Cultura

26 mayo, 2020

#PelículasZurdas que no vas a encontrar en Netflix: La confesión y Los traidores

Producciones de temática política y social, con su respectivo link para verlas online, de manera gratuita y en su idioma original.

Crédito: Iván Soler

Santiago Mayor

@SantiMayor_

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Las plataformas de streaming modificaron y siguen modificando la forma de consumir series y cine. Han llevado producciones de todo el mundo a hogares, lugares de trabajo e incluso -antes de la pandemia de coronavirus- el transporte público, permitiendo reproducirlas en prácticamente cualquier dispositivo.

Sin embargo, de la mano de esta democratización también se ha dado una homogeneización de los consumos. La oferta queda limitada a lo que empresas como Netflix, Amazon o Disney consideran rentable.

Es por eso que Notas ofrece la posibilidad de conocer y ver online de manera gratuita una serie de películas de temática política y social que no están hoy disponibles en las plataformas más populares.

La confesión (1970)

Dirigida por Costa-Gavras, se trata de una película inspirada en el libro homónimo y autobiográfico escrito por Artur London, ex funcionario del gobierno checoslovaco y condenado a prisión perpetua en el llamado Proceso de Praga de 1952.

London se unió de muy jóven a las Juventudes Comunistas, fue brigadista internacional en la Guerra Civil española e integró la Resistencia Francesa contra los nazis. Fue arrestado por los alemanes en 1942 y enviado a un campo de concentración en el cual sobrevivió hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Sin duda un currículum impecable para un militante que le valió el nombramiento de viceministro de Relaciones Exteriores del gobierno comunista de Checoslovaquia en 1949. 

Sin embargo, ese mismo año se dio el juicio clave contra Laszlo Rajk, ministro del Interior de Hungría, que fue acusado de traidor y condenado a muerte. 

El juicio copió la lógica de la «Gran Purga» soviética de la década de 1930. De hecho consejeros de la URSS estuvieron en Hungría para controlar el proceso. Tres años después hicieron lo propio en Checoslovaquia cuando London y otros 13 altos funcionarios fueron acusados.

Ese es el eje del filme que muestra durante más de una hora la tortura psicológica a la que someten a London para que confiese crímenes que nunca cometió. Pero él -y su esposa- creen que el Partido no falla: «Es mejor equivocarse en él, que errar afuera», sostienen.

En su lucidez, durante el proceso sigue creyendo que alguien cometió un error. Él o quienes lo juzgan. «¿Si me acusa de trotskista por que apela a mi disciplina comunista? ¿Y si soy un buen comunista por qué estoy aquí?», dice a uno de sus inquisidores.

De a ratos la película se puede volver un poco tediosa pero porque Costa-Gavras busca que les espectadores sufran la misma tortura que el protagonista. Lo hacen repetir su historia una y otra vez para que se confunda y lo acusan de trotskista, anarquista, titoista (por el mariscal Tito), burgués. Un momento que desnuda la irracionalidad de lo que está sucedieno es cuando uno de los burócratas le dice que la dialéctica es juzgar el pasado a la luz de las verdades actuales del Partido. Por eso sus vínculos con comunistas yugoslavos en 1937 se convierten en vínculos con titoístas, aún cuando en ese momento no existía tal concepto.

London fue liberado en 1956, tras la desestalinización de la URSS. Sin embargo, la película hace un salto hasta el momento en que escribe su libro, viviendo en Francia, y lo va a presentar a su país, en la primavera de 1968 cuando los tanques soviéticos invaden Praga.

La obra de Costa-Gavras es una crítica cruda al autoritarismo de los «socialismos reales». El propio London en la película analiza que esas «democracias populares» nacieron débiles porque no fueron producto de una revolución si no de la llegada del Ejército Rojo tras la derrota de los nazis.

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Los traidores (1973)

Dirigida por Raymundo Gleyzer, detenido-desaparecido el 27 de mayo de 1976, esta película es una obra imprescindible para comprender la década de 1970 en Argentina, a partir de uno de sus actores centrales: la burocracia sindical.

Esta obra -la única ficción de su director- está basada en un cuento de Víctor Proncet, La víctima, que narra un hecho real, el autosecuestro del dirigente sindical Andrés Framini. Sobre esa base el filme busca dar cuenta del proceso de burocratización que atravesaron militantes sindicales que, alguna vez, fueron otra cosa.

El protagonista es Roberto Barrera (interpretado por el propio Proncet), una mezcla de «traidores» como Augusto Timoteo Vandor, Lorenzo Miguel y el mismo Framini, aunque físicamente parecido a José Ignacio Rucci, entonces secretario general de la CGT. Al igual que muchos de esos dirigentes reales, Barrera supo ser un militante comprometido con los trabajadores. Activista de la Resistencia Peronista, fue ganando lugar en la estructura sindical hasta convertirse en un líder corrupto que eligió traicionar a su clase.

A la par se muestra el crecimiento de las organizaciones político-militares en Argentina y como se da la disputa entre el movimiento revolucionario y los elementos reaccionarios. Una radiografía de una época que profundizó esas tendencias los años siguientes.

Un dato interesante es que el productor fue William Susman, un estadounidense que combatió en las Brigadas Internacionales en España, durante la Segunda Guerra Mundial, contra las dictaduras chilenas y argentinas y en defensa de la Revolución Sandinista en Nicaragua.

Los traidores nunca se estrenó formalmente. Gleyzer, junto al grupo Cine de la Base, la realizó con el objetivo de hacer funciones en fábricas y barrios con el apoyo de organizaciones populares y el sindicalismo combativo. Incluso hasta se pensó en un formato fotonovela para difundir masivamente.

Película completa

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