Salud

27 septiembre, 2020

¿Qué es una buena noticia en una pandemia y en medio de una crisis económica?

En estos días la Provincia de Buenos Aires presentó una nueva herramienta de gestión de la información y sumó 3500 muertes por coronavirus lo que generó cuestionamientos y dudas acerca de la forma en que se registran los decesos. ¿Por qué esto es noticia y por qué en realidad no se trata de algo malo?

Laura Fischerman*

@lpescadora

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Difícilmente la primera reacción ante el conocimiento de un mayor número de fallecimientos por COVID-19 sea celebratoria. Pero, ¿por qué es noticia y por qué en realidad no se trata de algo malo?

En ese sentido es que desde el gobierno provincial el viernes 25 de septiembre se ofreció una conferencia de prensa en la que Ministro y Viceministro de Salud (Daniel Gollán y Nicolás Kreplak, respectivamente) se refirieron al tema, con la participación del Jefe de Gabinete de Ministros (Carlos Bianco) y Ministra de Gobierno (Teresa García). Allí manifestaron en forma coincidente la importancia de la generación de información transparente, accesible y veraz y anunciaron el desarrollo de una herramienta informática que cruza la información de tres sistemas de información independientes destacando, que el producto se logró con el trabajo de empleados estatales de la provincia y sin recurrir a consultores privados, como era costumbre en la anterior gestión.

Los responsables del ministerio bonaerense pusieron a disposición del resto del país el desarrollo tecnológico alcanzado y enfatizaron la importancia que tendría su implementación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, al recordar que el AMBA, independientemente de las fronteras administrativas, funciona como una unidad en términos demográficos y sanitarios.

Si bien el trabajo venía gestándose hacía varias semanas, el anuncio fue catalizado en el marco de que durante los días anteriores se agitó desde los sectores ligados a la oposición bloque político que detenta el gobierno nacional y de la Provincia de Buenos Aires, el dato de que en esta última jurisdicción estaban notificándose con retraso de un par de meses la causa de muerte adjudicada a COVID-19 de alrededor de 3500 personas fallecidas.

Despojado de contexto es fácil convertir eso una hipótesis de ocultamiento de información en pos de la defensa de una gestión, pero, justamente, debe ser leído en su contexto. Esa lectura debe hacerse primero, al entender que si hubiese una voluntad de ocultamiento no sería el mismísimo Ministerio de Salud provincial el que subsanara la cifra al detectar la falta de registro. Se omitió también el hecho de que ese desfasaje es frecuente y aun más prolongado en todos los distritos y frente a otras causas de muerte. Segundo, que existe un problema a escala global en cuanto a la construcción de los datos de mortalidad y letalidad de COVID-19 con gran heterogeneidad en los métodos según el país o incluso el distrito, ya que detrás de cada número existen sistemas de información, normativa en cuanto a la obligatoriedad o no de la notificación y trabajo humano.

Parte de lo complejo de enfrentar la pandemia de COVID-19 es que todo lo que ocurre es nuevo y desconocido. Es decir, parte del trabajo que deber hacerse es conocer aspectos de la enfermedad que, para otras patologías, luego de años de evolución de los patógenos con la especie humana y de investigación en torno a ello son datos conocidos de los cuales se parte como premisa. Entre esos datos se pueden contar la morbimortalidad (qué proporción de una determinada población se enferma y muere), la letalidad (qué proporción de la gente enferma fallece), las formas y período de contagio, etc. Dominar la información que de ello deriva es lo que, en definitiva, permite generar -o no- políticas públicas que hagan posible prevenir, controlar y mitigar los efectos de las enfermedades en general en una determinada población y más aun si esa información se integra conjuntamente con el contexto social, económico de las personas involucradas. Para interpretar eso es necesario comprender cuáles son y de qué se nutren los sistemas de información utilizados para elaborar las estadísticas oficiales.

Durante la conferencia de prensa, se puntualizó en que ni los sistemas de salud ni los de información alrededor del mundo estuvieron preparados para una pandemia. Y así, citando ejemplo de países europeos (España, Francia, Reino Unido), los Estados Unidos de Norteamérica y los vecinos sudamericanos como Brasil, Perú o Ecuador, se hizo referencia al público conocimiento del subregistro de los fallecimientos que tienen como causa a COVID-19, especialmente cuando estos se dan fuera de establecimientos de salud. Esto último hecho muy frecuente en los países en los que los sistemas de salud efectivamente colapsaron.

En Argentina, los casos sospechosos y confirmados de COVID-19, así como otros de los denominados “eventos de notificación obligatoria” (sarampión, dengue, influenza, por mencionar algunos), por resultar de particular interés para la salud pública, se notifican en el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud (SNVS) que tributa con sus datos al Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino (SISA). Pese a las reminiscencias militaristas del término “vigilancia” su finalidad es noble en materia de salud pública, ya que busca contribuir a la toma de decisiones de gestión de políticas públicas a partir de la detección de los eventos. Que la información se registre correctamente y de forma completa en estos sistemas depende de la capacitación y trabajo de personas y, si algo puede destacarse, al menos en el territorio bonaerense, durante esta pandemia es el crecimiento en la cantidad de establecimientos registrados para la carga y usuarios que notifican en el sistema, con una mayor posibilidad de auditoría en el subsector público con respecto al privado.

Por otra parte, las muertes y sus causas oficialmente se documentan mediante los certificados de defunción en el Registro Nacional de las Personas (ReNaPer), lo cual, hasta ahora, se hacía en papel. De la mano de Teresa García, se sumó al anuncio, la digitalización de estos certificados, lo cual agilizará la disponibilidad de esta información para poder cruzar las bases de datos con las del SNVS.

A estos sistemas de información, de cara a la obtención de datos ajustados sobre los fallecimientos por COVID-19, se suma otra creación bonaerense, que es el Sistema de Gestión de Camas (SiGeC), que actualiza prácticamente en tiempo real la ocupación de camas en cada servicio de internación de cada establecimiento de salud.

Con el cruce de estos tres sistemas: SNVS, ReNaPer y SiGeC es que pudieron recuperarse los datos de este más de 20% del total de casos de personas que murieron por causas vinculadas a COVID-19 y no eran contabilizados por los sistemas preexistentes. Pese a que parezca contradictorio, esto constituye una buena noticia, ya que todo aquello que permita conocer mejor el comportamiento de esta nueva enfermedad y generar información de calidad para mejorar la toma de decisiones pone a los gobiernos en una situación ventajosa. No contabilizar estas muertes no significa que no ocurran e ignorarlo sólo puede llevar a perspectivas erradas. Hasta el momento, ninguna jurisdicción que no sea la Provincia de Buenos Aires, está exenta de esa omisión y por ende, todas ellas corren el riesgo de intervenir desde el desconocimiento y subestimar la peligrosidad de la pandemia.

*Bioquímica

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