El Mundo

8 noviembre, 2020

La izquierda estadounidense que asoma tras la derrota de Trump

La demorada victoria de Joe Biden estuvo atravesada por un debate que no comenzó en esta elección ni terminará con ella. A pesar de que la burocracia del Partido Demócrata quiere marginarlos, los sectores más progresistas siguen creciendo y consolidándose.

Santiago Mayor

@SantiMayor

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El triunfo de Joe Biden o, en realidad, la derrota de Donald Trump en las elecciones presidenciales de EE.UU. fue una noticia que se festejó en gran parte del país del norte y también en el resto del mundo. Es que ya no estará más al frente de la principal potencia mundial un líder de masas ultraderechista, negacionista del cambio climático, misógino y racista.

Sin duda la población negra, latina, el colectivo LGBT, la clase obrera y les estudiantes estadounidenses tendrán un alivio. Sin embargo, esto no debe opacar que el futuro presidente es un hombre conservador, ligado al establishment y afín a la política injerencista que ha caracterizado a EE.UU. 

Incluso Kamala Harris, su vicepresidenta que hará historia al ser la primera mujer en ese cargo, se encuentra muy alejada del perfil progresista con la que han intentado venderla. Desde su rol de fiscal en California avaló la violencia policial, se opuso a la reducción de la población carcelaria y defendió la pena de muerte (cambiando de posición, ya que antes estaba en contra).

A esto hay que sumar que un amplio sector de la sociedad estadounidense volvió a elegir a Trump a pesar de sus cuatro años de gestión, el pésimo manejo de la pandemia de coronavirus -EE.UU. es el país con más casos y más muertes del mundo- y la crisis económica. De hecho, en términos absolutos, sacó nueve millones de votos más que hace cuatro años.

Una izquierda incipiente pero potente

A pesar de este escenario de hegemonía conservadora en ambos partidos, viene creciendo en EE.UU. un sector a la izquierda de la burocracia demócrata. Sus orígenes recientes se remontan al movimiento Occupy Wall Street que surgió tras la crisis financiera de 2008 pero pegó el salto a la política institucional a partir de las dos campañas presidenciales del senador Bernie Sanders en 2016 y 2020. 

El liderazgo del veterano “socialista democrático”, como se define él mismo, dio lugar al surgimiento de una nueva camada de dirigentes jóvenes que tienen su expresión más conocida en la diputada Alexandria Ocasio-Cortez (AOC) de Nueva York e integrante de Democratic Socialists of America (DSA). 

AOC obtuvo su banca para el congreso nacional en las elecciones de 2018 cuando derrotó en las primarias al histórico dirigente demócrata Joseph Crowley que llevaba nueve reelecciones consecutivas. Desde entonces su figura no ha hecho más que crecer en popularidad. 

Sin embargo, lejos de moderarse tras su triunfo, se ha mantenido firme en sus principios. Incluso, a comienzos de 2020 afirmó en una entrevista que el Partido Demócrata no es un partido de izquierda y que EE.UU. necesita uno. 

En aquella elección de hace dos años, también llegó a la Cámara de Representantes otra integrante de DSA, Rashida Tlaib por Michigan.

Ambas congresistas armaron un bloque conocido como The Squad (El Escuadrón) junto a Ilhan Omar (Minnesota) y Ayanna Pressley (Massachusetts). Estas cuatro mujeres se constituyeron así en la referencia parlamentaria de la izquierda demócrata. 

Contra Trump y la burocracia de su partido

The Squad fue uno de los ejes de campaña de Trump para golpear a los demócratas. Según el mandatario saliente, estas representantes eran la expresión de la “izquierda radical” (radical left) que estaba detrás de Biden. A esto le sumó sus prejuicios por sus orígenes nacionales, color de piel y su condición de mujeres. Sin embargo, uno de los aspectos claves estaba en que Tlaib era congresista por un Estado pendular, es decir, un distrito clave en la disputa para las presidenciales. 

Curiosamente, la conducción del Partido Demócrata se sumó al discurso de Trump con el objetivo de distanciarse de sus propios sectores progresistas. Todavía hoy, algunos sostienen que esta izquierda casi les cuesta la elección.

No obstante las cuatro integrantes de The Squad obtuvieron su reelección y en el caso de Tlaib, su buen resultado fue fundamental para que Michigan quedara en manos demócratas.

A esto hay que sumar que otros dos miembros de DSA ganaron una banca a nivel nacional por primera vez: se trata de Jamaal Bowman por Nueva York y Cori Bush por Missouri. Asimismo, los socialistas democráticos tendrán representación en 15 legislaturas estaduales y decenas de ciudades. 

Este buen desempeño contrasta con el de sectores moderados como el de la demócrata Sara Gideon, que recaudó 70 millones de dólares para competir contra la senadora republicana Susan Collins en Maine y perdió. O Amy McGrath, quien se postuló como demócrata pro-Trump, recaudó casi 90 millones y fue derrotada por el senador republicano Mitch McConnell en Kentucky.

El colmo fue el ex gobernador republicano de Ohio, John Kassich, quien apoyó a Biden esta elección y suena como parte de su gabinete, pero no pudo lograr que su Estado respalde al candidato demócrata.

Contrariamente a lo que planteaban muchos analistas, las victorias de integrantes de DSA, tanto en las primarias como en las elecciones generales, ponen en cuestión la suposición que señalaba que una izquierda más visible asustaría a la población haciendo que voten al Partido Republicano. Incluso este fue un argumento para cuestionar la candidatura presidencial de Sanders. Sus principales oponentes afirmaron que la gran mayoría de los estadounidenses no votaría por un socialista y que por lo tanto no había manera de que pudiera derrotar Trump.

No alcanza con ser anti-Trump

Casi todos los candidatos al congreso que apoyan un sistema de salud universal (Medicare for all) ganaron en estas elecciones. Es que según una encuesta de la agencia Reuters, el 70% de la población de EE.UU. está de acuerdo con un programa de estas características. A pesar de esto, ni Biden ni sus principales aliados tienen una postura clara al respecto.

De hecho, la mayor parte de la campaña demócrata se centró en derrotar a Trump e hizo poco hincapié en las políticas concretas. Y cuando lo hizo fue para ceder a los sectores más conservadores como cuando el futuro presidente aseguró estar en contra de la consigna “defund de police” (desfinancien la policía) que se impuso en las masivas manifestaciones antirracistas de este año.

De acuerdo a Mindy Isser, dirigente del DSA en Pennsylvania, los candidatos respaldados por su organización tuvieron y tienen éxito porque “hacen campaña sobre políticas reales, tienen una visión de cómo gobernar y no solo dependen del hecho de que no son republicanos”. 

Tanto los socialistas democráticos como sus aliados se plantean como un bloque que sostiene un programa de medidas básico que busca unificar a todos los sectores progresistas y de izquierda del país: salud universal a través de Medicare for all; la transición hacia una “economía verde”, menos contaminante pero ligada al mantenimiento del empleo, el Green New Deal, y una serie de mejoras en la legislación laboral (salario mínimo, seguro social, etc.) que garanticen condiciones de vida digna para la clase obrera a través del programa Jobs Guarantee

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El sistema político estadounidense y su sociedad están crujiendo hace varios años. El gobierno de Trump y el escándalo electoral de 2020 son algunas de sus expresiones. En esa crisis que emerge, empiezan a aparecer indicios de que una parte del pueblo estadounidense busca un camino distinto. No será fácil, pero existe una oportunidad. 

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