Géneros

5 junio, 2020

#NiUnaMenos: les invisibles detrás de las ollas

En el marco de la crisis económica global por el coronavirus, las ollas populares se volvieron fundamentales para los sectores más vulnerados. Detrás de cada olla, se encuentran les trabajadores eternamente invisibilizades.

Mora Bernstein y Tamara Nieto

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Habiendo transitado más de setenta días de Aislamiento Preventivo, Social y Obligatorio podemos ver que muchas de las problemáticas con las que nos encontramos, principalmente en los barrios populares, ya existían previamente y se potencian o se visibilizan de otra manera a raíz de la pandemia.

Charlamos con Jany Ulloa, militante de Vamos y actualmente una de las responsables de la entrega de alimentos en la casa popular de Balvanera “La Juana”, que comentó: “Creo que el coronavirus resaltó todas las cosas que ya se vivían y a los que estaban al borde de caer, los tiró. La falta de trabajo, los problemas habitacionales, el sistema de salud, las violencias de las fuerzas policiales, los femicidios, el hambre”. 

Las mujeres en los barrios populares en su mayoría se dedican a tareas domésticas y de cuidado no remuneradas, tareas que hoy en las condiciones que vivimos se ven intensificadas. Según datos del Observatorio de Géneros y Políticas Públicas (OGyPP) el 34% de las  mujeres que viven en barrios populares tiene como ocupación más relevante las tareas fijas en el hogar, sin sueldo. El 12% se desempeña en trabajos no registrados, mientras que no poseen trabajo el 26% de ellas (si incluimos quienes buscan trabajo y quienes no tienen por otros motivos).

Con la pandemia, las ollas populares, sostenidas por las compañeras, pasaron a tener un rol fundamental en los barrios, donde para muches vecines representa su único plato de comida. En este sentido, Jany graficó: “Las ollas, comedores y merenderos siempre estuvimos ahí con un trabajo casi invisible, que hoy se ve y se necesita más que nunca. Las colas y las demandas se duplicaron”.

“Para les invisibles que estábamos desde antes bancando los años del macrismo en conjunto, en red, llevando un plato de comida donde no lo había, hoy nos vemos con más trabajo que nunca”, agregó.

La responsabilidad que toman mayoritariamente las compañeras de los barrios, cargándose al hombro la llegada de alimento a les vecines, representa en el contexto de pandemia una gran exposición. “No somos superpoderosas, sentimos miedo y tenemos necesidades. Pero seguimos porque sabemos y conocemos lo que es tener necesidades”, expresó Jany, hablando desde su experiencia.

Además, la vecina destacó: “Ramona y Carmen se fueron por el Covid-19, a mi compañera Johana la picó el dengue en el merendero. ¿Les cuidaron y les reconocieron su trabajo desde el Estado? No”. Resulta muy grave lo que está pasando en los barrios populares, donde se ve aumentada la exposición por la necesidad de este trabajo comunitario. “Tenemos que estar muy atentas, cuidar y cuidarnos para poder seguir ayudando, para que  a nadie le falte los alimentos, la escucha y la contención”, reflexionó Jany. 

En el contexto de aislamiento se visibiliza el trabajo de años que venimos realizando las feministas populares, sosteniendo espacios de cuidado comunitario, armando redes de apoyo y acompañamiento, y en los reclamos por nuestros derechos, situación que hoy remarca la importancia de la presencia y  las luchas del movimiento.

Una de las consignas que aparecieron este año por el quinto aniversario de la primer marcha de Ni Una Menos, fue “que Ni Una Menos sea política de estado”, a modo de reclamar la presencia de perspectiva de género en las políticas públicas, que la violencia por cuestiones de género sea una prioridad en la agenda pública, y el reconocimiento del trabajo que realizan muches compañeres en tareas de cuidado y de servicio comunitario.

Como dice Jany: “Llegó la hora de que les invisibles detrás de las ollas tengan su reconocimiento, porque realmente en este momento somos les que estamos luchando contra el hambre del pueblo”.

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