Géneros

27 mayo, 2020

Las mujeres de la Xatria

El 25 de mayo se constituyó como la fecha patria por excelencia y, alrededor de ella, un sinfín de tradiciones: la Revolución, los próceres, el Cabildo Abierto, los pastelitos y el chocolate caliente. Pero hay algo que siempre parece ausente en el proceso revolucionario. En torno a esta fecha nos preguntamos: ¿Es posible pensar la historia sin la participación las mujeres?

Ana Sucari*

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¿Hay algo más escolar que el 25 de mayo? Fiesta patria por excelencia, utilizada en todos los niveles para estudiar la Revolución de Mayo y celebrada en actos escolares con himno, bandera y la infaltable obra estudiantil. Pero si los alumnos tenían la posibilidad de convertirse por un ratito en Moreno, Belgrano o, tal vez el virrey Cisneros; las alumnas tenían sólo dos posibilidades: dama antigua o, dicho en criollo, las “esposas de”, o vendedoras de empanadas y chocolate caliente (“chocolate caliente para las viejas sin dientes”).

Estas niñas/mujeres no tenían grandes líneas en los actos escolares –ni hablar de ser protagonistas– y esto no dependía de cuán simpátique era le docente (en su mayoría, también mujeres), sino que las mujeres tampoco aparecían con grandes líneas en los libros de historia.

¿Y quiénes escribían estos libros? Desde Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López y Alfredo Grosso, hasta Félix Luna y Luis Alberto Romero. Los referentes de las grandes corrientes historiográficas argentinas fueron siempre hombres que, desde su posición antropocéntrica, parecieron olvidarse del rol de las mujeres en la historia. En este sentido, el proceso revolucionario parecía haber sido llevado adelante únicamente por grandes hombres: Saavedra, Moreno, Belgrano, Castelli.

Pero, aunque algunos historiadores se hayan esforzado por escribir la historia sin perspectiva de género sabemos que las mujeres fueron parte integral del proceso revolucionario e independentista. Sus tareas fueron múltiples y diversas en todos los sectores sociales y a lo largo de todo el territorio.

Entre ellas, María Remedios del Valle, quien combatió en el Ejército del Norte, llegando a obtener el rango de capitana por enfrentarse a los realistas que buscaban conservar la dominación del territorio americano. Gracias a ello es reconocida como la “Madre de la Patria”.

No caben dudas de que fue una de las fundadoras de nuestra Xatria; sin embargo, podemos cuestionarnos si el título de “madre” resulta adecuado ya que, lejos de ceñirse a los estereotipos sociales de las madres del siglo XIX, María Remedios del Valle se alzó contra la opresión española y contra las pautas socialmente impuestas para ella y las mujeres de su generación.

Asimismo, Juana Azurduy fue una patriota independentista que luchó por la emancipación de nuestro pueblo. Asumió la comandancia en el Alto Perú, por lo que, en la actualidad, es reconocida tanto en Argentina como en Bolivia.

Más aún, antes de la Revolución de Mayo había quienes ya soñaban con la independencia del territorio americano. Manuela Pedraza y Martina Céspedes conformaron las milicias porteñas que se enfrentaron a las Invasiones Inglesas, evitando de este modo que el territorio del Río de la Plata quedara bajo dominio inglés.

Tal vez la más reconocida por la historiografía tradicional, Mariquita Sánchez de Thompson es recordada por las tertulias que se celebraban en su casa, donde se reunían las personas más influyentes del período. Estas reuniones gozaban de alta reputación y, según algunes historiadores, fue allí donde se entonó por primera vez el himno nacional en 1813. Mariquita Sánchez de Thompson participó en las discusiones de la época, expresando sus opiniones políticas,  económicas y culturales.

Por otra parte, se destacan miles de mujeres y niñas que se ocuparon de tareas esenciales para que el proceso revolucionario pudiera llevarse a cabo. Nos referimos a quienes se encargaron de la costura de los uniformes para las expediciones militares o el cruce de los Andes, quienes cocinaron para el ejército patriótico, donaron sus bienes para la causa revolucionaria, prestaron sus casas para reuniones clandestinas, curaron a les herides, y quienes, a veces en conjunto con todo lo anterior, enviaron a sus hijes a luchar.

Muchas de estas tareas a comienzos del siglo XIX eran incuestionablemente femeninas y, por lo tanto, estaban asociadas al ámbito doméstico. Si bien en muchos casos la historia oficial invisibilizó estas labores por considerarlas del ámbito reproductivo, las tareas de cuidado fueron centrales para el desarrollo del proceso revolucionario.

La Revolución no supuso el surgimiento repentino de la Xatria, pero sin duda fue un importante paso en la emancipación de los pueblos latinoamericanos. Tal vez la semana de mayo de este año sea el momento de ampliar la histórica frase de San Martín y recordar que “no hay Revolución sin revolucionaries”.

*Docente de Historia (UBA) e integrante de Mala Junta

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