecho, la junta revolucionaria le encargó a Moreno confeccionar un documento secreto: el Plan Revolucionario de Operaciones.

Este plan que intentó llevar a la práctica buscaba un desarrollo económico libre e independiente para la nación americana y expandir la revolución continentalmente. Además planteaba expropiar el capital parasitario e improductivo para que esos recursos fueran “puestos en el centro del Estado para la formación de las artes, agricultura, navegación, etc.”, y produzcan en pocos años “un continente laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesite para la conservación de sus habitantes”.

Moreno mandó a dos de sus hombres de mayor confianza a propagar la revolución en la región. Con sus respectivos ejércitos revolucionarios y el Plan de Operaciones como programa, Castelli fue al Alto Perú y Belgrano al Paraguay. Este último aplicó en tierra guaraní el plan que terminó por convertir ese país en una potencia industrial e independiente del comercio inglés.

Años después, el imperio británico y la traición e infamia de las clases que gobernaban Brasil, Uruguay y Argentina destruyeron aquella potencia libre y soberana, en la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870).

Quien por estas tierras ejecutó la orden de Inglaterra para aniquilar el “mal ejemplo” que constituía Paraguay fue Bartolomé Mitre, quien también fue de los primeros en escribir la historia de los orígenes de la Argentina a la medida de las clases dominantes. Un relato donde la Revolución de Mayo fue básicamente porteña y pro inglesa, y donde  Moreno había sido un problema. No se podía omitir la figura del secretario de la primera junta de gobierno patrio, por eso era necesario “lavarlo”, no solo en la radicalidad de sus propuestas sino al punto de modificar su retrato y poner en duda la veracidad del Plan de Operaciones.

Posteriormente, quienes se ampararon en la historia como una ciencia “neutral” dijeron que el plan no fue escrito por Moreno. Lo cierto es que la historia es política y está cargada de la subjetividad de quienes la escriben. Todes eligen qué hechos resaltar y cuáles omitir. El problema es en función de qué se elige contar y a quienes sirven determinados relatos.

Otras corrientes revisionistas ubicaron a Moreno en el lugar histórico del que se hizo merecedor por su patriotismo revolucionario. El fundador de La Gazeta de Buenos Aires fue quien inició nuestro camino a la independencia. Tempranamente tuvo la idea de organizar un Congreso Constituyente para crear una Carta Magna que elimine la esclavitud y pondere el voto de los indígenas, entre otras medidas. Una maniobra de Cornelio Saavedra y el Gregorio Funes, de Córdoba, enemigos de Moreno en la junta, dilató la concreción del Congreso y con ello la posibilidad de declarar la independencia. 

De esta forma, Moreno quedó aislado y renunció a su cargo. Cambió la correlación de fuerzas a favor de Saavedra y los sectores proclives “a mudar de tiranos sin destruir la tiranía”. Así la seguridad y la propiedad avanzaron sobre la igualdad. Solo y en retroceso, Moreno aceptó una misión diplomática en Inglaterra. Días después de partir murió asesinado en altamar. Tenía 31 años.

***

No hay transformación posible sin transformar la historia oficial construida por los sectores dominantes. Tampoco hubo en nuestro continente revolución que no haya hundido sus raíces en las mejores tradiciones populares de la historia. Así lo demostraron, entre otros pueblos, Cuba y Venezuela recuperando el legado de José Martí y Simón Bolívar respectivamente. Porque romper la cadenas de la dependencia y la opresión es también recuperar la historia de los pueblos, esa historia colectiva que muchos pretenden borrar o tergiversar.

Dos siglos después, vivimos asfixiados por una deuda fraudulenta, con una industria que no deja de caer, con 32% de inseguridad alimentaria e inflación récord. Una patria muy diferente por la que entregaron la vida Moreno y su grupo de compañeros. Por eso, es necesario reivindicar el proyecto de sociedad del secretario de la primera junta, pero más imperioso es retomar las huellas que dejó. 

Frente a un sistema que cada vez más generaliza la barbarie, que impone un realismo donde parecería “imposible” pensar una alternativa que cambie todo de raíz, mientras el lucro y la ganancia ponen en juego la propia reproducción y sostenibilidad de la vida humana y la naturaleza, es bueno recordar que Moreno y sus partidarios, fueron los primeros en nuestra historia en intentar construir una sociedad más justa y libre. Y no lo hicieron moderando las desigualdades de un orden heredado ni conformándose con los estrechos límites de lo posible.

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