Nacionales

18 junio, 2020

El regreso de los chicos de la guerra

El 19 de junio de 1982 volvían al continente los soldados argentinos que habían combatido en la guerra de Malvinas. Aunque la dictadura pretendía mantenerlos un tiempo en los cuarteles para “engordarlos” el pueblo de Puerto Madryn los recibió cálidamente y los alojó en sus propias casas.

El fin de la guerra por las Islas Malvinas se había decretado hacía apenas 5 días, el 14 de junio de 1982, a las 23:59, cuando el general Mario Benjamín Menéndez firmó la rendición argentina ante el general Jeremy Moore. Aunque se suponía que los soldados argentinos iban a ser devueltos por la Marina inglesa a nuestro país por el puerto de Bahía Blanca pero finalmente el crucero inglés Canberra atracó en Puerto Madryn. El Canberra traía a aproximadamente 4 mil conscriptos, luego llegarían otros 2 mil en el Northland y unos 600 oficiales en el St. Edmund.

La ciudad estaba expectante del arribo. La gente quería acercarse al puerto pero las tropas militares lo habían acordonado. Cuando los ex combatientes comienzan a descender del barco inglés los militares deciden ir trasladándolos en camiones cerrados con lonas hacia las barracas de Lahusen. Algunos sostienen que el traslado con las lonas bajas obedecía al miedo a que la población indignada por la derrota bélica los apedreara.

Otras versiones, como la de la fotógrafa Mabel Outeda (quien como fotógrafa del periódico local Impacto capturó memorables imágenes del momento), sostienen que el verdadero objetivo tenía que ver con el intento de ocultar lo maltrechos que volvían los chicos de las islas, tenerlos guardados unos días, “engordarlos” y recién luego dejarlos regresar a sus hogares. Outeda recuerda la llegada de los jovencísimos conscriptos: «Era como un jardín de infantes, pero que estaban totalmente deteriorados».

Julio Calvo, ex combatiente y presidente del Centro de Veteranos de Guerra de Puerto Madryn, que volvió de las islas con 18 años, recuerda: “Cuando veníamos pensábamos que nos iban a cascotear, porque perdimos, veníamos derrotados, veníamos con frío, veníamos heridos, estábamos hechos una porquería, digo bueno, cuando bajamos en Madryn el pueblo nos va a cascotear, y fue todo lo contrario”.

En la ciudad se recuerda la jornada del 19 de junio como la del “día que Madryn se quedó sin pan”, porque la voluntad de la gente de acercarse a los soldados, saludarlos y agradecerles por su entrega acabó rompiendo el cerco militar y así muchos conscriptos pudieron dejar atrás las miserables raciones militares que una vez más les ofrecían a su regreso para ir a cenar a la casa de algún vecino de la ciudad. La solidaridad cundió. Se les llevaba comida, los invitaban a sus casas, los ayudaban a telefonear a sus familiares en todo el país.

En ese sentido, Calvo cuenta: “Muchos de los soldados que bajaron eran de Tucumán, de Corrientes y la gente, en ese entonces no había tantos teléfonos, y todos estuvieron predispuestos a hacerlo hablar al soldado con su familia, a su casa, y ahí se tejieron muchas historias muy lindas”.

Outeda, por su parte, recuerda: “Muchos vecinos se llevaron a los chicos a comer a sus casas, les prestaron el teléfono para que se comuniquen con sus familias, o nos daban el número y nosotros llamábamos a las familias. Llamábamos a un montón de ciudades y cuando las familias nos atendían no nos creían, se enojaban y pensaban que les estábamos haciendo una broma de mal gusto. O también los chicos nos decían que su familia no tenía teléfono pero que podíamos llamar a una vecina y cosas así; fue una situación como para una película, empezó a media mañana y eran las diez de la noche y seguíamos llamando a todo el país”.

Calvo destaca que aquél inesperado recibimiento en la ciudad portuaria fue un bálsamo después de los dolores de la guerra: “Madryn fue como un oasis en medio del desierto, el oasis de lo que fue la guerra, fue una caricia muy fresca hacia el soldado”. Y agrega, recordando aquél difícil momento de la historia, que aquella reacción de solidaridad y cuidado demostró que “moralmente el pueblo estaba integro y ahí nos dimos cuenta que se perdió una batalla y no la guerra, porque parecía que había sido el fin del mundo”.

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