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25 noviembre, 2020

La irreverencia popular: el tipo que defendió todas las causas justas

Diego Maradona nunca dudó en expresar su opinión sobre la sociedad, la política y las ideologías. Desde una casi intuitiva crítica al Papa por el oro del Vaticano, hasta su decidido apoyo a los procesos revolucionarios de América Latina, siempre eligió el lado de las y los humildes.

Diego Maradona y Hugo Chávez en la Cumbre de los Pueblos de Mar del Plata. Noviembre de 2005.

Santiago Mayor

@SantiMayor

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“Dicen que escapó este mozo
del sueño de los sin jeta,
que a los poderosos reta
y ataca a los más villanos
sin más armas en la mano
que un ‘diez’, en la camiseta”.
Los Piojos, Intro Maradó

La muerte de Diego Maradona este 25 de noviembre dejó un vacío en el mundo del fútbol y el deporte en general. Pero también, implicó la partida de una figura de enorme ascendencia popular a nivel mundial que, durante décadas, se enfrentó siempre a los poderosos.

Sus discursos y sus acciones, disruptivas, incómodas y también contradictorias -la política es eso, cabalgar las contradicciones-, marcaron un camino. Muchas veces a contramano del tiempo que le tocó vivir. Diego eligió ir contra el norte rico de Italia, denunciar al Vaticano y enfrentarse a la mandamás indiscutida de su disciplina, la FIFA.

“El jugador de fútbol es lo más importante y vamos a defender sus reivindicaciones hasta la muerte”, declaró Diego en 1997 ya como presidente de la Asociación Internacional de Futbolistas Profesionales (AIFP), el sindicato que había fundado dos años antes con el apoyo del francés Eric Cantona. La organización era nueva, pero la pelea por los derechos de los laburantes del fútbol no.

El 10 había discutido 11 años antes con el presidente de la FIFA, Joao Havelange, cuando protestó porque los partidos del Mundial de México 86 se jugaban en el sofocante horario del mediodía. “Que jueguen y se callen la boca”, había respondido entonces el brasileño y ex jugador de Waterpolo. Pero Diego nunca se calló.

“Entré al Vaticano y vi el techo de oro. Y me dije cómo puede ser tan hijo de puta de vivir con un techo de oro y después ir a los países pobres y besar a los chicos con la panza así. Dejé de creer, porque lo estaba viendo yo”, contó Diego Maradona en su libro autobiográfico Yo soy el Diego (2000) y repitió en decenas de entrevistas. 

Su visita al papa Juan Pablo II se dio en 1985 aunque la anécdota se conoció varios años después. Sin embargo, en aquellos años donde se encontraba en su máximo esplendor futbolístico tuvo un encuentro que le cambió la vida.

En 1987 Maradona pisó Cuba por primera vez. Uno de los gestores de aquel encuentro fue el periodista Pablo Llonto que lo convenció de viajar a La Habana para recibir un modesto premio de la agencia Prensa Latina al “mejor deportista del año”. Diego estaba asombrado por no ver niños pidiendo en la calle, ni descalzos y por la tranquilidad que se vivía en la isla. 

El encuentro con Fidel Castro en aquel viaje fue el comienzo de una amistad que duraría casi tres décadas, hasta el fallecimiento del líder cubano en 2016 y que incluyó la estadía de Diego en Cuba a comienzos de los 2000 para recuperarse de sus problemas de salud y de adicciones. Para Maradona Fidel fue “como un segundo padre” y “el más grande de la historia”.

Si bien en 1987 estaba lejos de las posiciones políticas que adoptó años más tarde, ya había dado indicios de su irreverencia y había expresado cierta simpatía por las manifestaciones obreras en Nápoles. Incluso durante años le negó entrevistas al diario Clarín en solidaridad con Llonto, despedido en 1991 por su actividad sindical.

