Batalla de Ideas

2 noviembre, 2020

Reflexiones sobre un jueves negro

Estas breves reflexiones buscan aportar al sincero, franco y respetuoso debate. No lo hace desde ningún pedestal ni pretende autoafirmarse como verdad absoluta. Los errores deben solucionarse con política creativa y propositiva. “Mejor que decir es hacer”.

Foto obtenida twitter @valiz8

Luciano Gasparini

COMPARTIR AHORA

  • La toma de Guernica ocurrió en el contexto de la profunda crisis económica y social que dejó el macrismo  y profundizó la pandemia. Este tipo de hechos no estallaron masivamente  aún en todo el país porque un importante número de organizaciones populares, iglesias, instituciones barriales se articulan y construyen redes comunitarias para sostener el tejido social y combatir el hambre, aunque sea parcialmente. El Estado nacional y provincial, en algunos casos, supo muy bien apoyarse en estas redes para que sus políticas puedan llegar con mayor efectividad, como es el caso de los CBE en Mar del Plata y Batán. No obstante esta buena predisposición gubernamental, la situación es crítica y como sostienen las organizaciones populares “sin tierra, techo, trabajo y ni una menos no hay paz social”. Es necesario comenzar a resolver estos problemas de fondo para que los casos como los de Guernica no se multipliquen. Tenemos que tener en claro siempre que la crisis de acceso a la tierra, la vivienda, los alimentos, y el trabajo existen;  que la culpa no es de nuestro pueblo;  y que si este desarrolla distintos métodos de lucha (que pueden compartirse o no) para encontrar algún tipo de solución es algo lógico.
  • En el caso de Guernica hubo una importante acción del Gobierno provincial desde un primer momento: retrasó más de una vez la orden de desalojo, hizo relevamientos, censó, hubo atención en casos de violencia de género, tuvo presencia todos los días, mostró voluntad de negociación, entre otras cosas muy importantes. El enfoque desarrollado para la intervención estatal era el correcto: atender la grave situación habitacional de las familias para una solución positiva. Esto no lo dice exclusivamente el gobierno: lo afirma uno de los abogados de las familias que estaban mediando el conflicto. Uno de los graves problemas, entonces, es el  comunicativo. El Gobierno tuvo un déficit en mostrar al conjunto de la sociedad el trabajo que venía desarrollando. Y este déficit comunicacional es importante, porque buena parte del debate de ideas y de la construcción de sentido común se da en este plano. Imaginemos qué distinto hubiera sido todo si desde el primer momento que se acercó el Ejecutivo bonaerense a la toma para resolver pacíficamente la situación hubiera hecho prensa con esto. Hubiese sido un potente mensaje a la población en general, que combatía la sed de tiros que los poderosos y los medios de comunicación hegemónicos tenían desde el inicio del conflicto. Construir mensajes que combatan el sentido común derechista es clave en la batalla cultural. Se tuvo la oportunidad y se desaprovechó.
  • El macartismo es una ideología foránea, de derecha y funcional a este espectro político. No tiene nada de nacional y popular. Usar como chivo expiatorio al trotskismo ante errores propios nos puede conducir a volver a cometerlos. En todo proceso de lucha hay activistas y grupos que aportan a la organización del mismo. Algunos tendrán mejores y peores métodos. Algunos abonarán a la resolución de los conflictos y otros trabarán incesantemente. Pero es un lugar común de la derecha responsabilizar a “grupos de izquierda”. No podemos caer nosotres en ese lugar. Refuerza un sentido común antipolítico, antiorganizaciones, antilucha. Todo lo contrario a lo que pregona la historia del peronismo y la izquierda nacional, popular y latinoamericana.
  • El argumento “fueron los grupos de izquierda” (casi)siempre va acompañado de “arrastran a la gente”. Esta no es la excepción.  Un revival de la idea de “masa disponible”, que quita las experiencias personales y de lucha de los sectores populares, reprime  su subjetividad, les niega capacidad de agencia y decisión. Una idea propia de los liberales y que tan cara le ha sido (y le sigue siendo) a buena parte de la izquierda tradicional que, por adoptarla, no puede comprender  fenómenos populares, entre ellos el del peronismo. No se debe caer en posiciones que siempre se discuten. Ese lugar es de los liberales: no podemos ni debemos ocuparlo nosotres. Nuestro pueblo lucha y se organiza: lo hizo, lo hace y lo seguirá haciendo.
  • Que Sergio Berni está haciendo carrera política personal ya lo sabemos todes. Que ante eso construye un personaje es evidente. Hasta ahí nada muy distinto a los políticos y las políticas profesionales y amantes de la realpolitik. El problema es que su personaje maneja y hace uso de armas, gases lacrimógenos y la fuerza de seguridad más grande del país. Él salió ganando con la represión. Es lo que quería mostrar. El operativo comunicacional que le faltó al Gobierno provincial en todo lo que venía haciendo bien, fue muy bien ejecutado por el ministro de Seguridad. El video posterior que realiza es casi una pieza de arte si nos olvidamos por un instante que festeja  un desalojo violento y desproporcionado, quema de casillas y detenciones a mansalva. A esto sumemos la amplificación en todos los medios de comunicación, que desde el inicio del desalojo se les caía la baba mostrando la cara represiva del Estado. Toda esta muestra escenográfica (que de obra teatral no tuvo nada) opera en el sentido común. Construye sentimientos, ideas, formas de pensar y actuar en millones de personas. Refuerza el sentido común de odio a los pobres y genera miedo. Adivinemos a quién favorece ese sentido común. Al gobierno no.
  • Los hechos ocurridos el jueves pasado, el desalojo de  Guernica y el de Entre Ríos, aunque con diferencias entre ellos, llaman la atención sobre algo que es necesario recordar: no es lo mismo el Gobierno que el Estado. El Frente de Todes conduce el Gobierno y tiene mayoría en las cámaras legislativas, pero el Poder-Partido Judicial lo manejan los poderosos. Este Poder Judicial es el que desde un inicio había decretado el desalojo en Guernica haciendo de vocero de los intereses inmobiliarios. También es el que mostró un pacto con el poder económico y la oligarquía entrerriana. Es un poder enquistado que escapa a la voluntad popular. Democratizar el Poder Judicial es vital para nuestra democracia.
  • Estas breves reflexiones buscan aportar al sincero, franco y respetuoso debate. No lo hace desde ningún pedestal ni pretende autoafirmarse como verdad absoluta. Los errores deben solucionarse con política creativa y propositiva. “Mejor que decir es hacer”. Es cierto. Hay que rectificar con protagonismo de la militancia. Pero para que esta rectificación militante sea certera es necesario un balance colectivo que no nos haga tropezar con la misma piedra.

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarse cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Batalla de Ideas