Nacionales

8 octubre, 2020

Bauen en pausa

Con una pelea abierta por la legalización del espacio, con cero facturación desde marzo del 2020, con deudas que se van acumulando y familias que hoy dependen del IFE para poder comer, y con el objetivo principal de sostener la cooperativa y el trabajo de los y las compañeras, el Bauen abandona su sede en Callao 360, se pone a buscar una nueva locación y volverá con la convicción intacta

Hernán Aisenberg

@Cherno07

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El punto en el mapa siempre será sobre Callao, de mano izquierda, viniendo del Congreso casi llegando a Corrientes, a la vuelta del subte B, metido para adentro, con una galería donde se puede tomar café con el microcentro de fondo. Un edificio que nos hace recordar a las películas de Olmedo y Porcel, a las canciones de Virus, a la vuelta de la democracia. Un lugar que ediliciamente parece haberse quedado en el tiempo, pero que al entrar, ya desde el hall sentías que estabas en casa.

Esta decisión que tomamos en asamblea es absolutamente dolorosa pero muy responsable. Soltarle la mano al edificio implica impedir que el edificio se lleve puesto el trabajo de estos 17 años de los hombres y mujeres que componemos el espacio dice Federico Tonarelli, vicepresidente de la Cooperativa, quien asegura que pusieron por delante la continuidad del proyecto cooperativo que aferrarse a los ladrillos y la estructura que les cobijaron durante tanto tiempo.

Pero no fue solamente la pandemia la que les obligó a tomar una decisión tan dolorosa. Si bien es cierto que el hotel está cerrado y sin facturación desde el 20 de marzo del 2020, que desde aquel día los y las trabajadoras viven de la ayuda que el Estado habilitó a través del IFE y otros planes para el trabajo autogestivo, y que la expectativa de recomposición del sector turístico hotelero sigue sin tener una luz al final del túnel -dado que esperaran a la vacuna para su reactivación total-, el Espacio Cooperativo Bauen cuenta que la situación en aquel inmueble es compleja por una “ensalada de factores” en donde el coronavirus es la frutilla del postre. 

Federico destacó que el hostigamiento del macrismo -hacia el proyecto en particular, pero hacia el movimiento cooperativo en general- también fueron parte de la decisión. “El macrismo piensa que lo que hacemos no está bien. Para ellos las empresas son de capital, las empresas no pueden ser cooperativas gestionadas por sus trabajadores y trabajadoras”, dijo Tonarelli, que agregó que el gobierno de Cambiemos tuvo con el Bauen “un particular ensañamiento porque estaba detrás la vieja patronal del hotel”. “Sin ir más lejos, una de las abogadas de la patronal fue funcionaria del gobierno macrista junto con su esposo. Entonces había un interés que no solo era filosófico, sino también material”, destacó.

El Espacio Cooperativo Bauen hace mucho que era mucho más que un hotel: es un espacio abierto para muchísimos proyectos comunitarios y colectivos que se sienten parte del mismo. La Cooperativa el Descubridor, que presidía Manuel Callau, manejaba las salas de teatro. La Cooperativa del Movimiento La Poderosa que editaba la revista Garganta Poderosa, la revista Cítrica escrita de manera autogestiva por ex trabajadores y trabajadoras despedidas del diario Crítica, y el almacén cooperativo, que funcionaba en el hall central y era gestionado por el Movimiento Popular La Dignidad, hacían y continuarán haciendo vida en el Espacio Bauen. Más de 130 familias llegaron a ser parte y pese al hostigamiento de los últimos años, más de 70 trabajadores y trabajadoras siguen decidiendo este método de trabajo, sin patrón y sin acumulación.

No vivían de un salario generado por la rentabilidad de una inversión privada, sino que ellos mismos producían un servicio del que recaudaban, utilizaban lo necesario para reinvertir, y retiraban y repartían mes a mes el excedente producido, asegurando que se pueda generar trabajo sin que intervenga un capitalista que acumule riquezas sobre la explotación de sus empleados. Nunca se sintieron los dueños del inmueble y nunca lo reclamaron para sí. Lo que querían era que el Estado se hiciera cargo de su propio patrimonio, que expropiara el terreno por las deudas que tenían los viejos dueños y les brindará el espacio en comodato. Eso decía la ley de expropiación sancionada en 2015, que la vetocracia macrista hizo retroceder en 2016, fallando a favor de empresarios inescrupulosos que nunca pagaron sus cuentas con el Estado.

El edificio situado en Callao 360 fue levantado con préstamos que la dictadura militar le brindó a los viejos dueños en 1978. Sin embargo, hay pruebas suficientes que demuestran que esos créditos jamás fueron cancelados, y aunque ameritara el remate de la propiedad y la expropiación, sabemos que la ley no es igual para todos y todas. “Cualquier tipo o mujer común que tenga su crédito hipotecario y no pague unas cuantas cuotas, seguramente va a ser intimado primero y rematada la propiedad después. Esto es lo que no ocurrió con esta gente que no puso un peso para construir el edificio, y que 42 años después sigue debiéndole plata al Estado” dice Federico.

Esta inoperancia del Estado que le dejó en bandeja al gobierno de Mauricio Macri la posibilidad del veto, la persecución y hostigamiento del neoliberalismo, que debía demostrar que no se puede vivir sin patrón. Finalmente la pandemia echó por tierra los sueños en ese lugar puntual, pero el Bauen asegura que no cerraron, que están en pausa hasta conseguir otro inmueble que les permita continuar.

La cooperativa supo ser un bastión. Una ubicación privilegiada para ver y ser parte de nuestra historia. Reclamos y movilizaciones obreras, piqueteras, estudiantiles, feministas, populares, todas pasaron por sus puertas. El hotel acompañó y compartió 17 años de resistencia, siempre con las puertas abiertas y solo exigía a cambio el mismo abrazo que daba. Miles de reuniones, asambleas, congresos, conferencias y plenarios populares se hicieron ahí. Pero Federico Tonarelli no se desalienta. “La cooperativa Bauen es jurídica, impositiva y económicamente sana. Quizá tengamos que girar o invertir la prioridad del producto que brindemos, pero la cooperativa continúa con la unidad de siempre”, asegura Federico.

Será distinta la ubicación o la fachada del nuevo proyecto, serán otras las esquinas, las veredas y los decorados, pero será la misma cooperativa la que pronto reabrirá sus puertas con las mismas luchas, los mismos valores y la misma convicción de siempre. El Bauen no cierra, solo hace una pausa para volver mejores. 

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