También durante los años ‘90 hizo declaraciones públicas en defensa de los jubilados argentinos, cada vez más postergados en el gobierno neoliberal de Carlos Menem, y llegó a afirmar en una entrevista de 1996 que se le debería poner un impuesto a los ricos, como él, en lugar de a los más humildes.

Maradona el internacionalista 

Si bien el mejor futbolista de todos los tiempos ya venía perfilando sus posiciones políticas durante la década de 1990 es probable que el punto de inflexión definitivo haya sido el año 2005. Luego de su espectacular regreso de Cuba con el programa de televisión “La noche del 10” por Canal 13 donde, en uno de los programas, entrevistó a Fidel, en noviembre decidió subirse al Tren del Alba que viajaba a la Cumbre de los Pueblos en Mar del Plata.

Este encuentro de organizaciones progresistas y de izquierda de todo el continente iba a denunciar a la Cumbre de las Américas que se realizaba en la misma ciudad y que tenía como eje central de debate la propuesta estadounidense de crear un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). 

Diego viajó en aquel tren con varios dirigentes sociales argentinos y con un líder sindical boliviano, un tal Evo Morales. Luego, en Mar del Plata, participó del acto en el que habló el presidente venezolano Hugo Chávez e inmortalizó su frase “Alca, al carajo”. «Los argentinos tenemos dignidad. Echemos a Bush», señaló a su turno Maradona ante miles de personas que copaban el estadio donde se realizaba el evento.

Los años siguientes lo encontraron apoyando cada vez con más énfasis a la Revolución Bolivariana en Venezuela, a Néstor y Cristina Kirchner en Argentina y a Evo en Bolivia. Maradona también defendió la poco conocida causa de los 5 héroes cubanos, agentes de inteligencia infiltrados en Miami para evitar atentados contra Cuba que fueron detenidos en 1999 y privados de su libertad durante casi dos décadas. Una vez que Fernando y René González, Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Gerardo Hernández, fueron liberados, Diego se reunió con ellos en La Habana en 2015. 

Asimismo sostuvo una defensa pública de la causa palestina. En 2012, cuando era director técnico en Emiratos Árabes Unidos declaró: “El pueblo palestino tiene necesidad de ayuda de todos y yo estoy a su disposición. Soy el hincha número uno». “Yo soy palestino de corazón”, le dijo en una reunión con el presidente Mahmud Abbas.

Sin embargo, quizás lo más sorprendente de sus convicciones políticas, fue su apoyo incondicional a la Revolución Bolivariana hasta sus últimos días. Aún cuando las izquierdas y gobiernos progresistas de América Latina se fueron alejando del proceso tras la muerte de Hugo Chávez en 2013.

Diego no tuvo inconvenientes en manifestar siempre su respaldo al presidente Nicolás Maduro que este 25 de noviembre le agradeció. «Fue leal a nuestra causa, a la Revolución Venezolana. No todo el mundo aguanta eso», analizó el mandatario y recordó que el propio Maradona le había contado que distintas empresas le habían ofrecido contratos de publicidad pero a cambio debía dejar de defender a Venezuela. Él se negó.

Era tal su compromiso que llegó a hacer gestiones para facilitar la llegada de alimentos al país bloqueado y sancionado de manera unilateral por EE.UU.

Diego Maradona podría haber elegido otro camino. Podría haberse mantenido al margen de la política como otras grandes figuras de su tiempo. Quizás el caso de Michael Jordan, retratado en el documental The Last Dance sea el más icónico, pero también el de Pelé en el fútbol, siempre amigo de los poderosos y que llegó a enviarle días atrás una remera al presidente ultraderechista de Brasil, Jair Bolsonaro. 

Pero no, Diego no se olvidó nunca de sus orígenes y su pobreza en Fiorito, de su barrio privado… de luz, de agua, de gas. Esa mirada que inmortalizó cuando sentenció: “Presión tiene el que sale a trabajar a las cuatro de la mañana y no puede llevar 100 pesos a la casa; ese tiene presión porque le tiene que dar de comer a sus hijos, yo no tengo presión, tengo la olla llena, gracias a Dios».

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