El Mundo

20 mayo, 2020

“No hay un resurgir del movimiento negro, es el mismo que siempre estuvo”

El 19 de mayo se cumplieron 95 años del nacimiento de Malcolm X, uno de los líderes afroestadounidenses más importante del siglo XX. En esta entrevista, Valeria Carbone, docente de la cátedra de Historia de los Estados Unidos de la UBA, repasa su figura, su supuesta contraposición al pacifismo de Martin Luther King y la actualidad del movimiento negro.

Nicolás Zyssholtz

@likasisol

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El 19 de mayo de 1925, cuando Malcolm X nació con el apellido Little en Omaha, Nebraska, en las profundidades del Medio Oeste estadounidense, la legislación racista conocida como “leyes de Jim Crow” estaba en plena vigencia. Cuando fue asesinado, casi 40 años después, la lucha por la obtención de derechos civiles para los afroestadounidenses estaba en pleno desarrollo, con él como uno de sus máximos líderes.

Aún después de que la Ley de Derechos Civiles y la Ley de Derecho al Voto, en 1964 y 1965, legislaran la plena igualdad racial, e incluso después de que Barack Obama presidiera el país durante ocho años, los afroestadounidenses continúan sufriendo la falta de oportunidades, la violencia policial y el encarcelamiento masivo.

Valeria Carbone, doctora en Historia, docente de la cátedra de Historia de los Estados Unidos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios e Investigaciones de América Latina, asegura que el racismo es un tema central en la potencia norteamericana y que “estructura las relaciones sociales en todos los espacios”.

La historiadora, que publicó recientemente su libro Una historia del movimiento negro estadounidense en la era post derechos civiles (1968-1988), editado por la Universitat de Valencia, afirma que la violencia contra los afroestadounidenses nunca se redujo, pero que ciertos episodios “actúan como detonante”, como con los casos de violencia recientes que le dieron relevancia al movimiento Black Lives Matter.

La figura de Malcolm X, en otro momento condenada al ostracismo, retomó actualidad en Estados Unidos. ¿A qué se debe esa reivindicación?

Creo que lo que hay es una relectura del proceso histórico. En las décadas del ‘60 y del ‘70, cuando el movimiento por los derechos civiles tuvo su auge, se trató de construir una polarización entre un movimiento negro “bueno”, representado por la figura de Martin Luther King, detrás de la idea del pacifismo y de la no violencia, y uno “malo”, donde quedaba encuadrado Malcolm X, acercándose a la cuestión de la violencia o de la autodefensa, como lo planteaba él.

Ellos dos tenían retóricas diferentes en algunos aspectos, a pesar de que en el fondo buscaban exactamente lo mismo, pero la narrativa de los dos personajes quedó encerrada en eso, en la polarización de lo que era un movimiento negro aceptable y uno inaceptable.

Creo que hay una relectura de las figuras de muchos líderes de los ‘60 y los ‘70 porque también hay una relectura de Martin Luther King. Ahora se habla del “King radical”, de sus reivindicaciones contra la guerra de Vietnam, de sus críticas al capitalismo, que tiene que ver con una movida historiográfica que está teniendo más lugar en los medios y que trata de poner de manifiesto que no existía esa polarización.

¿A qué atribuís esa relectura?

Tiene que ver no solamente con la narrativa de los historiadores, sino con la de los medios de comunicación. Cuando tenés académicos que imponen una determinada narrativa por distintos motivos, que pueden ser ideológicos o políticos, esa narrativa se reproduce. Y la realidad es que en los últimos tiempos ha habido una relectura desde la academia de estas figuras, su pensamiento y el lugar que ocupaban en esa sociedad, que también está teniendo más lugar en los medios. Esa discusión dejó de estar solamente en los espacios académicos para salir a los espacios de divulgación.

En Estados Unidos ahora hay un Black History Month (mes de historia negra), que es en enero, donde los académicos empiezan a referirse a estos temas de otra manera y eso también tiene eco en la sociedad. También me parece que estas lecturas más actuales son bastante más cercanas a la realidad de la década del ‘60, cuando esa polarización tenía un objetivo y ahora no tanto.

El tema del racismo es central en Estados Unidos. Estructura las relaciones sociales en todos los espacios. Pero hay momentos en los cuales, por determinadas circunstancias sociohistóricas, adquiere una relevancia diferente, como el episodio de Rodney King (N. de la R.: un taxista afroamericano golpeado violentamente por policías de Los Angeles en 1991, en una agresión que fue grabada y desató graves disturbios en la ciudad). No es que ahora no se ejerce violencia contra los negros, se ejerce todos los días. Pero en ese momento en particular, ese episodio de violencia se “viralizó” en la televisión de la década del ‘90. No es que no sucede, sino que hay episodios que actúan como detonante, lo mismo en los 2000 y 2010, cuando el movimiento Black Lives Matter empezó a tener más relevancia.

Pero no hay un resurgir del movimiento negro, es el mismo movimiento que siempre estuvo, que con episodios particulares encuentra un detonante y obtiene más visibilidad.

En ese contexto, y teniendo en cuenta el ejemplo del movimiento Black Lives Matter, ¿dónde entra la figura de Barack Obama en la historia de los afroestadounidenses?

Es tremendamente complejo. ¿Qué es lo que la sociedad norteamericana entiende por movimiento negro y qué es lo que espera de sus líderes y referentes? La figura de Obama es central para la historia afroestadounidense porque es el primer presidente negro de la historia del país, entonces el impacto que tuvo eso en 2008, y en todo el proceso que llevó a su elección, fue su principal legado. El impacto cultural e ideológico de la figura de un presidente negro en la Casa Blanca.

Después hubo un debate en torno a qué significaba Obama para el movimiento negro. El hecho de que él no es un afroestadounidense de pura cepa (su madre es blanca y su padre es africano), y por lo tanto no tiene una tradición en la cual sus padres hayan participado activamente del movimiento en los ‘60, o es descendiente de esclavos que fueron traídos a los Estados Unidos encadenados. Lo que no significa que Obama no haya sufrido las consecuencias del racismo.

Se puso en ese momento sobre la mesa qué rol tenía que tener Obama para los negros como presidente. Que es un debate bastante complejo porque ¿para quién gobierna? ¿Debe gobernar para esta minoría o no? ¿El hecho de ser afroestadounidense hace que tenga que gobernar en términos raciales?

Si analizás la historia norteamericana, a cada período de avance para los afroestadounidenses vino una reacción conservadora. Después de la abolición de la esclavitud, se fortaleció el sistema de Jim Crow, que era como una esclavitud encubierta. Después del período de movilización de la década del ‘60, vino un “backlash” conservador y neoliberal que afectó principalmente a las minorías raciales. Se construyó lo que se denomina complejo industrial carcelario, con las cárceles norteamericanas llenas principalmente de afroestadounidenses y latinos.

Era casi cantado que después de la primera presidencia negra iban a venir una reacción, encarnada en la presidencia de Trump. Lo que estamos viendo es la historia norteamericana en su máxima expresión.

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