El Mundo

4 diciembre, 2020

¿Qué sigue para Donald Trump?

Una vez que abandone bajo protesta la Casa Blanca, el presidente saliente peleará contra la irrelevancia política y contra una montaña de denuncias penales.

Nicolás Zyssholtz

@likasisol

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No lograr un segundo mandato es un hecho extremadamente raro para un primer mandatario en un sistema presidencialista. Sin ir más lejos, Mauricio Macri fue el primer caso sudamericano de la historia. En Estados Unidos ocurrió en algunas oportunidades, y en todos los casos pasó lo mismo: nadie volvió.

Solamente en el siglo XX, fracasaron en esa búsqueda William Howard Taft, Herbert Hoover, Gerald Ford (que había completado el mandato de Richard Nixon), Jimmy Carter y George H.W. Bush. El único que continuó exitosamente con su carrera política fue el primero, que en 1921 se convirtió en miembro de la Suprema Corte de Justicia. Carter, aunque nunca volvió a tener peso en la esfera local, sí se convirtió en un actor importante a nivel global a través de su fundación, orientada a la supervisión de elecciones. Bush, en tanto, continuó su legado a través de sus hijos: Jeb, gobernador de Florida entre 1999 y 2007, y sobre todo George W., presidente entre 2000 y 2008.

Con ese panorama, ¿qué le espera a Donald Trump a partir del 20 de enero de 2021? Por definición, la presidencia es la cúspide de la carrera de un político estadounidense. Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama, los antecesores inmediatos de Trump, se retiraron al terminar su segundo mandato. Es cierto que los dos primeros habían rifado la mayor parte de su capital político, pero el tercero no.

Aunque todavía no aceptó abiertamente su derrota ante Joe Biden, la transición ya comenzó y Trump sabe que le quedan días en la Casa Blanca. Incluso, ya insinuó que va a buscar ser el candidato republicano en 2024, cuando tenga 78 años.

Más allá de la edad, el presidente saliente enfrenta un problema de difícil solución para conseguir ese objetivo: fuera del período electoral, la política estadounidense deja muy poco margen de movimiento para actores por fuera del ámbito parlamentario. Él, que a pesar de haberse convertido en el líder del Partido Republicano no es un hombre del partido, estaría obligado a construirse un espacio por fuera.

La primera opción, la más obvia, es volver a su hábitat natural, el que lo convirtió en una opción viable para la Oficina Oval y que nunca abandonó durante su mandato: las redes sociales, específicamente Twitter. Pero claro, cuatro años son mucho tiempo y la red social del pajarito, que por acción u omisión hizo mucho para la construcción de su figura política, hoy está en guerra abierta con Trump. Es una posibilidad real que una vez terminado su mandato su cuenta, que tiene 88 millones de seguidores, sea bloqueada permanentemente.

¿Entonces, qué? El submundo de la ultraderecha en internet es fecundo, y su mensaje tiene una enorme aceptación en esa área, pero no deja de ser un nicho. Lo opuesto, para apelar al masivo, sería mantener un rol que supo tener en buena parte de su mandato: panelista.

Fox News, el canal de noticias por cable más visto del país y usina de pensamiento conservador, fue un aliado clave a lo largo de la presidencia de Trump y siempre tuvo un espacio disponible para él. Pero en la noche de elecciones se produjo una ruptura que ya se sentía en el ambiente. El detonante fue la decisión del canal de Rupert Murdoch de anunciar que Joe Biden había ganado la reñida elección en el estado de Arizona.

Sin Fox de su lado, puede ser su oportunidad de cumplir un viejo sueño, desde la época en que era una estrella de los reality show: fundar su propio canal de televisión. Una aventura virtualmente imposible en un mercado que, aunque menos monopólico que el argentino, es muy cerrado. Oprah Winfrey, diva indiscutida de la televisión estadounidense y una figura tan o más popular que cualquier presidente, lanzó en 2010 su propio canal; aunque sobrevivió, OWN es una señal secundaria, con un público limitado e incapaz de competir con las grandes cadenas.

En cualquier caso, la lucha de Trump sería por mantener su relevancia política una vez que vuelva al llano, o a lo más parecido al llano que pueda conocer una persona con su biografía. Pero ese no es el único problema que podría enfrentar.

Hay al menos seis causas abiertas en su contra. Ya sin la inmunidad que le otorgaba la investidura presidencial, podría enfrentarse a un hecho inédito en la historia estadounidense: ser el primer ex presidente en ser imputado en una causa penal.

Las posibilidades en ese ámbito son amplias: hay causas por abuso sexual, por pagar para encubrir esos abusos, por fraude fiscal y por fraude inmobiliario.

Trump, una vez que se retire en protesta de la Casa Blanca, tendrá varios frentes abiertos. Probablemente logre evitar la irrelevancia, un objetivo que persiguió toda su vida. Su capacidad de volver a ocupar un lugar en la política está mucho más en duda.

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