Educación y Ciencia

29 enero, 2021

Escuelas públicas: las burbujas de indiferencia de Juntos por el Cambio

El jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, junto a la ministra de Educación, Soledad Acuña, utilizan una causa justa, como es el derecho de escolarización de los niños, niñas y adolescentes, para sacar rédito político con gran impunidad, sin importar las consecuencias, y con la complicidad del ministro de Salud Fernán Quirós.

La educación pública se encuentra en una condición precaria producto de la política liberal de descentralización que persiste desde la década del ´90. Las escuelas no son empresas de autogestión, en las que un equipo directivo junto a la comunidad educativa puede resolver y definir qué hacer ante una situación de pandemia. El Estado tiene la obligación de cumplir un rol planificador del cual no puede desentenderse bajo ningún concepto.

Teniendo en cuenta que todavía no se ha superado la pandemia del coronavirus en la que, según los antecedentes, una de cada seis personas que se infecta puede desarrollar una afección grave con necesidad de internación, que son habituales las enfermedades cardiovasculares, inmunitarias y respiratorias en el pueblo trabajador; que tanto niños como adolescentes que se infectan suelen ser asintomáticos, que el hacinamiento es común dada la crisis habitacional existente, y la convivencia familiar incluye a los padres que mantienen contacto con el exterior como también a los abuelos mayores, resulta inconsistente afirmar que “la burbuja es el grado”, como señaló la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña.

Peor aún, la titular de la cartera educativa planea redoblar la apuesta, ya que los docentes podrían rotar con diferentes grupos. Es decir, irían de “burbuja en burbuja”, lo que es realmente una subestimación malintencionada, luego de tildar a los trabajadores de la educación de viejos, pobres y fracasados, el descarte de las profesiones. Poca honestidad intelectual se puede esperar de una ministra que acarrea denuncias por lavado de activos y enriquecimiento ilícito con un incremento patrimonial de casi un 400% en un año, bajo fenómenos inexplicables.

En el mismo sentido, la falsa argumentación en defensa de la educación pública que proclama Horacio Rodríguez Larreta no es más que una estrategia de marketing político para perjudicar al pueblo humilde que, maltratado por el desempleo, la pobreza y mala alimentación, queda totalmente expuesto al virus. Prueba de este desinterés es que, teniendo un presupuesto per cápita siete veces superior a cualquier municipio de la provincia, al comienzo de la cuarentena, el Gobierno de la Ciudad repartió viandas miserables a los estudiantes, compuestas por puros hidratos de carbono, que no llegaron a mitigar el hambre de las numerosas familias ni a cubrir el aporte necesario de vitaminas y proteínas para el correcto funcionamiento del sistema inmune. 

Si las escuelas cerradas aumentan la deserción escolar, como lo expresa Larreta cómodamente desde sus redes, ¿el hambre y la desocupación no lo hacen? En una dualidad sorprendente, una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, cierra escuelas nocturnas y para personas con discapacidad de manera compulsiva -sin pandemia-. Por otro lado, manifiesta una profunda preocupación por el aprendizaje, la socialización y la deserción escolar en este contexto, exponiendo a toda la comunidad en la que se incluye al personal sanitario, que continúa pidiendo mejoras salariales.

Asimismo, en Argentina, un país donde la educación pública y gratuita es un derecho constitucional, no podemos ni debemos dejar pasar que, a pesar de la judicialización por falta de vacantes, se dictaminó que se debe presentar un certificado de pobreza para el ingreso a la misma. Lógicamente, si el fallecimiento del jefe médico Alejandro Hakim mientras reclamaba un mejor salario no incidió en absoluto en las políticas porteñas, menos lo hará el reclamo de una madre de la villa. Tampoco podemos olvidar que el eslogan demagogo, “abran las escuelas”, es alentado por Mauricio Macri que siendo presidente frenó la construcción del ARSAT 3, el cual podría resolver algo fundamental en la educación de hoy: la falta de conectividad.

Las declaraciones del ministro de Salud de la Ciudad, Fernán Quirós, justifican el comienzo de clases presenciaesl el 17 de febrero, afirmando que “hay nueva evidencia científica” de que los niños presentan una menor carga viral, mostrándolos como parte de una burbuja aséptica. Sin embargo, según un informe del Ministerio de Sanidad de España, (Enfermedad por coronavirus, COVID-19 Actualización, 15 de enero 2021) la presencia del SARS-COV 2 aparece en muestras nasofaríngeas, con cargas virales de ARN en el mismo orden que las que se observan en adultos. Además, aunque en menor proporción, pueden tener cuadros graves de la enfermedad, como el síndrome inflamatorio sistémico, con algunos síntomas similares al Síndrome de Kawasaki y al shock tóxico.

Dejando de lado la improvisación y engaños de políticos profesionales, es necesario pensar una planificación futura y responsable para la educación. Según evidencia científica en base al aporte de Jorge Aliaga, físico del CONICET, aún con el barbijo y la desinfección correcta existe un método para disminuir el riesgo de transmisión del virus. La medición del dióxido de carbono (CO2).

La técnica se explica dado que, al respirar, se incorpora oxígeno, se lo transforma y se libera dióxido de carbono, al mismo tiempo que se exhalan gotas microscópicas de humedad que se encuentran suspendidas en el aire, lo cual incrementa la posibilidad de contagio. En lugares abiertos existen 400 ppm (partes por millón) de dióxido de carbono, mientras que cuando se superan las 800 ppm, el contagio es aún más posible. Esa información nos indica que ese aire fue previamente utilizado por otras personas con las que se comparte el ambiente.

Es clave tener el control sobre los ambientes por medio de un sensor de dióxido de carbono para lograr impedir que el aire no esté utilizado y sea infeccioso. Así, cuando el índice supera las 800 ppm, se puede abrir puertas y ventanas o, si no alcanza, salir al exterior.  Por su baja complejidad de producción, los medidores para abastecer al sistema educativo y garantizar las condiciones sanitarias podrían hasta fabricarse en las escuelas técnicas.

No es muy difícil prever resultados desastrosos con las burbujas rotativas, en muchos casos bajo condiciones de desnutrición, hacinamiento, con el acecho constante de enfermedades de base en familiares, docentes, médicos, enfermeros y otros trabajadores. Lo contrario al amor es la indiferencia, y lo que corresponde al Estado es de todos. Tenemos el derecho y la obligación de alertar sobre maniobras marketineras que impactan sobre la vida de nuestro pueblo.

Por Laura Barrionuevo*, Ayelen Salvi** y Rodolfo Treber***
*Integrante de Social 21 – La Tendencia
**Docente
***Analista económico

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