Batalla de Ideas

6 julio, 2020

Infancias, educación y cuarentena: qué implica la virtualidad en el nivel inicial

La educación en la virtualidad hace aún más visibles las fuertes desigualdades que viven las infancias en sus hogares, y la importancia en su cotidianidad de los espacios educativos, ya que por fuera de ellos podemos observar tantas realidades como niñes y familias, y es ahí donde se ponen en juego las condiciones de cada une.

Agustina Buján

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En este año tan atípico, en el que nos encontramos dentro de nuestras casas hace ya tres meses por la pandemia del coronavirus, les docentes nos vemos interpelados por una sumatoria de desafíos y situaciones bastante complejas. Desde el 20 de marzo que no estamos en nuestro espacio, las aulas, habiendo iniciado el ciclo lectivo con les niñes el día 2 de marzo.

Partimos de la base, entonces, de que no tuvimos ni siquiera el tiempo necesario para nuestra principal tarea de todos los años, un pilar fundamental en la educación: generar el vínculo con nuestres alumnes. A lo que se suma que, a partir del día en que comenzó el aislamiento preventivo y obligatorio, nuestro encuentro es mediante la virtualidad. La reflexión se enfoca en un nivel puntual del sistema educativo: el Nivel Inicial.

¿Qué implica para les docentes educar en la virtualidad a les más pequeñes? Podemos comenzar pensando en qué implica trabajar desde el hogar, teniendo en cuenta que aún en la actualidad un porcentaje altísimo de les docentes de Nivel Inicial, son mujeres. ¿En qué situación se encuentran hoy las docentes que son madres solas, que tienen niñes escolarizades, o aquellas que, aunque convivan con sus parejas, son de igual manera las encargadas absolutas de las tareas de cuidado?

¿Cómo trabajan desde el hogar las docentes que son víctimas de algún tipo de violencia dentro del mismo? ¿Quién nos ampara frente a estas diversas situaciones que pueden limitar nuestro desempeño como docentes? Esta cuestión es central, porque para dar clases desde el hogar se necesita un piso básico de recursos garantizados. Desde tener acceso a la conectividad y los medios por los cuales entablar la comunicación, hasta -y fundamentalmente- el tiempo y el espacio ameno para realizar el trabajo. 

En este sentido, es igual de importante el contexto de les niñes. No nos olvidemos de que el Nivel Inicial abarca desde los 45 días hasta los 5 años, una franja etaria en la que necesitan intensamente el acompañamiento de une adulte. Para que exista la comunicación con les niñes, necesitamos un adulte de por medio que maneje el dispositivo que habilita la conexión, que pueda tomarse el tiempo de acompañar el momento de la comunicación y que, además, les acompañe para que sea posible desarrollar las propuestas que les docentes les brindamos. Ahora bien, ¿todes cuentan con un contexto con esas características? 

La educación en la virtualidad hace aún más evidentes las fuertes desigualdades que viven las infancias en sus hogares, y la importancia en su cotidianidad de los espacios educativos. Por fuera de estos, podemos observar tantas realidades como niñes y familias, y es ahí donde se ponen en juego las condiciones de cada une. 

Por un lado tenemos el acceso a la conectividad, cualquiera que ésta sea (desde la conección a internet en el hogar hasta la posibilidad de cargar crédito al celular). También aparecen les docentes desplegando diferentes estrategias para que esta diversidad en las conexiones no restrinja la posibilidad de que el jardín siga en contacto con les niñes. Pautamos encuentros por plataformas virtuales, mandamos videos y propuestas por Whatsapp, entregamos material didáctico, llamamos por teléfono, acompañamos y contenemos, amoldandonos a las distintas particularidades. 

Por otro lado, hay una segunda cuestión que se pone en juego, y es la dinámica de cada familia. Esta es la que concretamente nos permite entablar -o no- la continuidad con les niñes más pequeñes, y es probablemente donde más podremos ver reflejada la diversidad y las desigualdades. Pensar que todes les niñes van a tener la posibilidad de tener el tiempo, el espacio y el acompañamiento necesario para realizar las propuestas que les docentes les hacemos llegar es irreal, ya que del otro lado hay familias a las cuales este contexto también les profundiza sus problemáticas.

Familias con integrantes que siguen teniendo que salir a trabajar, familias que trabajan desde el hogar, familias numerosas, en condiciones de hacinamiento, familias sobrecargadas de tareas (del hogar, del trabajo, de las escuelas), familias sin trabajo, familias con integrantes con discapacidad, familias en situaciones vulnerables, familias que viven situaciones de violencia dentro del hogar. Tantas realidades como familias. 

Frente a estas diferentes situaciones que muchas veces nos exceden, el camino sigue siendo mantener el contacto, la comunicación y la comprensión, siempre desde un lugar de contención y cariño, cosa que todes necesitamos en este contexto. En cuanto a la práctica docente, tiene que seguir reflexionando y construyendo propuestas superadoras, y por supuesto, continuar reivindicando los espacios educativos, a los que hoy tanto se anhela volver.

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El Jardín de Infantes en particular suele ser un nivel un tanto subestimado y desvalorizado socialmente, cuando en realidad constituye una oportunidad y un derecho para la infancia. Sin embargo, muchas veces se lo reduce a un mero espacio de cuidado, al que les niñes “solo van a jugar”. Esta expresión -muy escuchada- no sólo vacía de contenido al Nivel Inicial, sino también al desarrollo del juego en el mismo. 

El juego es en la infancia una necesidad que el jardín debe respetar y favorecer, ya que es mediante el cual se producen aprendizajes altamente significativos en todos los campos de conocimiento. Al igual que el lenguaje, es el instrumento básico para el desarrollo de la socialización (siendo esta última una de las principales finalidades educativas del nivel, entendida como un proceso de incorporación y transformación de las normas, pautas, hábitos, actitudes y valores que se adquieren en la interacción con les otres) por lo que es central en el proceso educativo. Su organización, al igual que la del tiempo, del espacio, y de las características y estructuración de las actividades, conforman gran parte de lo que caracteriza al Nivel Inicial y lo diferencia de los demás niveles educativos, y es por esto mismo que necesitamos el encuentro. 

Es probable que las experiencias vividas en el Jardín de Infantes no vuelvan a repetirse a lo largo de la escolaridad, y en este sentido la pregunta es: ¿podremos recuperar el tiempo perdido? Es ahí donde les docentes somos protagonistas para reflexionar sobre nuestras prácticas a futuro, y enriquecer aún más el espacio educativo cuando volvamos al encuentro en las aulas. 

Tomemos este tiempo a nuestro favor, para repensar y replantearnos cuál es el espacio que queremos seguir construyendo al momento de retomar nuestras actividades presenciales, revalorizando el trabajo colectivo, nuestro espacio educativo, y fundamentalmente, nuestro compromiso de siempre con les niñes. 

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