Educación y Ciencia

10 junio, 2020

La enorme brecha digital

A partir del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio, la educación tuvo que reinventarse. En el camino quedó en evidencia la desigualdad que existe entre los alumnos y alumnas de la Ciudad de Buenos Aires, y los desafíos que los docentes deben afrontar para garantizar que todos tengan acceso a una educación digna.

Alicia García Tuñón

@AliGarciaTunon

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En la conferencia de prensa en la que el presidente anunció la extensión de la cuarentena hasta el  21 de junio, el jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta dijo que el 93% de los chicos de la ciudad estaban conectados con sus docentes. De inmediato, las redes estallaron.

La suspensión de las clases presenciales en todo el país puso en mayor evidencia la desigualdad entre nuestros pibes y pibas. Por ejemplo, con las largas filas en las escuelas para retirar viandas o bolsones con alimentos, escasos y con muy poco valor nutricional. Pero, sobre todo, reflejó la gran brecha digital entre los alumnos.

Desde 2015, el gobierno de Mauricio Macri canceló el programa Conectar Igualdad. Los y las estudiantes del nivel medio, de educación especial y de formación docente dejaron de recibir sus computadoras.

Para el nivel primario, el Ministerio de Educación porteño resolvió dejar de distribuir computadoras personales para los tres primeros grados, y repartió carros de informáticas con tablets adentro para las aulas. A la vez, la red de conexión “wimax” fue remplazada por una red wi-fi exclusiva para las escuelas, impidiendo que las y los alumnos se conecten desde sus casas, tal como hacían antes. Otro caso es que durante este ciclo lectivo aún no  distribuyeron  las computadoras para 4° grado, por lo que cientos de estudiantes no cuentan con dispositivos para tener clases a la distancia de manera apropiada.

Sólo para tomar un ejemplo de los barrios más vulnerados, en el Distrito Escolar 21 del barrio de Lugano sólo el 40% de los alumnos se conecta cotidianamente con la escuela, y un 20% lo hace de manera parcial o discontinua. Con el resto, la comunicación la hacen los docentes con la entrega de las llamadas “canastas alimentarias”, o rastreando a las familias telefónicamente.

Muchos de los hogares cuentan con un único celular que deben compartir varios miembros de la familia para trabajar y/o hacer las tareas escolares. En la mayoría de estos casos, tampoco tienen acceso a un servicio de internet.

A su vez, el personal docente tuvo que enfrentar de un día para el otro un trabajo pedagógico para el que no tenía la formación suficiente, utilizando sus propias herramientas de trabajo, ya sea computadoras o celulares, e incluso pagando la conectividad y el uso de datos. El esfuerzo que están realizando desde las escuelas para hacer algún tipo de acompañamiento de cada uno de los chicos y chicas es enorme. Se procura también que haya seguimiento pedagógico que después se retomará con el regreso a las aulas.

A fines de mayo, la ASIJ (Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia) hizo una presentación judicial en la que le exigió al Gobierno porteño que asegure el acceso a Internet a quienes habitan en todas las villas y asentamientos de la Ciudad de Buenos Aires. Además, pidieron que se les entreguen computadoras en préstamo para todos los estudiantes que no tengan acceso a una.

El Gobierno de la Ciudad tampoco parece preocuparse por resolver la falta de conectividad y dispositivos para las familias y docentes. Esta última semana comenzó a llamar a las casas de los estudiantes con el argumento de realizar “encuestas de seguimiento”.

La Unión de Trabajadores de la Educación (UTE), denunció: “Resulta llamativo y hasta sospechoso, que las preguntas (como relatan las familias que han sido encuestadas) estén vinculadas a obtener información sobre el desempeño de les maestres: cantidad de días que envían actividades, cuántas por día, nombre y apellido del docente, entre otras”.  A partir de las encuestas, las propias familias llamaron a sus maestras, molestas por el nivel de preguntas y el tono persecutorio hacia sus docentes.

Lucía Castiñeira, delegada de una escuela del Distrito 14, en una entrevista con Barricada TV. Expresó su indignación por “ese nivel de relevamiento por parte de un Ministerio que no quiere a sus maestros, que no los cuida”.

“Nosotras tenemos un vínculo con las familias que debiera ser acompañado por el Estado, en lugar de querer enfrentarnos con ellas como han hecho tantas veces”, manifestó la maestra.  Y agregó: “En lugar de gastar dinero en estos llamados telefónicos, debiera poner el dinero en donde hay que ponerlos, en la igualdad digital, en que las canastas seas realmente nutritivas y que saque la tarjeta alimentaria para que cada uno compre en el comercio de su barrio y no se concentre tanta gente en las escuelas”.

La educación no se garantiza con discursos que desligitiman a los docentes, sino con el reconocimiento social y económico por la sobrecarga laboral que están sobrellevando.  Sobre todo se garantiza con real inversión para terminar con la enorme desigualdad digital, con recursos suficientes para proveer una alimentación nutritiva a todos los alumnos que lo requieran, con formación y computadoras para el personal docente a fin de continuar con el vínculo pedagógico que sostienen las maestras todos los días.

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